Campamentos KAIRÓS 2017: La Iglesia, un hogar para ti y para mí


Muchas personas no se cansan de criticar a la Iglesia. Presentan verdaderas antologías de todo lo malo que la Iglesia ha hecho en sus dos mil años de existencia y de cuantos escándalos hay en ella. En su mayoría son personas bautizadas, es decir, miembros ellos mismos de la Iglesia. El famoso teólogo Karl Rahner (1904-1984) se opuso a ellos en una ocasión con las siguientes palabras: “La Iglesia es una anciana señora con muchas arrugas. Pero ella es mi madre. Y a una madre no se la pega”. Y tiene razón. La Iglesia es nuestra madre. Nos ha dado la nueva vida; nos alimenta con la Palabra de Dios y con los sacramentos. Sin la Iglesia ninguno de nosotros tendría fe. Andaríamos aún a tientas en la oscuridad y tendríamos que salvarnos a nosotros mismos: lo que no es posible.

La Iglesia no es un club de los perfectos

Sí, es cierto. Los escándalos de la Iglesia han sido y son una vergüenza y un verdadero escándalo. Sin embargo, no son un fallo de origen que aparece por casualidad, y que se podría suprimir con un poco de buena voluntad. Bernhard Meuser escribe en su libro Ser cristiano para principiantes:

El mismo Jesús se mezcló con gente desde normal hasta peligrosa, trató al mismo nivel a María Magdalena, la criatura de los bajos fondos, al publicano Zaqueo, a una mujer sorprendida en adulterio, a gente terrible como Judas, quien después le traicionó, a Pedro, que lo negó antes de que el gallo cantara tres veces. Si en la Iglesia sólo pudieran estar hombres y mujeres sin tacha, estaría probablemente vacía. Por lo menos yo no tendría ninguna oportunidad de tener en ella un lugar pequeñito: me conozco, soy capaz de todo. La Iglesia concreta no es un club de los perfectos, sino que, según la voluntad de Jesús, es un lugar para la transformación paulatina de personas totalmente normales. Personas que a veces se equivocan, que tienen todo tipo de delitos en su haber, que necesitan urgentemente que les agarren y los mejoren. Por suerte Jesús nos ha asegurado: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”. Todos estamos un poco perjudicados: Uno tiene problemas con el dinero, el otro con la verdad, el tercero con el sexo, con el cuarto no se puede contar, el quinto es un cabezota y el sexto soy yo. No avanzamos al son de una marcha triunfal. Cojeamos, tropezamos, avanzamos lentamente. Pero caminamos. Y además juntos. Ésta es la Iglesia en la que me gusta estar.

 

Si quieres conocer el misterio de la Iglesia

Si quieres conocer el misterio de la Iglesia mira atentamente esta imagen:

Aparentemente se trata de una imagen de la Virgen María. Pero María es considerada, desde los tiempos más antiguos, como “Madre de la Iglesia”. ¿Por qué? Su cuerpo fue la primera morada del Hijo de Dios hecho hombre. Más aún: Jesús era todo el sentido de la vida de María. Ella estaba alrededor de él, él estaba en ella. Así debe ser la Iglesia: un lugar en el que el RESUCITADO pueda actuar hoy. Un lugar de amor pleno y de disponibilidad: “Hágase en mí según tu palabra”, había dicho María cuando el ángel llamó a su puerta. Dios buscaba no sólo entonces un lugar para que Jesús pudiera desarrollar su vida. También lo busca hoy en ti y en mí.

La Iglesia no tiene otro sentido que Jesús mismo. Sólo tenemos que estar ahí —alrededor de Jesús— y dejarle actuar. Entonces somos Iglesia. En el evangelio según san Lucas dice Jesús en una ocasión: “Mis madre y mis hermanos son quienes escuchan la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). La “Iglesia”, dice el papa Benedicto XVI, “es la familia de Dios en el mundo”.

La Iglesia es, por tanto, en primer lugar el Cristo vivo, que vive hoy entre nosotros, y después viene su “familia”, venimos nosotros, imperfectos, limitados, pecadores, que, juntamente con Jesús, podemos ser “un cuerpo”. Y ahora quizás puedas comprender mejor por qué se dice:

Vosotros sois el cuerpo de Cristo

Jesús se ha implicado hasta tal punto con nosotros que, en cierto modo, somos “un cuerpo” con él. Esto lo testifica la Sagrada Escritura en numerosos pasajes. San Agustín (350-430) explicó con palabras profundas lo que sucede cuando recibimos la Sagrada Comunión: “Recibid lo que sois: el cuerpo de Cristo; para que seáis lo que recibís: el cuerpo de Cristo”.

Mira a la gente de tu grupo. ¡Son tus hermanos y hermanas! ¡Toma ya!, sois, por decir así, “un cuerpo”. ¡Son como una parte de ti! La fe en Jesús os une de modo más profundo de lo que estáis unidos a vuestro padre o vuestra madre o a los hermanos de sangre.

El más importante fragmento de la Escritura acerca de la Iglesia como “cuerpo de Cristo” es de la primera carta a los Corintios. Léelo con atención e intenta descubrir:

  • Qué recibes tú de los otros miembros del Cuerpo de Cristo?
  • ¿Qué papel deberías desempeñar en el Cuerpo de Cristo?
  • ¿Cuáles son tus dones especiales?
  • 
¿Para qué te necesitan tus hermanos y hermanas?

 

Vosotros sois el templo del Espíritu Santo

Otra imagen importante para la Iglesia es “templo del Espíritu Santo”. La palabra “templo” quiere decir algo así como “lugar sagrado”. Ciertamente Dios está presente en todas partes, pero a veces es difícil distinguir si tratamos con algo divino o con algo simplemente humano.

Es fascinante cuando leemos en la Sagrada Escritura que Dios realmente quiere “vivir“ entre nosotros. Hacerle a Dios un lugar “habitable” en nosotros es tu tarea y mi tarea.

Pero no somos nosotros mismos quienes tenemos que construir un templo. Hay muchos que han colaborado en la construcción. Y finalmente es el Espíritu Santo quien construye la morada de Dios entre nosotros día y noche.

 

Vosotros sois el pueblo de Dios

En el Concilio Vaticano II (1962-1965) se ha retomado de nuevo una antigua imagen bíblica de la Iglesia, la imagen del “pueblo de Dios”, que “continúa su peregrinación en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”. Con pueblo de Dios se hacía referencia en primer lugar al pueblo de Israel, con quien Dios tiene una larga historia. Con Jesucristo ahora son personas de todos los pueblos las que están llamadas a caminar hacia Dios.

Este anuncio maravilloso lo explica la primera carta de san Pedro.

Un poco de organización

Si se mira la Iglesia de hoy, uno se queda atónito viendo qué ha llegado a ser en dos mil años. Casi se puede perder la visión de conjunto.

  • A veces contemplamos la institución inmensa, vemos catedrales e iglesias, aparato administrativo, cargos e instituciones sociales.
  • 
Otras veces contemplamos la realidad espiritual de la Iglesia, hablamos de vocación y vemos a personas que oran o entregan incluso su vida totalmente a Dios.

Ambas realidades van unidas: lo ESPIRITUAL y la INSTITUCIÓN. Sin la institución la Iglesia no podría existir en el mundo; necesita dinero para poder ayudar, espacios para encontrarse y personas que tengan una determinada función. Pero todo esto sería un aparato muerto y trivial si lo ESPIRITUAL —la realidad viva de Dios en el Espíritu Santo— no fuera el corazón de la Iglesia.

¿Y todo esto para qué?

La Iglesia no es un fin en sí misma. Dios no se alegra en absoluto por ella si sólo da vueltas sobre sí misma. La ha establecido por el bien de los hombres. Debe ser “signo e instrumento para la unión más íntima con Dios y para la unidad de toda la humanidad” (Concilio Vaticano II).

La Iglesia se dedica a su misión cuando desempeña tres tareas esenciales:

 

Fundamentos teológicos

A los cristianos católicos se les hacen a menudo muchas recriminaciones: La Inquisición, las cruzadas, el caso de Galileo…

Merece la pena leer libros como Leyendas negras de la Iglesia, de Vittorio Messori (Planeta, 2000), para poder enfrentarse a los peores prejuicios, pero también con frecuencia tenemos que decir humildemente: “Desgraciadamente es verdad”. El papa Juan Pablo II realizó un reconocimiento de la culpa con motivo del año santo de 2000 y pidió perdón por los pecados a lo largo de toda la historia de la Iglesia. El motivo: la Iglesia no es el club de los perfectos, y pertenecer a la Iglesia tampoco nos convierte en santos. A lo largo de la historia no ha sido así, y hoy en día tampoco.

La mayoría de las recriminaciones no se dirigen, sin embargo, al comportamiento incorrecto de las personas individuales, sino que proceden de un gran malentendido. “No hay ni cien personas en los Estados Unidos que odien a la Iglesia católica romana. Pero hay millones que odian lo que ellos entienden por Iglesia católica”, dijo el arzobispo Fulton Sheen, que murió en 1979.

En realidad, es horriblemente profunda esta imagen que transmiten muchos medios de comunicación sobre la Iglesia y que muchas personas tienen en su cabeza. Y es injusto. No podemos ni queremos aquí ir al detalle. Eso daría para un libro entero. Solo tres puntos generales: en primer lugar, todas las personas, también cuando pertenecen a la Iglesia, son pecadoras. Y porque una persona tenga un cargo o un puesto no deja de ser pecador.

En segundo lugar, la Iglesia siempre es, de esta manera, un hijo de su tiempo. Aunque tenga otro origen, otras fuentes y otro Señor, ni los mismos bautizados entienden algunas cosas la mayoría de las veces, cuando en el horizonte del momento en el que ocurrió sí que puede entenderse.

Y en tercer lugar, no son menos pecadores ni están menos equivocados aquellos que recriminan a la Iglesia. Eso se puede ver en que un estudio minucioso y bienintencionado de la historia de la Iglesia y de la doctrina cristiana concluye que la mayoría de los reproches y prejuicios se relativizan o son infundados.

La crítica o más que crítica imagen de la Iglesia se origina con frecuencia de tal manera que se mide mediante comparaciones, que simplemente no son ciertas.

  • Por ejemplo, la Iglesia no es ningún Estado. ¿Por qué tiene que haber, entonces, una democracia? ¿Es una orquesta democrática? ¿Y estamos nosotros por eso de acuerdo con todos en un Estado, porque se dan procesos democráticos? ¿Se puede votar sobre la verdad?
  • Por ejemplo, la Iglesia no es ninguna empresa económica. Entonces, ¿por qué debe estar conforme al mercado? Cuando un producto ya no se vende, se quita la empresa del mercado. Cuando se debe vender un producto, se califica a través de la publicidad como una cosa atractiva. ¿Debe trapichear la Iglesia de Jesús? ¿Para nosotros como clientes?
  • Por ejemplo, la Iglesia no es ningún dormitorio. ¿Por qué tiene que ser la Iglesia siempre calentita y acogedora? Cuando queremos tener diversión, vamos al parque de ocio. Cuando le querernos conceder algo a nuestro cuerpo y a nuestra mente, hacemos Fitness o Wellness. ¿Es Dios un animador o un masajista?

El YOUCAT resume muy bien lo que es la Iglesia:

La Iglesia es más que una institución porque es un Misterio que es a la vez humano y divino. Y 124

Iglesia es el Cuerpo de Cristo. No somos por tanto “los miembros de la asociación de los amigos de Jesús. Y 128

La Iglesia no está ahí para sí misma. Tampoco está ahí para que cada individuo se divierta y se realice por sí solo. Y 122

La Iglesia es el Pueblo de Dios, que Dios mismo llamó a la vida , que Jesucristo encabeza y cuya fuente de energía es el Espíritu Santo. Y 215

La Iglesia, como pueblo de Dios, no es un fin en sí misma. Existe la frase “Una iglesia que no sirve, no sirve para nada “. Sería un error, sí se hicieran de la Iglesia una especie de auxiliar ejecutivos de cualesquiera intereses, quizás de aquellos que se contradicen profundamente con los mandamientos de Dios y la misión de la Iglesia. Pero la iglesia no es un fin en sí misma: Y 123

Si consideramos y tenemos presente solo estos tres puntos uno detrás de otro, entonces estará claro que la Iglesia no se puede comparar con un Estado, ni con una asociación ni con ninguna empresa, porque pertenece a dos esferas: a la vez. Tiene características de una institución, pero quien la ve solo así la subestima. Es el cuerpo cabeza es Cristo y cuyos miembros somos nosotros. Y este hecho lo lleva a cabo el Espíritu Santo, por la fe, en los sacramentos.

Se trata de una realización en comunidad, no solitaria. Una realización en relación, así como Dios mismo es relación. Y una realización en dirección a la no-Iglesia. Una realización misionera, social. Lo resume muy bien esta frase: “Por Iglesia, con todas sus debilidades, es realmente un fragmento de cielo en la tierra”. Y 123

Aquí lo importante no es transmitir qué cara de la Iglesia tiene que cuidarse, sino estar presente y activo en ella, ser comunidad eclesial. Porque muchas de estas imágenes de la Iglesia como un bloque de piedra provienen de que nosotros mismos nos movemos muy poco en ella y se refieren a ella siempre desde fuera. Esta perspectiva puede ser en ocasiones absolutamente necesaria, porque ya hemos visto que la Iglesia se orienta hacia fuera y no debería dedicarse constantemente a mirarse el ombligo. Pero su verdad interior, su esencia, no la reconocemos por esto. La reconocemos a través de la oración, al recibir los sacramentos, con la lectura de la Sagrada Escritura, en los demás y en la propagación de la fe.

“Entrar puede cualquiera, también cuando esté sucio o se encuentre sucio, cuando sea altamente culpable, cuando no se aclare con sus sentimientos, cuando viva en una relación irregular o tenga más preguntas que respuestas. Puede estar divorciado por tercera, cuarta o quinta vez, se puede ser adicto al alcohol, a las drogas o a Internet (o todo a la vez), se puede haber sido un creyente y haber perdido la fe entre el gentío. Da igual. Cristo no requiere una vida correcta según el lema: Primero ordeno mi vida y luego me puedo presentar ante Dios. Entonces no sería cristiano nunca. ¿Qué vida es ya perfecta?”.

 

NO ESTAMOS SOLOS

Para pararse:

Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común. Hechos 4,32

Conecta

Estos son los míos

Los seres humanos necesitamos unirnos, agruparnos, relacionarnos con otros individuos. Es parte de la condición humana y nos ayuda a configurar nuestra propia identidad.

Hazte consciente de todos los grupos a lo que perteneces.

  • Tu padres, hermanos y el resto de parientes
  • Los vecinos y la gente de tu barrio
  • Tu pandilla y tus compañero del colegio
  • Tus profesores y el t personal que trabajan en el centro
  • La parroquia y las persona que están en ella
  • La ciudad, y las personas que te encuentras cuando va a comprar, a hacer cualquier gestión o cuando precisas algún tipo de ayuda
  • Tu provincia, tu comunidad autónoma, tu país
  • Tu continente, tu mundo…

Escribe el nombre de los grupos más importantes para ti a los que perteneces

Dale mas vueltas – Ser con los demás

Un persona no existe en el vacío sino que forma parte de un mundo de relaciones. ¿Eres capa de imaginar tu vida si no hubiera existido nunca tus padres, tu familia, tus amigos…? ¿Quién serías? ¿Qué sería?

Los demás nos ayudan a crear nuestra identidad. En cada grupo somos y actuamos de distinta manera. En nuestra familia somos hijos y hermanos en el colegios alumnos….

Y a la vez, cada grupo me ayuda y me aporta de manera diferente.

Analiza qué papel juegas en cada uno de los grupos en que estás, cómo actúas en ellos, y escríbelo conforme al ejemplo del equipo de baloncesto

Ora

El grupo por excelencia del cristiano es la comunidad. San Agustín (354-430) describió cómo ha de ser la comunidad cristiana con estas hermosas palabras.

Una comunidad es…

Una comunidad es un grupo de personas que rezan juntas.

pero que también hablan juntas; que ríen en común e intercambian favores; están bromeando juntas y juntas están serias; a veces están en desacuerdo, pero sin animosidad como se está a veces con uno mismo, utilizando ese raro desacuerdo

para reforzar siempre el acuerdo habitual. Aprenden algo unos de otros o lo enseñan unos a otros.

Echan de menos, con pena, a los ausentes. Acogen con alegría a los que llegan. Hacen manifestaciones de este u otro tipo, chispas del corazón de los que se aman, expresadas en el rostro, en la lengua, en los ojos, en mil gestos de ternura.

Y cocinan juntos los alimentos del hogar, en donde las almas se unen en conjunto y donde varios, al fin, no son más que uno.”

San Agustín, Confesiones

No te lo pierdas

Un grupo que no pasa de moda: la comunidad cristiana

Esta historia comenzó hace más de 2000 años. Ningún grupo humano ha durado tanto como el de a comunidad cristiana (La Iglesia).

Los cristianos no se distinguen

de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua. ni por sus costumbres… Están sobre la tierra. pero su ciudadanía es la del cielo.

Se someten a las leyes establecidas

pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos y todos los persiguen.

Se los desconoce y con todo se los condena. Son llevados a la muerte

y con ello reciben la vida.

Son pobres y enriquecen a muchos.

lis falta todo pero les sobra todo.

Son deshonrados pero se glorían

en la misma deshonra.

Son calumniados, y en ello son justificados

Se los insulta y ellos bendicen. Se los injuria y ellos dan honor. Hacen el bien y son castigados como malvados.

Ante la pena de muerte se alegran como si se les diera la vida.

Los judíos les declaran guerra como

a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian

no pueden decir los motivos de su odio.

Para decirlo con brevedad,

lo que es el alma en el cuerpo,

eso son los cristianos en el inundo.”

Carta a Diogneto (sobre el año 200)

 

LOS ÚLTIMOS QUE SE VAN

“Los que hicisteis a uno de estos hermanos mas pequeños , conmigo lo hicisteis.” Mateo 25, 40

Conecta – Ver y escuchar

Basta con ver los telediarios o las portadas de los periódicos, o escuchar las noticias de radio, o buscar en Internet para darse cuenta de que vivimos en un mundo herido que pide ayuda.

Hay personas que escuchan de una manera especial el grito de esta humanidad que sufre y que ven con claridad que tienen que dar la vida para aliviar este sufrimiento y para comunicar la Buena Noticia del Evangelio. Son “los últimos que se van” del lado de los pobres: los misioneros y misioneras.

Te he hecho a ti

En la calle vi a una niña temblando de frío, con un vestidito ligero y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente. Me enfadé y le dije a Dios:
– ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces algo para remediarlo?

Durante un rato, Dios guardó silencio. Pero aquella noche, de improviso, me respondió:
– Ciertamente lo he hecho: te hice a ti.

De todas las realidades de pobreza e injusticia que has visto y oído ultimamente:

– ¿Cuáles con las que más te han llamado la atención? ¡Por qué?
– ¿Qué sentimientos te han producido?

Entregar la vida sin reservas

Las estrellas, que son los ojos de Dios, se han escondido. La fiebre me sube intensamente, no hay posibilidad de ir al hospital porque, como de costumbre, el coche está averiado.
Siento una intensidad grande ante la muerte, estoy alegre ante la muerte. He vivido apasionadamente el amor por la Humanidad y por el proyecto de Jesús. Muero plenamente feliz.
Cometí errores, hice sufrir a personas…, espero su perdón.
Qué bueno morir como los más pobres y marginados…sin posibilidad de llegar al hospital.
Qué bueno que nadie siga muriendo así.
Un abrazo intenso de amor a todos.

Esta es la última página hallada en el diario de Carlos Alberto, un misionero en Kenia. Una bellísima firma final para un vida llena de compromiso. Entrega, fe, esperanza, coraje, amor son las ropas que visten e identifican a las personas que eligen como vocación darse sin reservas por los demás.

– ¿Por qué crees que Carlos Alberto muere plenamente feliz?
– Si tú decidieras ser misionero/a, ¿cuáles serían tus motivos?
– ¿Crees que hoy en día hay muchas personas dispuestas a llevar este tipo de vida? ¿Por qué?

Solución: Hay mas felicidad en dar que recibir. Hechos 20,35

Enséñanos a amar

Señor,
enséñanos a no amarnos a nosotros mismos,
a no amar solamente a nuestros amigos,
a no amar solamente a aquellos que nos aman.
Enséñanos a pensar en los otros
y amar, sobre todo,
a aquellos a quienes nadie ama.
Concédenos la gracia de comprender
que mientras nosotros vivimos
una vida demasiado feliz,
hay millones de seres humanos
que son también tus hijos y hermanos nuestros,
que mueren de hambre
sin haber merecido morir de hambre
que mueren de frío
sin haber merecido morir de frío.
Señor,
ten piedad de todos los pobres del mundo.
No permitas, Señor,
que vivamos felices en solitario. Amén
(Raul Follereau)