CINE FÓRUM – “Un Dios prohibido”


El 8 de Noviembre, tuvimos nuestro primer cinefórum del curso Youcat. Vimos la película de “Un Dios Prohibido” y estuvimos trabajando un material que aunamos de diferentes fuentes.

Al terminar la proyección mantuvimos un animado dialogo, sobre los que nos había aportado, opiniones de lo más variadas pero siempre enriquecedoras y animadas. Gracias a los asistentes, sobre todo a las personas de la parroquia que nos acompañaron. Desde nuestro grupo animamos a su visualización, ya que a pesar de ser larga nos gusto bastante.

http://www.martiresdebarbastro.org/barbastro-joven/aceptas-la-donacion.html

 Un Dios Prohibido

TÍTULO: Un Dios prohibido

AÑO: 2013

PAÍS: España

DIRECTOR: Pablo Moreno

GUIÓN: Juanjo Díaz Polo

FOTOGRAFÍA: Rubén D. Ortega

MONTAJE: María Espacia

REPARTO:   Iñigo Etayo, Jerónimo Salas, Alex Larumbe, Luis Segui, Eneko Capapay, Gabriel González, Ricardo del Cano, Isaac Israel, Guido Agustín Balzaretti, Javier Suárez, Julio Alonso,  Juan Lombardero, José María Rueda, César Diéguez, Daniel Gómez, Jorge Ferrer, Rodrigo Saiz, Teseo Martín, Santiago Blanco, Gabriel Latorre, Jesús Guzmán, José Carlos Cañas, Mauro Muñiz, Elena Furiase, Ainhoa Aldanondo, Raúl Escudero, Jacobo Muñoz, Juan Alberto López, Alex Tormo, José García Carrasco, Miguel Ángel Morenza, Juanjo Díaz Polo, Chema Coloma, Jordi Estupiña, Gonzalo Mérida, Juan Rueda, Emma Caballero, María Jesús Pereiro, Rodrigo Poison.

PRODUCTOR EJECUTIVO: Pablo Moreno. Contracorriente Producciones

PRODUCTOR ASOCIADO: Misioneros Claretianos

GÉNERO: Drama

DURACIÓN: 133 minutos.

Calificación por edades: Mayores de 12 años.

 

Contexto histórico:

Ni la Monarquía, ni la Dictadura de Primo de Rivera ni la República resolvieron el agudo problema social que padecía la clase trabajadora en España. El estamento mayoritario de la población lo componían los obreros de las fábricas y los jornaleros del campo, que vivían a expensas del patrón que quisiera contratarlos cada día.

La implantación de la República suscitó grandes esperanzas entre la gente más desesperanzada. Los dirigentes republicanos, por su parte, se perdieron en guerras ideológicas innecesarias, y olvidaron emprender las reformas sociales, que era lo que urgía y la gente esperaba. No es de extrañar, por tanto, que la mayoría de estas personas que se sintieron defraudadas por la República, volvieran sus ojos hacia el movimiento anarquista.

MILICIA

Escribe Campo Villegas que: «La república del 31, después de una exaltación de reivindicaciones atropelladas, ya no les decía nada, porque ellos, los ácratas nada esperaban de las reformas “azañistas”, ni de los socialistas y republicanos de corbata, y se preparaban, broncos, para su “revolución”, para el utópico “comunismo libertario” para la “autogestión”. El anarquismo barbastrense extendía sus ramificaciones por todos los pueblos de la comarca, y se había infiltrado en sectores estratégico, como el Ejército.

Para los anarquistas, la religión pertenecía a una de esas antiguallas que, junto con la Monarquía y el Estado burgués, debían ser segadas de raíz. El anticlericalismo español estaba profundamente enraizado entre la gente de los partidos de izquierda, quienes se encargaban de alimentarlo a través de la prensa y en sus locales de reunión.

Aún estaba presente el recuerdo de la Semana Trágica de Barcelona (última semana del mes de julio de 1909), que constituyó un salto cualitativo en el crecimiento y configuración del anticlericalismo español. Se aprovechó la guerra de Marruecos para dirigir las iras revolucionarias con las iglesias y los frailes.

La Segunda República se inició con la “quema de conventos” (11 de mayo de 1931). Progresivamente se fueron aprobando en el Parlamento decretos que iban directamente contra los valores defendidos por los católicos. La culminación de este proceso fue la aprobación de la Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas (2 de junio de 1933), en la que aparecen éstas como unas instituciones peligrosas para la seguridad del Estado.

Durante los dos años que estuvieron en el poder los partidos de derecha, no consiguieron rectificar el rumbo revolucionario que había tomado la República. Por su parte, los dirigentes de la izquierda, creyendo que peligraba la implantación del ideario revolucionario, intensificaron el anticlericalismo, presentando a la Iglesia como aliada del fascismo.

La revolución de Asturias (6 de octubre de 1934) alcanzó un elevado grado de violencia anticlerical, tanto en el Principado como en Cataluña. Fueron 33 los religiosos y sacerdotes ejecutados durante las jornadas revolucionarias de Asturias. Definitivamente, la idea revolucionaria estaba ligada a la desaparición de la Iglesia. Esto obligó a los católicos a organizarse para defender sus vidas y sus valores religiosos y patrióticos.

El día 7 de enero de 1936 quedaron disueltas las Cortes y se convocaron nuevas elecciones, las cuales tuvieron lugar el día 16 de febrero de ese año. Obtuvo la mayoría el Frente Popular, formado por una coalición de partidos de izquierda. La euforia que les causó la victoria se tradujo en huelgas, alteraciones del orden público, incendios y provocaciones de todo tipo. Se creó un clima de terror en el que la Iglesia fue el objetivo principal.

Así se llegó al 18 de julio de 1936. Bastó que un grupo de militares se sublevasen contra el Gobierno de la República, para que todo el odio contra la Iglesia, alimentado por los partidos de izquierda, explosionase de la manera más inhumana que recuerda la historia, provocando un verdadero “clericidio”.

¿Qué es ser Martir?

Mártir (del griego martyria = testimonio): Un mártir cristiano es una persona que está dispuesta a sufrir violencia e incluso dejarse matar por Cristo, que es la verdad, o por una decisión de concien­cia que procede de la fe. Esto es justamente lo contrario a lo que hacen los terroristas suicidas islamistas. Usan la violencia contra otros y contra sí mismos a causa de convicciones de fe desviadas y por ello son admirados por los isla mistas como «mártires» (Youcat pág. 248)

Martires de Barbastros

Los mártires no nos enseñan primordialmente a morir, sino a vivir. Pero no de cualquier manera, sino de manera más seria, responsable y radical, según el Evangelio. Su memoria es siempre peligrosa y oportuna. Peligrosa porque pone en crisis nuestro estilo de vida y de formar.

Oportuna porque reencienden el fervor vocacional y enardecen los ánimos para secundar los compromisos iniciados.

Sinopsis

Verano de 1936, inicios de la Guerra Civil española. La película narra el martirio de 51 miembros de la  Comunidad Claretiana de Barbastro (Huesca), deteniéndose en el aspecto humano y religioso de las personas que participaron en este hecho histórico y resaltando la dimensión universal del triunfo del amor sobre la muerte.

La historia que narra la película

Agosto 1936, inicio de la Guerra Civil española. 51 miembros de la Comunidad Claretiana de Barbastro (Huesca) son martirizados, mueren por su fe. La película narra las últimas semanas de su vida, desde que son retenidos hasta que finalmente son fusilados. Durante ese tiempo, realizan diversos escritos donde hablan de su situación, de sus compañeros de cautiverio, de la gente que los vio. Estos escritos han sido el testimonio básico utilizado para narrar en versión cinematográfica este hecho real.

Esta localidad oscense, de unos 8000 habitantes en aquella época, se convierte en un punto estratégico desde la perspectiva militar, debido a la existencia de cuarteles y de un comité revolucionario de la CNT perfectamente organizado. El representante militar estaba encarnado en la persona del Coronel José Villalba (Juanjo Díaz Polo). La parte anarquista estaba liderada por el joven Eugenio Sopena (Jacobo Muñoz).  En aquel momento, la comunidad de Misioneros Claretianos de Barbastro (Huesca) estaba formada por 60 personas: 9 Sacerdotes, 12 Hermanos y 39 Estudiantes. Desempeñaba el cargo de Superior el Padre Felipe de Jesús Munárriz (Julio Pajares); era Prefecto de los Estudiantes el Padre Juan Díaz (José María Rueda), y encargado de los Hermanos Misioneros el Pa­dre Le­oncio Pérez (Antonio Gómez), que llevaba también la economía de la casa. Entre los estudiantes se encontraban dos argentinos, Pablo Hall (Guido Agustín)  y Atilio Parussini (Ricardo del Cano), que se libraron del martirio debido a su procedencia extranjera y que serían claves para conocer los hechos que allí ocurrieron.

La casa de la comunidad claretiana fue asaltada el 20 de Julio de 1936 por milicianos revolucionarios. Los tres padres Superior, Prefecto y Ecónomo fueron arrestados. El resto de claretianos fueron trasladados al colegio de los Padres Escolapios, donde fueron encerrados en el salón de actos. Los estudiantes en­fermos Vi­daurreta (Teseo Martín)  y Falgarona (Antonio Javier Moreno), junto con el anciano Hermano Muñoz (Jesús Guzmán), fueron llevados al Hospital.  Otros cuatro hermanos mayores y el hermano Simón Sánchez (Jorge Ferrer) fueron trasladados al próximo Asilo de Ancianos. El salón de actos de los Escolapios sería la cárcel de retención para los claretianos antes de sus fusilamientos.

Desde el 20 de Julio, cuarenta y nueve Misioneros permanecieron encerrados en el salón del Colegio de los Es­colapios. Los Padres de este centro educativo les ofrecieron en principio colchones y mantas que a los pocos días fueron requisados, por lo que para en adelante sólo podrían disponer del frío suelo, las butacas no existían. Por las ventanas, el populacho trataba de verles, entre ellos Trini, la Pallaresa (Elena Furiase) que se pasaba las horas tratando de ver al seminarista Esteban Casadevall, del que se había enamorado porque, según ella, se parecía a Rodolfo Valentino.

Los carceleros buscaban la apostasía de los jóvenes aspirantes a sacerdotes, por lo que, por ejemplo, dejaron libertad en alguna ocasión para que mujeres y prostitutas entraran al salón, sin ningún tipo de respuesta por parte de los Seminaristas. Con respecto a su vida cristiana, conservaron el hábito de Comunión diaria mientras pudieron. El Padre Ferrer, escolapio,  y el Hermano Vall, el cocinero claretiano (Juan Lombardero) burlando la vigilancia rigurosísima de los milicianos, introducían las Formas en el cesto del desayuno. Al repartirlo, el Padre Sierra (César Diéguez) colocaba a cada uno la suya entre el pan y la pastilla de chocolate. En el salón se rezaba de con­tinuo, en pequeños grupos y susurrando, evitando siempre la atención de los guardias, que lo habían prohibido también. A algunos claretianos como al padre Masip (Eneko Capapay) o a Salvador Pigem (Luis Seguí) les ofrecieron la libertad como una forma de pagar favores anteriores o porque eran conocidos de los carceleros, sin embargo estos antepusieron la liberación de toda la comunidad a la suya individual, por lo que finalmente fueron martirizados.

Los claretianos encarcelados durante semanas dejaron su testimonio escrito en los lugares más insospechados del salón de actos: en el taburete del piano, en las tablas del salón, en las paredes,… Hall y Parussini, al saber que no iban a ser fusilados y que su Consulado argentino en Barcelona los embarcaría para Italia, pidieron a los compañeros un recuerdo último para la Congregación. Se lo querían llevar al Padre General en Roma. Tomaron un pañuelo del Padre Sierra, recién fusilado, y les pidieron se lo pasaran todos por la frente y le estamparan un beso. Además, en un papel envol­torio del chocolate que les traía el Hermano Vall para el desayuno, hicieron caber todas las firmas que rubrica­ban un ideal. Escrito por el anverso y el reverso, le dan con él a la Congregación Claretiana el último adiós. Lo encabeza y lo cierra el seminarista Faustino Pérez (Jerónimo Salas).

Los padres Superiores fueron fusilados el 2 de agosto, el resto los días 12, 13, 15 y 18 de agosto de 1936. Junto a los Superiores, fue martirizado Ceferino Giménez “el Pelé” (Mauro Muñiz), gitano de misa y comunión diaria que a pesar de la insistencia de su hija Pepita (Bárbara Rodríguez) no abandonó su rosario y da testimonio de su fe con su vida.  Además, el obispo Florentino Asensio (Gabriel Latorre) preso en su propio palacio desde el 19 de Julio, trasladado al colegio de los Escolapios el día 23, torturado y asesinado el día 9 de agosto, entre las personas que participaron en la tortura se encontraba Mariano Abad (Juan Alberto López) y el peón Alfonso Gaya (Daniel Blasco).

Los Mártires de Barbastro fueron beatificados por el papa Juan Pablo II el 25 de Octubre de 1992.

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Más información:

http://www.martiresdebarbastro.org

http://www.undiosprohibido.com

 

Carta de despedida de los seminaristas a la Congregación

Cuando recibieron el aviso de que esa misma noche (13 de agosto) serían fusilados los seminaristas que quedaban en el salón, Faustino Pérez redactó esta carta en nombre de todos. Los demás la firmaron, añadiendo cada uno su último deseo espiritual. Está escrita en unos envoltorios de tabletas de chocolate. Los dos estudiantes argentinos se la llevaron consigo oculta entre su ropa personal.

«Querida Congregación: Anteayer, día 11, murieron, con la generosidad con que mueren los mártires, seis de nuestros hermanos; hoy, trece, han alcanzado la palma de la victoria 20, y mañana, catorce, esperamos morir los 21 restantes. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios! ¡Y qué nobles y heroicos se están portando tus hijos. Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto. Cuando llega el momento de designar las víctimas hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre para adelantar y ponernos en las filas de los elegidos; esperamos el momento con generosa impaciencia, y cuando ha llegado, hemos visto a unos besar los cordeles con que los ataban, y a otros dirigir palabras de perdón a la turba armada: cuando van en el camión hacia el cementerio, les oímos gritar ¡Viva Cristo Rey! Mañana iremos los restantes y ya tenemos la consigna de aclamar, aunque suenen los disparos, al Corazón de nuestra Madre, a Cristo Rey, a la Iglesia Católica, y a ti, Madre común de todos nosotros. Me dicen mis compañeros que yo inicie los ¡vivas! y que ellos ya responderán. Yo gritaré con todas la fuerza de mis pulmones, y en nuestros clamores entusiastas adivina tú, Congregación querida, el amor que te tenemos, pues te llevamos en nuestros recuerdos hasta estas regiones de dolor y muerte.

Morimos todos contentos sin que nadie sienta desmayo ni pesares: morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós, querida Congregación! Tus hijos, Mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolores y angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo. Los Mártires de mañana, catorce, recuerdan que mueren en vísperas de la Asunción. ¡Y qué recuerdo éste! Morimos por llevar la sotana y moriremos precisamente el mismo día en que nos impusieron.
Los Mártires de Barbastro, y en nombre de todos, el último y más indigno
Faustino Pérez. C. M. F.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! ¡Viva la Congregación! Adiós, querido Instituto. Vamos al cielo a rogar por ti. ¡Adiós, adiós!

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Reflexion final:

La elección de esta película no ha sido por razones políticas, sino simplemente por cuestiones de objetividad. Sin más afán que demostrar que quien sufre es la familia humana, el Pueblo de Dios, sin importar banderas ni distintivos humanos. Porque nada es más humano que el dolor, la entrega por los demás, solo debemos alzar la cabeza para ver a Jesús entregándose por nosotros.

Ese mismo que fue hombre y murió sin dejar de ser quien era, el que quiso pasar el mayor de los dolores para ser uno más, dando su vida por nosotros. Estos jóvenes son un claro ejemplo de ello, y de cómo todos sufren y no es de nosotros decidir que dolió más o a quien, sino que ante todo somos hijos de un mismo padre.

Hoy en pleno siglo XXI, no nos valen las excusas, de que ideas eran mejores que otras o quien tenía más razones. Ya que al fin y al cabo nadie venció, nadie quedo inmune y sin sufrir. Los jóvenes de hoy debemos estar por encima de esas ideas, y centrarnos en la única verdad que nos abarca, el ser hijos de Dios y que nada es justificable si se dañan entre sus hijos.  Nuestra misión es la de la reconciliación de la familia humana, de lanzar puentes que hagan cicatrizar heridas y no seguir haciendo eso que nos horroriza.

¿Qué podrán decir de nosotros si no somos ejemplo de amor? ¿De que servirá avanzar si seguimos tras viejos pretextos? ¿Cómo podremos mirar a otros hermanos si aún siembro rencor? ¿Cómo puedo horrorizarme de la muerte de los que murieren hoy y olvidar a los demás?