YOUCAT Confirmación (VI): El regreso de Jesús o la historia de la Resurrección


La Resurrección de Jesús es un hecho, no un símbolo.

Nosotros mismos resucitaremos en persona tras la muerte a la Vida Eterna.

Entre los boxeadores se dice: “¡No volverán jamás!”. Se refieren a los grandes campeones, que hace tiempo decidían a su favor todos los combates. Y un día aparece un joven y saca a golpes del ring a uno de estos campeones. El viejo debe tragarse la derrota y no encuentra descanso. Por eso intenta un regreso al ring. Quiere demostrárselo a todos. La mayoría de las veces esto acaba en catástrofe. El viejo campeón recibe una paliza tremenda. Humillado, se retira a hurtadillas del ring. La leyenda del boxeo queda destruida.

La destrucción de una leyenda

¿Qué había pasado? Jesús era la estrella de su tiempo. Había surgido como un cometa, y como la cola del cometa arrastraba a la gente detrás de sí: amigos, discípulos, apóstoles, curiosos, ávidos de sensacionalismos, políticos idealistas. Y, en efecto, tenía algo que ver:

  • Jesús tuvo que ser un orador con talento, que sabía fascinar a las masas.
  • 
Junto a Jesús se podía contar siempre con algún milagro. En la Biblia se nos habla de ciegos que veían de repente, paralíticos que podían volver a andar, sordos que ahora podían oír, leprosos que desde ese momento dejaban de tener heridas malolientes y feas cicatrices. Jesús incluso resucitó a muertos (y no a muertos aparentes; en el caso de Lázaro, Marta le dijo a Jesús: “Señor, ya huele, porque ya lleva cuatro días enterrado”).
  • Jesús pidió a la gente que subieran con él hacia Jerusalén, en medio de una situación política delicada. El país estaba ocupado por los romanos. ¿Había alguien que preparaba una sublevación sangrienta? Muchos esperaban un liberador. Desde hacía tiempo se extendía el rumor de que llegaría un “mesías“, enviado por Dios, y que de un golpe de fuerza barrería a la chusma romana fuera del país.

Y luego vinieron los días decisivos de Jerusalén. Los poderosos de Jerusalén no necesitaban espías ni un servicio secreto para saber que este hombre peligroso —Jesús— estaba en la ciudad. ¡Justamente en la fiesta de la Pascua, en la que peregrinaban a la Ciudad Santa millares de judíos de todos los países, por ejemplo de Egipto! El gran día de la fiesta, el cielo se oscurecería con las nubes de humo de los 18.000 corderos sacrificados. ¿Prendería fuego a la ciudad de otra forma diferente el profeta de Nazaret? Muchos lo esperaban. Otros deliberaban intensamente cómo se podía dar jaque mate a Jesús. Los responsables en Jerusalén sabían bien que no tenía ningún sentido atacar a los fuertes ocupantes de la potencia mundial que era Roma; eso terminaría en un baño de sangre.

Pero todo sucede de forma diferente con Jesús:

Indefenso como un cordero se deja llevar al matadero.
 Pedro tiene que meter de nuevo en la vaina la espada que había sacado.
 Ante el tribunal Jesús permanece en silencio.
 Se deja hacer de todo.

Si en algún momento Jesús fue el campeón invencible para sus discípulos, después el Gólgota fue la destrucción de una leyenda.

¡Larguémonos!

La detención y el juicio de Jesús, su desvalimiento y su muerte como criminal debió de desilusionar tan tremendamente a sus seguidores, que el mismo Pedro, que era de los amigos más íntimos de Jesús, le traiciona de una forma inconcebible: “No conozco a ese hombre” (Mt 26,74), dice cuando la gente le menciona a su líder.


Cuando finalmente fue ejecutado Jesús, sus últimos discípulos se las piraron. Se largaron sin más, cada uno en una dirección. ¿Qué podía decir un pescador a sus compañeros de trabajo? “Buenas, gente, estoy de vuelta. ¿Cuándo salimos?“

¿Y qué se puede hacer en esta situación como seguidor de alguien que ha desaparecido sin gloria de la escena? Uno se evapora. Se esconde durante un tiempo. No quiere recordar el ayer.

¿Y cómo puede ser posible 
que de esta historia de un perdedor surja la mayor comunidad religiosa del mundo? Hoy en día casi 2.000 millones de personas, es decir, un cuarto de la población mundial, se denominan cristianos.

El inicio de una religión mundial

En el espacio de sólo treinta años, tras la muerte de Jesús, el Cristianismo naciente abarca a casi todo el mundo antiguo, incluida la entonces capital del orbe, Roma. Partiendo de pequeñísimas comunidades (iglesias domésticas) comienza un avance triunfal sin igual, ante el cual hay que pensar en la parábola del grano de mostaza. Una ola de alegría inunda país tras país. Grandes personajes y gentes bien consideradas se convierten y se hacen bautizar junto con los esclavos. Los nuevos cristianos son perseguidos con frecuencia; se intenta incluso exterminarlos completamente. Son echados a los leones en los antiguos estadios. Pero los cristianos prefieren morir antes que traicionar su fe. Con Jesús ha tenido que darse, por tanto, un reinicio increíble. En muy poco tiempo había sucedido algo que cayó como un rayo sobre los desilusionados campesinos y los frustrados pescadores; algo que los volvió a sacar de sus campos y de sus barcas y los convirtió en un instante en misioneros entusiastas y en mensajeros de la fe.

¿Y qué fue, entonces,
lo que transformó a estos simples hombres y mujeres de la provincia de Galilea en testigos irresistibles de la fe y lo que llevó, en el espacio de tres siglos, a la conversión de filósofos griegos y de emperadores romanos? Las opiniones difieren en lo que respecta a este sensacional reinicio de Jesús.

Unas cuantas respuestas:

  1. La historia de la Resurrección de Jesús es verdad, y es el único motor del mayor regreso de la historia. Él, que estuvo verdaderamente muerto, ha vuelto a una nueva vida. Era muy diferente, pasaba a través de puertas cerradas y ya no pertenecía, por tanto, a la vida normal, pero estaba vivo para siempre. Sus discípulos lo experimentaron, porque el Resucitado se les mostró tan vivamente que Tomás pudo incluso meter sus dedos en la herida del costado de Cristo. El mismo Resucitado fue quien sacó por segunda vez a los discípulos de su mundo normal. De esta forma surgió la comunidad cristiana primitiva. El misterio de su éxito misionero era el mismo RESUCITADO, que vivía misteriosamente en medio de ellos. Y la Iglesia naciente tenía aún una noticia increíble en la mochila: Quien está de parte de Jesús, tiene la vida eterna, “aunque muera”.

Ésta es la convicción de la Iglesia. Y tiene un montón de buenas razones para ello.

  1. Jesús sólo murió de forma aparente. Lo liberaron de la tumba y entonces Jesús reorganizó a su tropa y organizó su retorno de “Cristianismo como religión mundial”. Murió pacíficamente y está enterrado en un lugar desconocido.

¡Muy improbable! No sólo fue crucificado, sino que le atravesaron el corazón con una lanza.

  1. Jesús había muerto. Sus discípulos lo sacaron de la tumba. La leyenda de la tumba vacía provocó la fe en la Resurrección. Los discípulos se aprovecharon del hermoso cuento para poder anunciar mejor el mensaje de Jesús.

¿Los discípulos de Jesús como ladrones de tumbas y mentirosos? Por el contrario, existen demasiados testigos que lo han visto.

  1. Hubo un regreso, aunque Jesús estaba muerto, permaneció muerto y todavía hoy sigue muerto. Tan muerto que a lo mejor se encuentran un día sus huesos y se puede determinar su ADN. El regreso de Jesús consistió en que “su causa” continuó. No vive Jesús, sino sólo sus geniales palabras “vivían” y “viven”.

Esta opinión se encuentra de vez en cuando incluso dentro de la Iglesia. La sostienen personas que consideran que los milagros son tonterías. ¿Y cómo se explica la rapidísima extensión del Cristianismo? Como una especie de “flashmob” de Dios. Cada vez más personas exclamaron: “¡Aleluya! ¡Jesús vive!”…

Ligeras dudas: ¿un “flashmob” de Dios?

¿Has tenido ocasión de vivir un “flashmob” de verdad? Hay uno muy chulo en Internet: Unos días antes de Navidad, nos encontramos en un centro comercial enorme. La gente va de aquí para allá con bolsas; algunos se sientan, cansados, beben un café con leche o una coca-cola. Todos tienen caras tristes. De repente, alguien se pone de pie, se sube a una silla y canta a pleno pulmón: “Aleluya, aleluya”. ¿Conoces ese Aleluya famoso, el del Mesías de Haendel

La gente gira la cabeza. ¿Se trata de alguien que se ha vuelto loco? A los pocos segundos, otra persona comienza a unirse al canto desde la otra esquina, una segunda voz. ¿Cómo? ¿Se le ha ido la olla a éste también? Pero suena genial. Y va perfecto: tercera voz. De repente, alguien deja su taza de café, se pone a cantar igualmente a pleno pulmón. A los cinco minutos medio centro comercial está cantando. La gente se ríe, menea la cabeza. Y pronto lo ha captado hasta el último: no es una casualidad. Un coro con sentido del humor ha organizado un “flashmob” genial.

Es decir: se han puesto de acuerdo de antemano. Los miembros del coro han hecho como si fueran clientes casuales en el centro comercial y como si no tuvieran nada que ver unos con otros. Pero en realidad han ensayado durante meses para este “flashmob”, aunque luego pareciera totalmente espontáneo.

¿No pudo haber pasado con la Resurrección en realidad algo semejante?

Después de que los discípulos estuvieron dispersos a los cuatro vientos durante algún tiempo, se lo pensaron mejor, porque no podían olvidarse de Jesús. Se dijeron: aunque Jesús ha fracasado, tenemos al menos su doctrina; y si la seguimos, entonces Jesús “vive” en cierto sentido. De ahí surgió la comunidad primitiva, que era “un solo corazón y una sola alma”. En la comunidad personas de todo tipo testificaron que “Jesús” “vivía” en su alma. Para convencer a judíos y griegos de esta “vida”, Pablo y los evangelistas se inventaron la narración de la tumba vacía y de la Resurrección de Jesús de entre los muertos, entendida de forma simbólica.

¿Qué cabe pensar de todo esto? ¿Es la Resurrección únicamente un acuerdo eclesial (“y ahora lo llamaremos resurrección”)? Si este “flashmob” del origen cristiano organizado por algunos discípulos fuera la verdadera historia del Cristianismo, sólo cabría recomendar a cada uno que abandonara inmediatamente la Iglesia y que en ningún caso recibiera la Confirmación. Porque entonces el acontecimiento central del Cristianismo sería un invento y los apóstoles serían unos granujas que habían tendido una trampa al mundo antiguo.

La Iglesia canta en la Pascua:

Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. ¡Aleluya!

Y no se trata de ningún “flashmob” amañado de cantos simultáneos del Aleluya. La Iglesia cree lo que canta.

Las escenas de un regreso

¿Dónde se fundamentaba la seguridad de la Iglesia primitiva de que a nadie se le ocurriría ni remotamente la idea de considerar la Resurrección de Jesucristo una falsificación?

Contemplemos el registro más antiguo sobre la Resurrección de Jesucristo. Data más o menos del año 55, es decir, unos veinticinco años después de la muerte de Jesús, y fue escrito por san Pablo. San Pablo no fue un testigo presencial de los acontecimientos de Jerusalén. Pero se remite a testigos oculares inmediatos y, si hacemos la cuenta de lo que dice en su texto, redondeando pudieron ser 520 personas o más:

  • “Cefas” (= la roca; se refiere al jefe de los apóstoles, Pedro)
  • más de 500 hermanos juntos
  • “Santiago”
  • “… todos los apóstoles”
  • “a mí… como un aborto”

Lee este pasaje importante de la primera carta a los Corintios (1 Cor 15,3–9 )

¿Por qué se denominaba Pablo a sí mismo como “un aborto”?

¿Y cómo puede decir que el Resucitado también se le apareció a él, si él se incorporó más tarde a la comunidad cristiana? Para ello hay que conocer la historia de san Pablo, que llevaba el nombre judío de Saulo.

La joven comunidad cristiana sentía miedo ante este nombre como ante ningún otro. Porque Saulo era un perseguidor de cristianos militante, cuyas manos estaban manchadas de sangre. “Saulo”, dicen los Hechos de los Apóstoles, “respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor”. A sus pies habían dejado sus capas los que apedrearon a Esteban. “Saulo aprobaba su ejecución”, dice el texto.

¿Entiendes ahora por qué Pablo se llama a sí mismo “un aborto”? Tenía las manos muy sucias. Cristo tuvo que derribarlo del caballo y cegarlo para mostrarle:

¡Yo existo y persigues a quien no debes! ¡He resucitado y vivo!

Fue un parto difícil, que condujo a Pablo a una nueva vida.

Tienes que leer necesariamente la emocionante historia de san Pablo en los Hechos de los Apóstoles.

“Saulo, que todavía respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para la sinagoga de Damasco, para traer presos a Jerusalem a cuantos hombres y mujeres hallase adeptos a esta doctrina.

Caminando a Damasco, ya se acercaba a esta ciudad, cuando de repente lo cercó de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y él respondió: “¿Quién eres tú Señor?”. Y el Señor le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues, dura cosa es para ti dar coces contra el aguijón”.

Él entonces dijo…”Señor, ¿qué quieres que haga?” Y el Señor le respondió: “Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá qué debes hacer”. Los que lo acompañaban estaban asombrados, oyendo, sí, la voz, pero sin ver a nadie. Saulo se levantó de la tierra, y aunque tenía abiertos los ojos, no veía nada. Tomándolo de la mano lo llevaron a Damasco. Durante tres días se quedó sin ver y sin tomar alimento ni bebida.

Estaba en Damasco un discípulo llamado Ananías a quien se dirigió el Señor diciéndole: “Ananías”. “Aquí estoy, Señor”, respondió Ananías. “Levántate”, le dijo el Señor, y ve a la calle llamada Recta; y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso llamado Saulo, que ahora está en oración”. Respondió Ananías: “Señor, he oído decir a muchos que este hombre ha hecho grandes daños a tus santos en Jerusalem, y viene con poderes de los sumos sacerdotes para encarcelar a todos los que invocan tu nombre”. “Ve a encontrarle, le dijo el Señor, porque este hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre delante de todas las naciones, y de los reyes, y de los hijos de Israel. Yo le haré ver cuántos trabajos tendrá que padecer en mi nombre”.

Fue Ananías, entró en la casa, impuso las manos a Saulo y le dijo: “Saulo mi hermano, el Señor Jesús que se te apareció en el camino me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. Al momento cayeron de sus ojos unas como escamas y recobró la vista. Levantándose fue bautizado. Habiendo tomado alimentos recobró fuerzas”. (Hechos de los Apóstoles IX, 1 a 19).

¡Vaya historia! Jesucristo se buscó a un traidor (= Pedro) y a un perseguidor de cristianos (= Pablo), para construir la Iglesia con su ayuda.

Para eso tuvo que mostrarse a ellos dos de un modo inequívoco como el RESUCITADO y el Viviente. Por eso san Pablo podía decir de sí mismo que era “testigo de la Resurrección”.

Ésta es la verdad acerca del regreso de Jesús.

¿Y qué tiene que ver el regreso de Jesús
con nosotros?


Piensa un momento si entre tus parientes hay alguien a quien has conocido y que ya ha fallecido. Quizás se trata de un tío o una tía, una abuela o un abuelo, quizás incluso uno de tus padres o alguno de tus hermanos o hermanas.

  • ¿Crees que esta persona querida se ha ido del todo de una vez para siempre?
  • ¿Cómo si no hubiera existido nunca?
  • ¿Crees que el buen Dios le podría olvidar jamás?
  • 
¿Puedes imaginarte que tiene ahora una nueva vida, en una nueva realidad junto a Dios?

Muchas personas tienen la esperanza de que Dios no nos borre sin más del libro de la vida.

Que esto es posible…

Morir…
y, sin embargo, encontrar una nueva vida…

…lo sabemos desde que Jesús murió y resucitó. A Marta, que no quería creer que Lázaro podía recibir de Jesús una nueva vida, le dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre“.

Y le preguntó también: “¿Crees esto?”

Esta pregunta la debe responder cada cristiano:

¿Crees esto de Jesús?

Fundamentos teológicos

Todo se convierte en una hipótesis errónea sobre el inicio de la empresa del mundo de la religión cuan­do el fundador de la religión muere justo al principio. No cabe ninguna duda de que Jesús murió. Si hubiera sobrevivido a su crucifixión, seguramente sus seguido­res hubieran ido por ahí divulgándolo y celebrándolo a Jesús como héroe y no se hubieran inventado esta historia de aventuras sobre la resurrección. Y -> 103

Él estaba, por lo tanto, muerto. ¡En Él habían puesto sus seguidores todas sus esperanzas! La historia de los discípulos de Emaús nos deja claro cómo de decepcionados tenían que haber estado sus discípulos tras la crucifixión, pero también nos deja claro que los discípulos no tenían ni idea de quién era Jesús en realidad, ni de qué es lo que había pasado. B -> Lc 24,21

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.

Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron».

Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.

Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 
En este relato es especialmente importante que ninguno de los discípulos de Emaús reconocieron que era el Señor Jesús el que estaba a su lado, hasta que Él partió el pan y repitió exactamente lo mismo que había hecho la noche antes de su Pasión en el salón de la Última Cena. “Partir el pan” es, desde el principio, la seña de identidad de la reunión de los cristianos en el día del Señor, el domingo, el día en el que Jesús resucitó de la muerte. B -> Hch 2,42

A pesar de las profecías mesiánicas de la Escritura (nuestro Antiguo Testamento) y los anuncios de Jesús, la Resurrección es algo totalmente inesperado aunque, mirando hacia atrás; era lo más plausible para comprender los acontecimientos siguientes. Y -> 105

Decisivo para creer en la Resurrección es la credibilidad de los testigos, y aquí se merecen algunos rasgos de autenticidad una atención especial: la Resurrección de Jesús de la muerte se divulga a través de personas llamadas que vivían en esta época; y esto se confirma también cuando consideramos los intentos de datar los textos del Nuevo Testamento lo más tarde posible. Otro tanto sobre el tema del “robado del sepulcro”, eso no se hubiera consentido. Además, no salen bien parados los testigos más importantes en las fuentes principales sobre la Resurrección, los Evangelios: se habían largado al menos acobardados, cuando no negaban a Jesús incluso. Y con María Magdalena como mujer toma la palabra un testigo del Resucitado, que ante un tribunal de la época no podía haber emitido su declaración de testigo, por ser mujer. Y -> 106

Jesús, con su cuerpo glorioso, se apareció en medio de sus discípulos, que por temor a correr la misma suerte que Él se habían montado una barricada en el salón de la Última Cena. Él les alienta con su Espíritu ( B –> Jn 20,22-23) y les otorga el poder de perdonar y retener los pecados, lo que va mucho más allá de la Confesión: en el fondo, se trata aquí de la pertenencia a la Iglesia. Los discípulos tienen que aumentar el estrecho círculo de los amigos de Jesús y transmitir su mensaje a todo el mundo.

Con la Resurrección de Jesús el Domingo de Pascua comienza la marcha victoriosa del Evangelio por todo el mundo; poco a poco se van poniendo en marcha los apóstoles y alcanzan en un espacio de apenas treinta años todos los centros culturales de la época, desde donde anunciaban con fuerza el Evangelio de Jesucristo, que ha resucitado y está vivo. Y -> 108

En la conversión de san Pablo se ve claramente de una forma especial que Jesucristo está vivo y está presente allí donde sus discípulos dan testimonio con fuerza de su Evangelio y celebran sus misterios. El perseguidor de los cristianos cae al suelo ante Damasco y resuena una voz: “Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y aquí se identifica Jesús con sus discípulos, con su Iglesia. “Lo que hicisteis a uno de estos, mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis…”. De Pablo salió el misionero más apasionado, que fundó muchas comunidades y cuyas cartas sobre la fe siguen siendo tan valiosas que se leen en casi todas las Santas Misas. B -> Hch 9

Junto a estas cartas, que pertenecen a los escritos más antiguos del Nuevo Testamento, hay que mencionar los Evangelios. Estos se van originando de la necesidad de la Iglesia en cada uno de los lugares de conocer algo fiable sobre Jesús y su mensaje. En este sentido, la Iglesia es más antigua que los Evangelios.

Ahora se nos plantea la cuestión de si también nosotros consideramos a Jesús como el resucitado, que está vivo y presente en su Iglesia.

B ->Jn 19,31-42

Busca en el texto indicios de que Jesús estaba realmente muerto.

Los soldados romanos querían acelerar la muerte de los que estaban crucificados para que pudieran ser descolgados de la cruz antes de que empezara el día de fiesta. Con la ruptura de las piernas, los condenados no pueden seguir sosteniéndose sobre el madero de La cruz y acaban muriendo antes. En el caso de Jesús esto no era necesario, ya que acababa de morir.

Sin embargo, para asegurarse, le atravesaron el corazón. Que saliera sangre y agua es una señal segura de que la muerte ya le había alcanzado.

Además, el texto nombra algunos testigos oculares, como José de Arimatea y Nicodemo, que vieron el cadáver de Jesús y lo colocaron en el sepulcro.

B->Jn 20,1-2.11-18

¿Cómo se da cuenta María Magdalena de que Jesús había resucitado? ¿Qué papel desempeña el sepulcro vacío en todo esto?

Solo el sepulcro vacío no lleva a María Magdalena a la fe en la Resurrección. Primero piensa que el cadáver podía haber sido colocado en otro sitio. Y no es hasta el encuentro personal cuando se da cuenta de que Jesús está vivo.

B -> Jn 20,1-2.11-18

En la sociedad del tiempo de Jesús, los testimonios de mujeres no se consideraban por lo general dignos de crédito. ¿Qué significa esto en relación con la Resurrección?

Curiosamente, eso es una indicación de que los informes eran ciertos. Ya que si, por ejemplo, Juan se hubiera inventado toda esta historia, entonces habría imaginado un testigo más creíble que, precisamente, una mujer de luto.

B -> Jn 20,24-28

¿Qué pistas nos da el texto sobre la pregunta de si Jesús “de verdad” resucitó o solo se refiere a ella en un sentido simbólico?

Se ve claramente que Jesús en persona resucitó y que no solo sobreviven sus ideas, sobre todo en el hecho de que Jesús le pide al Apóstol Tomás que lo toque. Jesús está corporalmente presente, tanto que Tomás puede tocar las llagas de sus manos y de su costado. El hecho de que Jesús pudiera entrar en la habitación con las puertas cerradas donde se encontraban los discípulos también es una muestra de que Jesús posee ahora un cuerpo glorioso.

La Vida Eterna

Hay dos puntos muy importantes para Pablo: Por un lado, la Resurrección muestra que Jesús verdaderamente era el Hijo de Dios. Y solo entonces su muerte en cruz puede liberarnos de nuestra culpa (“seguís estando en vuestros pecados”). Y, por otro lado, no existiría para nosotros ni Resurrección ni Vida Eterna si Jesús se hubiera quedado en el sepulcro.

Terminamos con una oración

Oh Dios,

a través de tu Unigénito has vencido a la muerte y nos has abierto el camino a la Vida Eterna. Te pedimos que nos fortalezcas con tu Gracia, para que vivamos toda nuestra vida como hombres liberados del pecado.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.