Mensaje del Santo Padre Francisco para la CUARESMA 2017

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2017

La Palabra es un don. El otro es un don

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

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Carta del Obispo: “Mis primeras propuestas a los jóvenes: Queridos jóvenes: ¡Abrid las puertas a Jesucristo!”

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Los jóvenes, decía un viejo y sabio profesor a cuyas clases asistí en Roma, sois “un valor problema”. Decía que sois un problema porque a los mayores les confunden vuestros criterios, vuestros comportamientos y hasta vuestra escala de valores. En muchos asuntos no solemos coincidir, y reconozco que menos mal, porque entonces no seríais jóvenes. Estas diferencias son las que os hacen aparecer para nosotros como un problema, especialmente cuando en la convivencia familiar, en el clima social o en el ámbito cultural este contraste se hace más evidente. Y hasta ahora no me he referido a criterios religiosos o a las opciones morales, pero es evidente que en ese campo nuestras diferencias también son notables, lo que no significa que lo vuestro no sea a veces más claro y más limpio que lo nuestro.

Por esas diferencias, sin embargo, no siempre significan un juicio negativo. En realidad, al decir que sois un valor problema prevalece sobre vosotros una visión positiva. Por eso, mi viejo profesor decía con mucha razón que la juventud es un valor. En realidad vosotros encarnáis valores que son imprescindibles para mirar al futuro de la sociedad con esperanza. No hay nadie que mire más limpiamente y con menos condiciones al porvenir que los jóvenes. En la juventud hay siempre un impulso por la profecía, esa que quizás nos falte a los que ya miramos con todos los condicionantes que le ha ido poniendo la experiencia a nuestros ojos del cuerpo y del alma.

Justamente, porque sois profecía, me permito proponeros que no descartéis a la Iglesia para construir vuestra vida y para mirar con un horizonte nuevo el futuro de la sociedad giennense. Sí, os he dicho la Iglesia, esa institución quizás no muy apreciada por vosotros y que es posible que os produzca cierta desconfianza. Y os lo digo porque la conozco en sus límites, pero también porque sé que es imprescindible para que a los jóvenes os llegue lo mejor que podéis encontrar en vuestra edad de búsqueda: la fe en Jesucristo. A Jesús no lo separo de la Iglesia porque es en ella donde se le conoce y donde se experimenta de verdad el encuentro personal con el Señor, ese encuentro que cambia y transforma la vida.

Aunque quizás os cueste llegar a descubrirlo, todo lo que habéis conocido de Jesús, todo lo que habéis vivido con él, todo lo que os ha ido quedando de su Palabra y de su amor en vuestro corazón lo habéis recibido en la Iglesia. Por eso os pido que confiéis en ella, aunque esté hecha de la misma carne que vosotros y sus defectos sean tan similares a los vuestros, al fin y al cabo vosotros sois la Iglesia. Pero también como vosotros, la Iglesia tiene en sí misma un misterio, el de la presencia de la vida misma de Dios, el de su amor y de su gracia, ese que os enriquece y os hace crecer hasta la medida de Cristo.

Os digo esto porque dentro de unos días una multitud de jóvenes del mundo van a reunirse en Cracovia con nuestro querido Papa Francisco. Durante esos días no seáis indiferentes ante ese acontecimiento que os va a tener como protagonistas a los jóvenes. Estad atentos a un mensaje que con toda seguridad se va a grabar en muchos: en un mundo herido y quizás muy bajo de ánimo, vosotros los jóvenes abrid vuestra vida al Señor y acoged su misericordia. Sólo así seréis misericordiosos como Dios vuestro Padre lo es y pondréis corazón ante los problemas de vuestro prójimo con obras de misericordia.

La JMJ de Cracovia ha de ser una excelente ocasión para volver a escuchar, en la casa del Papa de los jóvenes, San Juan Pablo II, unas maravillosas palabras suyas:¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Jesucristo! En efecto, no temáis a Jesucristo, con él no perdéis nada, lo ganáis todo: ganáis felicidad, fortaleza, alegría, sentido de la vida, futuro… Por eso, en esta primera carta que os escribo, queridos jóvenes giennenses, quiero deciros que Cristo cuenta con vosotros: él tiene para todos los hombres y mujeres del mundo un proyecto de vida bello, noble, verdadero; pero os necesita a vosotros para ofrecerlo, para proponerlo. Si os llama a cooperar con él, si tiene algo especial que pediros para vuestra vida joven, no dejéis de escucharlo, de seguirlo. Si necesitáis ayuda para descubrir qué os puede querer Jesús, contad conmigo y contad con vuestros amigos sacerdotes. Nosotros, desde nuestra experiencia, podemos contaros lo que Jesús nos pidió en nuestra juventud.

Con especial afecto.

+ Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Jaén


Homilía de la misa de la toma de posesión como Obispo de Jaén de Don Amadeo Rodríguez Magro

EL PERFUME DEL OBISPO

Vengo como apóstol de Jesucristo

1. Para esta primera homilía, en la que me presento como vuestro obispo y pastor, he querido entrar en la Palabra de Dios y buscar en ella inspiración para lo que me rondaba en la cabeza y el corazón que tenía que compartir con vosotros. Y la Palabra que hoy hemos escuchado juntos me ha llevado a encontrar algunos rasgos esenciales para mi ministerio episcopal en esta muy querida Diócesis del Santo Reino de Jaén, a la que vengo a ejercer el ministerio apostólico, como “apóstol de Jesucristo” (1 Cor 1,1; 2 Cor 1,1), para actuar en su nombre y con la impronta de su corazón.

Os pido a todos que, al escuchar mis palabras, os unáis este proyecto espiritual que voy a formular, tras meditarlo profundamente delante del Señor. Lo que deseo para mí me gustaría que fuera para vosotros y con vosotros. A mis queridos hermanos sacerdotes os pido que me escuchéis con la sintonía sacramental y ministerial que vamos a compartir; a los consagrados y consagradas os ruego que aceptéis mis palabras con el tono de profecía que os es propio; y a los fieles laicos, Pueblo Santo de Dios, os animo a acoger mi reflexión en lo que más os fortalezca como testigos del Evangelio en medio del mundo. Ante todo lo que propongo me siento débil, pero recoge la ilusión renovada con la que vengo a vosotros; está en sintonía también con lo que he ido aprendiendo, no sin dificultades y tropiezos, en los casi trece años como obispo de Plasencia, diócesis a la que tanto quiero.

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El perfume del apóstol

2. En esta homilía, que he preparado para que sea sencilla y catequética, voy a inspirarme en una bella imagen que hoy se suele utilizar para hablar del ministerio del obispo; hablaré del perfume del apóstol. Como esta imagen me ha parecido rica y acertada, me dispongo a compartir con vosotros las esencias o los olores que me gustaría ofrecer y percibir en mi paso pastoral por esta bendita tierra del “mar de olivos”, a la que la voluntad del Señor me ha enviado. Abriendo mi alma al Espíritu Santo, el gran perfumista de la misión de la Iglesia, he querido elegir algunos olores, de entre los muchos que hay en su infinita fragancia. Le pido al Santo Espíritu que estos olores base, que me ha mostrado como esenciales para mi ministerio, creen entre nosotros una empatía espiritual y pastoral.

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La unidad, olor de la Iglesia y del obispo
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CARTA PASTORAL: Bienvenido D. Amadeo

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Querido amigo:
1. Llegas a una Iglesia y a unas tierras generosas, que han pisado miles de generaciones de cristianos, desde los primeros siglos. Te encontrarás con personas trabajadoras y recias que saben mucho de paciencia y fidelidad, cristianos que viven con sencillez su vocación y saben sellar, inmersos en su larga historia de siglos, su fidelidad a Cristo y a su Evangelio, incluso con su sangre.
Cuando recorras este “mar de olivos” te encontrarás con sorpresas en cada rincón: una sencilla y, al mismo tiempo, profunda piedad popular. Sus raíces eucarísticas y marianas en cada comunidad parroquial. Es una Iglesia abierta a la universalidad como lo indica, de forma palpable, su generosa colaboración personal y material a favor del mundo de la misión, de la caridad, y del hambre en el mundo…

2. Nunca estarás solo. Encontrarás buenos sacerdotes que van por delante del rebaño, entregando su vida, como Jesucristo, a favor de su pueblo, iconos de misericordia. Personas consagradas, orantes a todas horas y por todos, llenas de la sed de Dios, servidoras de los más necesitados, educadoras de nuevas generaciones de cristianos. Matrimonios y familias, muchas, que viven el amor humano elevado a la dignidad de Sacramento, con vocación de santidad. Un laicado empeñado en ir construyendo la sociedad con valores evangélicos, con transformar el orden temporal conforme a la doctrina social de la Iglesia, en respetar y defender la creación, salvaguardar la naturaleza y cuidar la vida humana. Personas mayores que recorren el último tramo de su vida, preparándose serenamente a recibir el abrazo esperado y definitivo de Dios Padre, lleno de ternura y misericordia.

3. Aquí han trabajado muchos brazos antes que nosotros. Conozco tu entrega y sé que están aseguradas nuevas y fecundas sementeras. Es cierto, como se dice por aquí, que son “buena gente” y te esperan con los brazos abiertos para seguir sembrando.
Encontrarás una gran ilusión “por hacerse buenos cristianos” en miles de niños, adolescentes y jóvenes. Es tu fuerte y les llevarás muy lejos, asegurando en esta Iglesia una savia nueva de futuro. Ánimo, porque te esperan. Todos te esperamos.
Queda mucho por hacer y el momento es el que es. Se deja sentir la fuerza secularizadora, pero, lejos de llevarte al pesimismo, piensa en los viejos olivos, rejuvenecen con fuerza y rapidez con la poda. Aunque sean otras las apariencias, sus raíces son robustas y llenas de vida.

4. Seguimos pidiendo ante el Señor y a nuestra Madre del cielo tu presencia entre nosotros. D. Amadeo: le esperamos.
Con afecto en el Señor.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo Adm. Apostólico


CARTA PASTORAL: ADIÓS, AMIGOS

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Queridos fieles diocesanos:

1. ¡Qué bonita es la amistad! Hasta Jesús, a sus colaboradores muy cercanos, los Apóstoles, les llamó “amigos”. Y, por eso, con ellos compartió los más íntimos asuntos y les desveló los proyectos más trascendentales.
Adiós, amigos. Con vosotros he compartido en estos años, casi once, la tarea de acompañar a los cristianos de estas queridas tierras y convivir feliz con todos. He tenido tiempo para visitar todas las parroquias, colegios, asociaciones, residencias… juntos hemos orado y hemos planificado la acción pastoral, juntos hemos gozado de las fiestas y en tantas celebraciones, juntos hemos llorado, desde el corazón, las desgracias y la muerte de seres queridos.

2. El servidor del Evangelio sabe, desde el principio de su misión sin embargo, que no tiene lugar permanente. Siempre está dispuesto para acudir a dónde pueda hacer el bien. Su meta es desgranar sus días siguiendo la estela que le marque el Señor.
También sabe que llegará un momento en que las fuerzas no le van a acompañar. Que llega el tiempo de apartarse del trabajo e ir al descanso, o aceptar tareas más acordes con la edad avanzada.
No obstante, toda nuestra vida es del Señor. Como lámparas encendidas queremos arder e iluminar siempre. En un cierto momento de la historia, esta lámpara de contentará con dar luz en un pequeño rincón. Pero, siempre será luz para caminantes.

3. Mirando hacia atrás, ¡cuántas gracias debo dar al Señor! También por la compañía de quienes me ayudaron en circunstancias diversas, en los distintos momentos de mi paso por estas queridas tierras de Jaén. Sin esas ayudas, mi vida no hubiera sido nada, sólo una pequeña semilla con aspiraciones de crecer. Gracias por tantos que habéis colaborado conmigo, para que la semilla haya crecido.
Pienso en todo lo que pude hacer y no lo hice, o no lo hice bien. ¡Perdón!. Pienso, así mismo, en lo que logramos juntos desde el amor y el entusiasmo. Todo fue obra de muchos y la fuerza nos llegó del Señor. Gracias a todos.

4. Pido a Dios que mire con ojos misericordiosos de Padre a este caminante que deja el relevo, que recibió de D. Santiago, en manos de otro sucesor de los Apóstoles: D. Amadeo.
Dame tu abrazo de Padre y ayúdame a seguir viviendo al lado de tu Hijo Jesucristo, hasta el final del camino. Que la Santísima Virgen de la Cabeza y San Eufrasio me ayuden a leer y seguir siempre la voz del Espíritu Santo.

Con mi saludo, más agradecido que nunca, adiós.

14 de Mayo de 2016

+ Ramón del Hoyo López
Obispo Adm. Apostólico


Saludo del Obispo electo de Jaén, Amadeo Rodríguez Magro

Queridos diocesanos de Jaén:

1. “Gracia y Paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (1 Cor 1,3). En el nombre del Señor os saludo, me presento y comparto con vosotros mis  sentimientos en esta hora de mi vida. Desde que conocí la noticia de que Su Santidad el Papa Francisco me ha nombrado obispo de esa querida Diócesis de Jaén, no he dejado de darle gracias a Dios, aunque también me ha escuchado algún reproche, por el afecto que le tengo a mis diocesanos placentinos. Pero, aunque siento dejar la Diócesis de Plasencia, en la que he sido tan feliz, me vais a permitir que os diga que conservo muy fresca mi capacidad para ilusionarme y para ponerme enseguida a mirar con profundo cariño hacia los que, a partir de hoy, vais a ser mis diocesanos.

2. De momento os puedo decir que me gustan vuestras ciudades y vuestros pueblos, vuestros monumentos e instituciones, vuestras devociones y tradiciones. Me parece muy  bello el paisaje de Jaén y me siento especialmente a gusto entre olivos, porque es el color que mantengo en la retina desde mi infancia; nací y crecí a la vera de la olivarera Sierra de Alor, en el territorio de la casi binacional Olivenza, en la pequeña y entrañable aldea de San Jorge de Alor. A partir de ahora espero tener tiempo para que se grave profundamente en mi vida la tierra que contemplo como la definitiva en mi recorrido pastoral. Os puedo asegurar que no me es nada difícil querer el lugar al que soy enviado.

3. Pero sé que nada de lo que hasta ahora conozco de Jaén es suficiente; me falta el rostro y el corazón de cada uno de vosotros, de los hombres y mujeres de la tierra a la que iré para ser vuestro obispo. A todos deseo conoceros y a todos quiero serviros. Procuraré que mi servicio pastoral tenga la impronta del trato personal. Será sirviéndoos día a día como espero ser fiel a lo que ahora siento y deseo para mi ministerio episcopal, que no es otra cosa que estar a disposición de todos, dedicándome especialmente a los más heridos en sus vidas. Quiero ser un obispo para todos: pero si alguien me ha de acaparar han de ser los más sencillos, los más débiles y necesitados.

4. Soy consciente de que no estaré solo en mis empeños. Me consta que voy a una Iglesia que tiene un proyecto, que lleva en su camino un ritmo misionero y que lo hace todo en comunión corresponsable. Yo me sumaré a vuestra experiencia: al Obispo se le encomienda caminar con su grey con la responsabilidad apostólica que el Señor le encomienda. Así se lo he dicho al Papa Francisco, al que le he agradecido que haya pensado en mí para serviros a vosotros.

5. Espero hacer mi tarea con la misma entrega, ilusión, fuerza y acierto con que lo ha hecho mi querido hermano Mons. Don Ramón del Hoyo, el que hasta ahora ha sido vuestro Obispo y Pastor. Considero una verdadera gracia del Señor sustituirle en su servicio pastoral; estoy convencido de que me incorporaré a un camino bien allanado por su continuo, fiel y cercano recorrido por la geografía espiritual de esa Iglesia de Jaén. Querido Don Ramón, desde nuestra sólida amistad, le saludo con especial afecto, del mismo modo que saludo también a mi querido amigo y hermano Mons. Antonio Ceballos, obispo emérito de Cádiz y Ceuta. Y no quiero dejar de recordar a mis hermanos los obispos de Andalucía y de un modo especial a los de la Provincia Eclesiástica de Granada: al Señor Arzobispo de Granada y a los señores obispos de Almería, Málaga, Murcia, y Guadix.

6. Aunque por el tono en que me estoy dirigiendo a vosotros os pudiera parecer que no muestro ninguna inquietud o temor ante mi nuevo destino, nada más lejos de la realidad. Os confieso que, a pesar de mi experiencia de más de doce años en el ministerio episcopal, me siento débil y me encuentro con la incertidumbre de quien inicia una nueva andadura en su vida. Confío, sin embargo, en vosotros y en vuestra mucha capacidad para acoger y querer. Si me lo permitís, os pido dos cosas que, si me las concedéis, me ayudarán a ser pronto uno más entre vosotros. La primera es que me acojáis con cariño, al que espero responder enseguida, porque ya os lo tengo. También os pido que recéis mucho por mí, que en vuestras oración personal y comunitaria no dejéis de poner en el corazón de Dios a vuestro nuevo obispo Amadeo. La sintonía de la oración será la que más verdad y hondura le ponga a la unidad que tiene que haber entre el obispo y el pueblo con el que camina como cristiano y pastor.

7. Por mi parte, os ofrezco mi vida y me pongo a disposición de cuantos sois la Iglesia del Señor en Jaén. Haré cuanto pueda por acompañaros a todos. A los sacerdotes os manifiesto mi especial afecto. Desde ahora ya os digo que llevo el propósito de dedicaros lo mejor de mi mismo. Sin la comunión con mi presbiterio, mi ministerio episcopal no tendría la proyección misionera que la Iglesia “en salida” a la que quiero servir le puede dar. Con los diáconos compartiré cercanía y, sobre todo, el testimonio de vuestro servicio. Necesito la gracia y la fuerza de los carismas con que enriquece la vida consagrada a la Iglesia diocesana. Los considero imprescindibles para nuestra comunión eclesial y para nuestra vida pastoral; valoro la  riqueza de vuestros servicios en la Iglesia y en la sociedad. Cuento muy especialmente con nuestras comunidades contemplativas, en los veinte monasterios que le ofrecen su plegaria constante al Señor en nuestra diócesis. Necesito la riqueza de los movimientos y otras instituciones para llegar a personas, situaciones y ambientes en una renovada pastoral evangelizadora.

8. Considero imprescindible la madurez cristiana y apostólica de nuestras comunidades parroquiales, en las que se asienta nuestra vida cristiana y nuestra pertenencia a la Iglesia. Es en ellas en las que nacen, crecen y viven en la fe nuestros adultos, jóvenes y niños. En ellas estáis las familias, los enfermos, los pobres, los parados, los que no tienen hogar, los inmigrantes… Las parroquias son la Iglesia de proximidad que acoge y pone misericordia a cuantos sufren en su cuerpo y en su alma. Por eso saludo a los Consejos parroquiales de pastoral, que representan a todos cuantos sirven en cualquiera de las acciones que la Iglesia ofrece en su tarea misionera: a los catequistas, a los animadores de la liturgia, a los grupos de formación y oración, a los voluntarios de Cáritas, a los animadores de la acción evangelizadora, visitadores de enfermos, a las Hermandades y Cofradías y a cuantos cuidan la piedad popular etc. A todos, sea cual sea vuestro servicio en las comunidades, os quiero enviar mi afectuoso saludo.

9. Voy a Jaén como obispo de cuantos se sienten miembros de la Iglesia Católica, pero me ofrezco a todos sea cual sea vuestra relación con Jesucristo y con la Iglesia. Siempre encontraréis en mí un interlocutor cercano. No le quiero poner ningún límite a mi servicio y mi entrega. Voy también a vivir con vosotros como un ciudadano que se quiere integrar cuanto antes en la cultura y el ambiente social que fluye entre los andaluces de Jaén. Os prometo que este obispo, que ha procurado ser un buen extremeño, hará todo lo que de él dependa para ser cuanto antes un buen andaluz y un buen jiennense.
10. Saludo con respeto y deferencia a las autoridades regionales y locales, a las instituciones políticas, judiciales, académicas, militares y sindicales, así como a las asociaciones que enriquecen la sociedad jiennense. Dirijo mi saludo a los diversos Medios de Comunicación de Andalucía y, en especial, a los de Jaén.

11. No me olvido de aquellos que, desde el primer día, van a colaborar conmigo en el servicio pastoral de la Diócesis: el Señor Vicario General, el Vicario Judicial, el Cabildo de las Catedrales de Jaén y Baeza, los consejos, vicarías, delegaciones, secretariados, personal de Curia, etc. Y ahora me dirijo con especial cariño al Seminario. Si os he dejado para este momento de mi carta, es porque tras haberme dirigido a todos los diocesanos en sus comunidades e instituciones, desde vosotros, corazón de la diócesis, procuraré proyectar todo mi afecto a la Iglesia diocesana de Jaén. Con vosotros miraré siempre al futuro y espero que la familia del seminario crezca con muchos jóvenes que se ilusionen con servir a la fe de sus hermanos en un mundo que necesita jóvenes apasionados con Cristo y dispuestos a acompañar con pasión a la gente en sus heridas y en sus esperanzas.

12. Me pongo bajo la protección de la Santísima Virgen de la Cabeza, de San Eufrasio y de todos los santos y santas que nacieron o vivieron en la Iglesia que camina en Jaén. Espero conoceros pronto a todos, para compartir ilusiones, esperanzas, proyectos y, si llegan, también penas y problemas. Esperadme también vosotros y acompañadme con la oración. Quiero llegar a Jaén como peregrino y entrar por la Puerta Santa de la Misericordia, besar el Santo Rostro y pedirle humildemente que se grabe profundamente en mí, para que yo os vea siempre a todos en el rostro de Cristo con un corazón misericordioso como el del Padre. Un saludo y un abrazo para todos.

+Amadeo Rodríguez Magro

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Carta Pastoral: Bienvenido a esta Iglesia de Jaén

Queridos fieles diocesanos:

  1. Puedo ya comunicar que D. Amadeo RODRÍGUEZ MAGRO, actual Obispo de la Diócesis de Plasencia, ha sido designado como mi sucesor. Un nuevo Obispo para esta Iglesia milenaria de Jaén.

Quiero agradecer al Santo Padre la aceptación de la renuncia a esta diócesis, que presenté el pasado mes de septiembre de 2015, al cumplir los 75 años. Así lo determina la legislación canónica de la Iglesia. Agradezco también a Su Santidad haya querido que sea el Administrador Apostólico de la Diócesis, hasta que D. Amadeo tome posesión, en principio fijada para el día 28 del próximo mes de mayo.

2. Se trata para mí de un momento esperado, de una página que se cierra para abrirse otra nueva en mi vida. Como siempre, lo pongo todo en las manos del Señor, y quiero darle gracias por los años que me ha permitido ser Pastor “en su Nombre” de esta querida diócesis, a la que he servido desde el primer día y lo haré hasta el último momento. Nada me he guardado para mí. Ha sido todo para sus fieles. Desde mi oración continuaré sirviéndola mientras lo permitan mis fuerzas.

Debo también dar gracias a todos los giennenses, tanto de la ciudad como de la provincia y fuera de ella: A los sacerdotes, sin cuya ayuda callada y constante, no hubiera podido desarrollar mis tareas de obispo; a los religiosos, religiosas y consagrados, con quienes he compartido muchas horas y conozco su eficacia en las tareas a favor de la evangelización y su apoyo; a todos los demás fieles, colaboradores en la sementera y afianzamiento del Evangelio en estas tierras, desde las familias, catequesis, enseñanza, cofradías, asociaciones, medios de comunicación y demás grupos cristianos y personas particulares en sus parroquias. Gracias de corazón a todos: autoridades, instituciones, a todo el mundo.

En este año jubilar extraordinario de la misericordia pido tengan también misericordia para conmigo. Espero que mis fallos y limitaciones, propias de todo ser humano, no me los tengan en cuenta. Sepan que han sido fruto sólo de mis deficiencias humanas. Por mi parte nada tengo en absoluto contra nadie, todo lo contrario. Rezaré por todos. Puedo asegurárselo.

3. Finalmente, y es lo más importante de mi carta: quisiera pedir el favor a todos, de forma especial a cada uno de los sacerdotes, que reciban a don Amadeo con los brazos abiertos, como solemos decir.

Miremos en él a un sucesor del Colegio de los Apóstoles, que viene a estas tierras, generosas y recias, a entregar su vida, sin reserva de ninguna clase. Estoy seguro de ello, pues le conozco muy bien. Su experiencia de Pastor, su preparación y su talento lo descubrirán muy pronto. Pueden ya alegrarse por ello. Su perfil es de un hombre de Dios, sencillo, piadoso y muy cordial. Su especialidad es la catequesis y su espíritu misionero y andariego.

Desde este momento les pido que él sea ya el protagonista en esta Iglesia, llevado de la mano del Señor.Preparemos con ilusión su llegada para que se encuentre bien, desde el primer instante, como me sentí yo, desde aquel día caluroso de un dos de julio del año 2005.

A la Santísima Virgen de la Cabeza, a San Eufrasio, mártires y santos de la Iglesia de Jaén encomendamos su ministerio episcopal, para que sea fecundo en frutos de misericordia y evangelización.

¡El Señor ha resucitado! ¡Vivamos  la esperanza!

Jaén, 9 de abril de 2016

+ Ramón del Hoyo López

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Carta Pastoral: “Hay mucha vida en cada vida”

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Queridos fieles diocesanos:
     1. El día 25 de este mes de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, celebramos las Diócesis de España la Jornada Pro-Vida, bajo el lema del título de esta carta.
     Ciertamente la vida no es algo ocasional. Cada niño o niña que nace nos trae la sonrisa de Dios y reconocemos a esa nueva vida como “don suyo”, don que hemos de acoger siempre con amor y cuidar hasta su último instante, independientemente de cualquier circunstancia o condición.
     Si no se tiene a Dios, como dijo Nietzsche la gran luz se ha apagado y se considera la vida como algo ocasional, hasta puede convertirse en un objeto de explotación o comercio o como medio para obtener una felicidad inmediata, una pieza más de la evolución y nada más. Sin embargo, cada vida es una bendición de Dios.

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Visita Pastoral: encuentro con los grupos juveniles KAIRÓS & YOUCAT

Durante los días 7, 8 y 9 de enero ha tenido lugar la visita pastoral de nuestro Obispo Ramón a la parroquia de San Ildefonso.

Se ha reunido con el Consejo Pastoral, los ministros extraordinarios de la comunión, los visitadores de enfermos, cofradías, religiosas, niños de catequesis, padres, catequistas, pastoral familiar, adolescentes de confirmación, Cáritas, confirmación de adultos y ha terminado su visita a la parroquia reuniéndose con los adolescentes del grupo KAIRÓS y con los jóvenes del grupo YOUCAT.

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Visita Pastoral: encuentros y diálogos

CONSEJO PASTORAL

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Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, a nuestros corazones, y cólmalos con tus gracias.

Enséñanos lo que debemos hacer, muéstranos lo que debemos pensar, muéstranos cómo debemos actuar.

Tú que amas la verdad por encima de todo, no permitas que destruyamos

lo que has dispuesto.

Que la ignorancia no nos lleve al error, que la ligereza no nos seduzca,

y que no nos perdamos en falsas

y vanas consideraciones.

Permítenos que seamos fieles a ti

y que no nos apartemos de la verdad.

 

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Diálogo

La realidad y tarea del CPP y del CPAE aparece en pag. 31y 33 …
Actas de las reuniones y acuerdos.
Palabras del Obispo y dialogo

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Oración por la iglesia

Señor, concédenos penetrar el abismo de tu bondad;

te suplicamos que tu pueblo santo, tu Iglesia,

se vea colmada de los dones de tu Espíritu Santo.

Así seremos testigos de un mundo nuevo.

Amén

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Visita Pastoral: nuestro Obispo

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Muy queridos amigos:

Con la Visita Pastoral, que muy pronto comenzaré en esa querida Comunidad parroquial, pretendo, ante todo, rezar juntos ante el Señor y nuestra Madre la Virgen, conoceros personalmente, y animaros en vuestra fe de cristianos. Tendré la oportunidad de agradecer vuestras oraciones y apoyo, conocer vuestra Parroquia, vuestras casas, vuestras calles, vuestros campos y saber cómo soy yo.

Es verdad que al frente de cada Parroquia hay un sacerdote, representante del Obispo, pero es mi deber visitar a las numerosas Comunidades y grupos de cristianos de la Iglesia de Jaén, que Dios me ha confiado, como Pastor.

Mi interés primordial será, ante todo, estimularos a seguir de cerca a Jesús y a su Evangelio. Al sacerdote, mi colaborador más inmediato y cercano, quiero mostrarle mi especial afecto y agradecimiento por su entrega, y confirmar su abnegada labor entre vosotros. A los religiosos y religiosas, si les hubiere, les llevaré también el agradecimiento más profundo de la Diócesis y mío propio, por enriquecernos a todos con sus carismas. A los seglares, que colaboran en tantas y tan diversas actividades parroquiales, animarles, para que sean luz y levadura en las familias y ambientes más diversos de la vida social. Soy muy consciente de que en sus manos está fundamentalmente la transmisión del Evangelio, a las nuevas generaciones en el día de hoy. Gracias a todos.

Hago mías las palabras que podemos leer en un Documento sobre el ministerio episcopal: “la Visita Pastoral le ofrece al Obispo la feliz oportunidad de alabar, estimular, consolar a los obreros del Evangelio y de darse cuenta personalmente de las dificultades de la evangelización y del apostolado” (Ecclesiae imago, 166).

Ruego a Jesucristo Buen Pastor y pido que también os unáis a esta mi oración, para encontrar la palabra de aliento que cada uno necesite: sacerdotes, consagrados, catequistas, padres de familia, cofradías, maestros y profesores, responsables de liturgia y de cáritas, niños y jóvenes de catequesis, grupos y toda clase de asociaciones, autoridades, iniciativas empresariales, sociales y culturales… pero, sobre todo, serán para los niños, personas mayores y enfermas, mis oraciones y afecto más cordial en el Señor.

Sé que la geografía de Jaén es muy extensa y pido salud al Señor para llegar hasta el último rincón donde me espere una sola familia. Se llama “visita” porque me desplazo para encontrarme con alguien que me espera, sean muchos o pocos. Es lo mismo. Como le decía San Pablo, dirigiéndose a Bernabé: “Debemos volver a todos los pueblos y ciudades … para visitar a los hermanos y ver cómo les va” (Hch 15,36).

Os espero con ilusión. Hasta pronto. Con todo afecto en el Señor.

Jaén, 16 de Diciembre de 2014

Ramón del Hoyo López Obispo de Jaén


¡Hoy comienza la VISITA PASTORAL en la parroquia de San Ildefonso!

San Ildefonso logoORACIÓN POR LA VISITA PASTORAL

Dios, Padre Santo,

que nos enviaste a tu Hijo Jesucristo

para hacer de todas las naciones

un pueblo nuevo, tu Iglesia,

y nos regalaste tu Espíritu para llenarnos de sus dones,

tu Hijo eligió a unos para que estuvieran con Él

y para que continuarán su misión.

Estos Apóstoles eligieron unos sucesores suyos,

los Obispos,

para que tu Iglesia sea

una, santa, católica y apostólica.

Te damos gracias por la visita de nuestro Obispo Ramón

a esta comunidad de San Ildefonso

y te pedimos que los días 7,8 y 9

sean días de gracias y santidad.

Amén.

HoyoLopezRamonDon Ramón del Hoyo López, Obispo de la Diócesis de Jaén

 


Carta Pastoral: Valor de toda vida humana

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Queridos fieles diocesanos:
     1. Los cristianos debemos testimoniar en toda ocasión que el respeto a la vida es la primera justicia en el ser humano. Para quienes tenemos el don de la fe, esto se convierte en un imperativo inderogable. Estamos llamados, en todo tiempo y lugar, a ser “profetas” de esta verdad, que jamás podemos permitir que se elimine o manipule.
     El nacimiento de un niño o de una niña, sean cuales sean sus circunstancias, es un verdadero don de Dios, una bendición del cielo. Todo ser humano, por pequeño e indefenso que sea, es un ser creado “a imagen y semejanza de Dios” (Gen 1, 27). Tiene derecho a vivir. La muerte no puede prevalecer sobre la vida. La convicción de la recta razón, y la certeza en la fe de que la vida del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, pertenece a Dios y no a los hombres, le confiere un carácter sagrado y esa dignidad personal que suscita un profundo respeto, para no poder disponer nadie de ella, sino apoyarla y tutelarla.
     2. Durante este fin de semana se han organizado diversos actos por numerosos colectivos de ciudadanos que levantarán su voz en Madrid y en otras ciudades de España a favor de la vida humana. Somos no pocos los que nos unimos a esa voz con el fin de exaltar el amor generoso y creativo entre el varón y la mujer, y a estrechar nuestras manos para dar respuestas generosas y concretas a cuantos necesiten de nuestro apoyo para promover y defender la vida como don de Dios que es.
     La raíz última de todos los ataques a la vida humana es la pérdida de Dios. Cuando Este desaparece, también lo hace la dignidad de la vida humana. Su sacralidad intocable se revela e ilumina a la luz de la creación del hombre y la mujer a imagen y semejanza de Dios. Sólo en Él aparece el fundamento metafísico de su dignidad humana, y el valor de una vida débil, en personas disminuidas y no productivas, o de los enfermos sin esperanza de cura.
     3. Leamos con atención las palabras que aparecen sobre esta verdad en la Exhortación Apostólica del Papa Francisco “Evangelii gaudium” donde afirma con máxima claridad que, entre los débiles que la Iglesia quiere cuidar con predilección, “están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo” (n. 213).
     No se trata, sostiene el Papa asimismo, de una postura ideológica, oscurantista y conservadora, sino que está íntimamente ligada a la defensa de cualquier ser humano, siempre sagrado e inviolable en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Que nadie espere, añade “que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión, pues no es un asunto sujeto a supuestas reformas o modernizaciones” (Cf. Eg 213 y 214).
     4. Hemos de comprender, sin embargo, y acoger con inmensa misericordia a quienes han pasado por situaciones de tanto dolor y soledad.
     El mismo Pontífice comenta, en ese Documento, que: “es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones tan duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas han surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza” (EG 214)
     En nuestra Diócesis de Jaén se inauguró el curso pasado el Proyecto “Raquel” para responder a estas situaciones; durante este año se ha inaugurado otro lugar de acogida “Casa Besana”, dependiendo de Cáritas Diocesana, y son igualmente conocidas las instituciones que ya venían desde años atrás prestando estos servicios como el “Centro de Orientación Familiar (C.O.F.)”,  la “Casa de Acogida Santa Mª Rosa Molás” de las Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación en Linares,“Redmadre” y la “Plataforma de Ayuda a la Mujer Embaraza” creada en 2010 [1].
     Es tarea de todos dar respuestas concretas a tales situaciones, y, como cristianos, ser coherentes con la verdad en la defensa de la vida e quienes la tutelan desde los poderes públicos.
Con mi bendición y afecto en el Señor.
+ Ramón del Hoyo López
      Obispo de Jaén
[1] Para cualquier consulta o información en esta materia no duden en dirigirse a estas direcciones:
C.O.F., C/ San Clemente, 1 – 3º F, 23001 Jaén. Tfno.: 953.235.223
PROYECTO RAQUEL, C/ San Clemente, 1 – 3º F, 23001 Jaén. Tfno.: 639 854 330
REDMADRE, Tfno.: 902.188.989 / 608.195.063
PLATAFORMA DE AYUDA A LA MUJER EMBARAZADA, Tfno. 659.516.354

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