FESTIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA CAPILLA – ¿Conoces la historia de tu Patrona…?


¿Conoces la historia de tu Patrona…?

“Bendita sea la hora en que María Santísima descendió del cielo a la ciudad de Jaén para socorrer a nuestros mayores. Por siempre sea bendita y alabada. Virgen Santísima de la Capilla, rogad por nosotros.” 

Hace muchísimo tiempo acaeció en esta ciudad un suceso extraordinario cuyo recuerdo aún alienta en las páginas de nuestra historia iluminándolas con el refulgir de su radiante luz:

EL DESCENSO A JAÉN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA QUE, EN OCASIÓN MEMORABLE, SE DIGNÓ VISITAR A NUESTROS MAYORES SOCORRIÉNDOLES CON LA ALEGRÍA DE SU PRESENCIA EN NUESTRAS CALLES…

¿Quieres que te lo cuente…?

Lee despacio. Haz que todos en casa lo lean para que todos, entusiasmados, VIBREN DE EMOCIÓN GOZOSA Y PROPAGUEN POR EL MUNDO ESTA NOTICIA, pues se ha dicho y ello es cierto que EN BRONCES MERECÍA ESTAR ESCRITA y extendida y llevada a todos sitios para que de todas partes VINIESEN A BESAR LA TIERRA, que, santificada por las virginales plantas de la Señora, aún conserva la fragancia divina de su paso…

Había comenzado el siglo XV. Varios reinos cristianos se repartían el dominio de España, conquistada palmo a palmo a la morisma que, aún por entonces, era dueña de una parte de nuestro suelo…

Sitúado Jaén en la avanzada de la línea fronteriza de Castilla, sufría desde ya muy largos años los ataques de los moros de Granada que no perdonaban esfuerzo por lograr reconquistarlo. Era Obispo de Jaén, por este tiempo, Don Gonzálo de Zuñiga o Stúñiga, hombre lleno de piedad y valeroso quien, al frente de sus nobles y guerreros, peleaba sin descanso en su defensa. Pero todo era inútil…Y encerrada la ciudad tras las murallas exponía la vida de sus hombres y agotaba sus pocos recursos sin que fuera bastante el heroísmo para detener la audacia de aquellas hordas impías que, internándose de noche por sus indefensos barrios, profanaban las iglesias y asaltaban los hogares para llevarse cautivos a sus pobres moradores.

Y como nadie acudía en su socorro y el peligro arreciaba por momentos, decidieron salir del duro trance abandonando Jaén para siempre…

Pero una noche…

Es el 10 de junio de 1430…Un silencio angustiosos reina en nuestras calles. En la oscuridad, la noche btrenza un mosaico de sombras…Mas, de pronto, un resplandor celeste acaricia las cercanas cumbres con claridades divinas y una dulce melodía va desgranando en los aires las notas de un cántico nuevo…Por la calle maestra del arrabal de San Ildefonso siete jóvenes avanzan vistiendo blancos ropajes y llevando entre sus manos cruces de plata bruñida. Abren marcha – como heraldos- a un fulgurante Cortejo que del Cielo ha descendido…Cortesanos gloriosos lo integran dando escolta a una Señora – toda blanca de luz, llena de gracia- que, con un Niño en los brazos resplandece de hermosura…Y, en pos de Ella, una larga muchedumbre de misteriosos guerreros cierra el brillante desfile que, al llegar al viejo templo, se detiene frente a un trono que en sus muros se levanta.

Toma asiento la Señora y, entonces todo el cortejo prorrumpe en cantos sagrados. En las torres las campanas tañen llamando a maitines. Después…la visión desaparece y el eco de los cantares se va apagando en la noche y todo queda en silencio y envuelto otra vez en sombras…

Cuando el alba enciende sus primeras luces la noticia del prodigio corre ya de boca en boca. Y el grito de ¡¡milagro…!!, ¡¡milagro!!, restalla en los corazones, poco antes transidos de amarguras y ahora abiertos con gozo a la esperanza…El Obispo Don Gonzalo quiere esclarecer el hecho y dispone que se haga una información exacta de todo lo sucedido y en que, bajo juramento, declaren como lo vieron los testigos del milagro.

Fueron éstos solo cuatro: María Sánchez, Juana Hernández, Juan hijo de Usanda Gómez y Pedro, hijo de Juan Sánchez, todos ellos humildes vecinos del castigado arrabal y, desde luego, piadosos y muy fervientes cristianos en cuyas almas sencillas ocultaban, sin saberlo, alguna rara virtud que mereció de la Virgen esta singular ventura. Todavía, en el archivo de San Ildefonso, se guarda el pergamino auténtico donde se contiene intacta la declaración completa que, ante notario, prestaran los videntes del prodigio. Y este testimonio es gloria que a Jaén enorgullece, conservándole ante el mundo constancia fiel y preciosa de la celestial visita con que fue privilegiado por designio de los Cielos.

Mudada para Jaén “la estrella de sus desventuras” resiste en adelante a su enemigo y aún, tomando la ofensiva, sus armas avanzan victoriosas y someten castillos y ciudades.

Este venturoso acontecimiento, no fue gracia exclusiva de la Santísima Virgen para Jaén, puesto que al librarla de la furia sarracena, evitó también la invasión de nuestros pueblos y ciudades que hubiesen caído en poder de la morisma. Desde entonces, la gratitud de éstos y el amor de sus hijos a la Santísima Virgen, llevó a nuestros mayores a venerarla con especial y devoto homenaje a aquel mismo lugar donde posaron sus Plantas.

Esta singular piedad, mantenida a través de los siglos, tiene su origen en aquel famoso prelado, D. Gonzalo de Zúñiga, que al ver el fervor de sus diocesanos y queriendo perpetuar para siempre la presencia de la Celestial Señora entre nosotros, mandó erigir allí mismo una Capilla donde fue amorosamente colocada la bendita Imagen -esta misma que ahora veneramos- , que, desde entonces, recibe especial culto de generación tras generación.

Muy pronto, por la referida Capilla, Santuario elegido por la Excelsa Señora, empezaron a desfilar gentes de todas clases y condición para postrarse ante la Imagen bendita de la Capilla y depositar ante su altar los ricos presentes de que eran portadores en testimonio de fervorosa gratitud por el inmenso favor que de Ella habían recibido. No faltaron por aquel entonces, y durante mucho tiempo, compactas peregrinaciones de todos y cada uno de los pueblos de nuestra provincia para agradecer a nuestra Reina y Señora, en su dulcísima advocación de la Capilla, el haber santificado con sus sagradas Plantas las calles de Jaén en celestial procesión, con su Divino Hijo en los brazos, haciendo a nuestros mayores depositarios de su Gracia, de su misericordia y de su perdón; y de esperanza para todos los hombres de estas tierras en aquellos momentos de angustia y de terror.

Un día felicísimo para nosotros, las campanas de nuestros templos lanzaban a los aires, en mensaje emocionado, el gozo inmenso, de la Ciudad, que culminaba la cúspide de sus afanas ciñendo a las sienes de nuestra Virgen querida la corona riquísima que la devoción de sus hijos le ofrendaban. En aquella memorable fecha – 11 de junio de 1930- la Virgen de la Capilla era canónicamente coronada cuando, justos, se cumplían los cinco siglos del triunfal Descenso.

Veinte años después, en 1950, la Santísima Virgen de la Capilla era oficialmente proclamada patrona principal de Jaén por el Sumo Pontífice Pío XII, que rubricaba con ello el sentimiento unánime de nuestro pueblo.

Aquella proyección sublime ha sido olvidada para muchos. Es necesario, pues, una urgente reparación que Ella y nuestros mayores sabrán agradecer. El renovar aquella piadosa costumbre incumbe a cuantos amamos de verdad a la Virgen Santísima. Vayamos peregrinos al Santuario de San Ildefonso y caigamos de rodillas ante la presencia augusta de la Santísima Virgen de la Capilla e invoquémosla con la alabanza que nos recuerda su prodigiosos descenso.

“BENDITA SEA LA HORA EN QUE MARÍA SANTÍSIMA DESCENDIÓ DEL CIELO A LA CIUDAD DE JAÉN PARA SOCORRER A NUESTROS MAYORES. POR SIEMPRE SEA BENDITA Y ALABADA. VIRGEN SANTÍSIMA DE LA CAPILLA, ROGAD POR NOSOTROS.”

Ya veréis como regresáis a vuestras casas y a vuestros pueblos con el espíritu confortado y llenos de esperanza.

¡¡¡VIVA LA VIRGEN DE LA CAPILLA!!