A FONDO: El amor no se irrita y no lleva cuentas del mal


EL AMOR NO SE IRRITA Y NO LLEVA CUENTAS DEL MAL

“No te digo siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,22)

Hecho de vida

Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno de ellos pegó al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena. “Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra “Hoy, mi mejor amigo me salvo la vida”.

Intrigado, el amigo preguntó. ¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra? Sonriendo, el otro amigo respondió:
Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Exposición doctrinal

“Pedro le pregunto: si mi hermano me ofende ¿cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesto: no solo siente, si no setenta veces siete “ (Mt 18, 21-22). El apóstol Pedro parece decirnos, al hacerle la pregunta a Jesús, que es una actitud generosa de parte del que perdona y que ante la pregunta de cuanta veces tenemos que perdonar bastaría con mostrar generosidad dos o tres veces, o siete, que ya son muchas, como dice Pedro. Jesús responde con la parábola   del rey que decide ajustar cuenta con sus criados que nos enseña que lo importante es aprender a perdonar de corazón.

Y ¿ qué es perdonar de corazón?  Y, sobre todo ¿cómo se aprende? No es simplemente el acto de voluntad de decir “yo voy a perdonar, yo estoy dispuesto a perdonar”, porque muchas veces nos resistimos a dar el perdón, sobre todo cuando no vemos el arrepentimiento de la otra persona y vemos que se ha cometido una grave injusticia. ¿Cómo entender el perdón del corazón? Jesús nos dice que hay un sentimiento al que llamamos compasión, un sentimiento que se genera en nuestro interior, un “movimiento de extrañas”, llamado así varias veces en el Antiguo Testamento, a ese movimiento interior se llama misericordia. Tener compasión, por lo tanto, es actuar con misericordia. Ese movimiento que se da casi espontáneamente, sobre todo antes la necesidades que vemos en el prójimo, en el necesitado, pero que no genera ante la ofensa que yo he recibido. Antes esto, más que generarse la misericordia , se genera el rencor y el odio, el deseo de venganza, la ilusión del reconocimiento que se me ha ofendido y que se me pide una disculpa, el movimiento de misericordia pareciera que va más con detectar las necesidades que descubro en el prójimo.

Sin embargo Jesús nos dices que hay que aprender a perdonar, que hay que generar este perdón de corazón antes estos sentimiento muy normales, que nuestra dignidad y soberbia hacen que surjan al recibir una ofensa ¿Cómo entonces aprendemos a perdonar de corazón? Porque, perdonar no va contra lo que es la verdad y la justicia.

Perdonar de corazón es aprender a actuar según el estilo cristiano. En el libro del génesis, el primero de la Biblia, se dice que nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, por tanto, hay que aprender a ser como Dios, a eso estamos llamados… Por eso es muy importante desechar los malos pensamiento y los malos deseos , sobre todo del odio y de rencor, como dejar que se queden los sentimientos que nos causa la lectura del Evangelio, la palabra de Dios. Esta es una manera de aprende a perdonar de corazón, hace que los sentimientos de Jesucristo se vaya anidando en nuestro corazón.

La segunda forma de la oración, tenemos que entrar en la relación con Dios, aprende a dirigirnos a Él y hacerlo con frecuencia. Así como buscamos a una amigo porque lo necesitamos, porque nos hace bien, tenemos que buscar a Dios en la oración y, sobre todo, en la Eucaristía. Porque vamos a ir descubriendo que perdonar no es simplemente un acto de generosidad de nuestra parte ante quien no ofende, perdonar es sobre todo descubrimiento libre, no esclavos de rencor… Una vez que vayamos adquiriendo esa libertad con el perdón, ahora sí, afianzaremos nuestro camino para aprender el amor. Solamente ese perdón de corazón aprende a amar, porque miramos más allá de las acciones del otro, del que nos ofende, vemos el interior como lo hace Dios Padre, aprendemos a ser como Dios, desarrollamos nuestra imagen y semejanza, nos vamos haciendo santos. Jesús nos enseña que el que no perdona de corazón no tendrá parte en el reino de los Cielos, porque el Reino es participar de la vida de Dios, y si no aprendemos esa vida y la hacemos nuestra ¿cómo esperamos estar en el cielo? Ése es nuestro camino. Ése es nuestro destino, ser del Señor, y el camino es aprender a perdonar de corazón.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXION

  1. ¿Cuál es nuestro primer impulso ante una ofensa o injusticia que sufrimos o vemos?
  2. Quizás nos consideremos merecedores del perdón de los otros, pero ¿hasta cuantas veces estamos dispuestos a ser ofensivos por lo demás?
  3. Recordemos que Dios siempre perdona nuestro pecados, aunque caigamos en los mismo una y otra vez ¿Y nosotros?

COMPROMISO

La paz que se requiere para no irritarnos y ser compasivos, cuando seamos ofendidos, sólo podemos obtenerla de Dios. Propongámonos, al principio o final de cada día, dedicar cinco minutos a abandonar en la manos misericordiosa del Padre esas ofensas hemos sufrido.

TEXTO EVANGÉLICO COMPLETO (Mt18, 21-35)

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: “Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: “Paga lo que debes.” Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.” Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: “Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.

ORACIÓN

Padre bueno y misericordioso digno de alabanza y adoración; hoy te
doy gracias por tu amor tierno y compasivo porque perdonas faltas y

las apartas de tu vista sin que ellas disminuyan tu amor por mí.

Hoy quiero suplicarte una gracia especial, concédele a mi corazón el
poder comprender la debilidad de mis hermanos, el entender que
aquellos que me han herido tal vez también estaban heridos que no
podían dar lo que no tenían, por inmadurez o ignorancia. Dame, mi
Dios, un corazón tolerante, comprensivo y misericordioso como el tuyo.

Señor, dame las gracias de amor con tu corazón