Campamentos KAIRÓS 2017: La Eucaristía, ¿no me dice nada?


Algunos jóvenes van de mala gana a misa. Hay quienes dicen: “No me gustan ni la música ni la gente”. Otros dicen sin más: “Me aburro soberanamente”. Y prefieren quedarse en la cama, sobre todo porque también hay muchos padres que tampoco van a misa. Consulta en el YOUCAT el “precepto del beso”.

10 razones por las que no voy a misa, “no me lavo”

  1. De niño me obligaban a lavarme.
  2. Las personas que se lavan constantemente no son más que 
hipócritas, que piensan que son más limpias que los demás.
  3. Hay muchos tipos de jabón. ¿Cómo puedo saber cuál es el 
adecuado para mí?
  4. Las centrales de abastecimiento de aguas sólo buscan nuestro 
dinero.
  5. He intentado lavarme, pero siempre me resultó aburrido y es 
lo mismo una y otra vez.
  6. En el cuarto de baño el ambiente es frío y aséptico.
  7. Ya me lavo en Navidades y en Pascua. 
¡Esto debería ser suficiente!
  8. Ninguno de mis amigos considera necesario lavarse.
  9. Realmente no tengo tiempo para lavarme.
  10. Quizás me lave cuando sea mayor.

Hay que tener, por tanto, muy buenas razones para poner esta cita en un lugar preferente de nuestra lista de prioridades.

En la celebración de la Eucaristía Dios nos hace el mayor regalo del mundo. Se da a sí mismo.
A ti y a mí.

Los hombres nos complicamos a menudo muchísimo la vida con esto de dar y recibir regalos. Algunos regalos rayan en el chantaje. Y, con frecuencia, un regalo es una “cosa” de la que alguien se querría librar; le ha colocado un lazo alrededor y me lo ha regalado. Y ahora tengo yo esta cosa inútil. Por eso existen personas a quienes les disgusta recibir regalos. Dicen: “¡Prefiero comprarme yo mismo alguna cosa! Así sé lo que tengo y no estoy en deuda con nadie” o “No quiero tener que agradecer nada a nadie”.

Pregúntate si te gustaría vivir en un mundo en el que todo se reciba a cambio de dinero o por tener derecho a una cosa determinada. ¿Sería bonito que nadie regalara nunca nada? ¿Te haría feliz ya no poder idear algo con cariño para alguna persona? Podrías borrar la palabra “gracias” de tu vocabulario.

Un mundo así sería un horror. No sólo sería un mundo frío e inhumano: sería también un mundo ateo (= sin Dios).

Porque Dios sólo es capaz de dar. Ha creado el mundo libremente y por amor. A ti y a mí nos ha dado la vida. Cada día nos regala su cercanía. Si Dios no nos diera nada, estaríamos perdidos. Vivimos de sus dones, de su bendición. Los hombres siempre han sabido esto.

¿Los pequeños regalos mantienen la amistad?

Necesitamos las bendiciones: cuando el tiempo no es favorable, la cosecha se malogra y el hambre alcanza a la ciudad. Pero no sólo esto: los hombres pueden verse amenazados por enemigos. Epidemias y enfermedades pueden causar estragos. Por eso, en casi todos los pueblos y culturas se ofrecían sacrificios a Dios (o a los dioses). Se decía: No hace daño si nos llevamos bien con los “poderes de lo alto”. De forma que se tomaba algo de lo que era especialmente valioso —parte de la cosecha, a menudo las “primicias”, o las crías del ganado— y se ofrecía a Dios. Los aztecas (y no eran los únicos) ofrecían incluso sacrificios humanos al dios Sol. Veían cómo la imponente bola de fuego de color rojo sangre se ponía detrás de las montañas y temían que el sol divino no se levantara de nuevo si no era alimentado con sangre.

De modo que las ofrendas…

  • Por un lado podían ser un hermoso signo de gratitud al Dios que mantenía la vida y concedía bendiciones.
  • Podían ser, por otra parte, un intento desesperado de soborno, mediante el cual se confiaba mantener favorable a un cruel monigote llamado “dios”.

Dios: un maestro en el arte de regalar

Dios no es alguien que da y que espera celosamente ser correspondido con otro regalo. Lo único que Dios quiere de nosotros es nuestro corazón y nuestra gratitud.

Dios es el dador más desinteresado del mundo. Y el más generoso. El YOUCAT dice: “Dios no nos da nunca menos que a sí mismo” (pregunta 338). El mayor don de Dios es Jesús. Y la manera en la que Jesús mismo se ha hecho don para ti y para mí la llamamos “Eucaristía”.

“Eucaristía (del griego=acción de gracias)”, leemos en el YOUCAT, “se denominaba originariamente la oración de acción de gracias, que en la celebración eucarística de la Iglesia primitiva precedía a la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Posteriormente se aplicó la palabra a toda la celebración de la Santa Misa”. (YOUCAT, p. 123).

Cuando celebramos la “eucaristía” se realiza la gran acción de gracias a Dios de toda la creación. En la Santa Misa se dice: “En verdad es justo y necesario darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Nuestro Señor…”.

Desde la tierra asciende un único gran canto de júbilo hasta Dios. Jesús es el centro de este júbilo, él, que nos da su vida y orienta de nuevo a Dios a la creación redimida.

Cómo Jesús se nos ha regalado

Todo empezó, en realidad, cuando Jesús se puso en camino para celebrar la fiesta de Pascua en Jerusalén y tener allí la cena pascual. Esto no era nada extraordinario: todas las familias judías que se lo podían permitir, se trasladaban a Jerusalén para recordar en una fiesta la famosa noche del ÉXODO, en la que Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto.

Flashback:
 En aquella noche los israelitas recibieron el mandato de sacrificar un cordero de un año, sin mancha, y marcar con la sangre las jambas de las puertas. Donde el ángel exterminador encontrara la señal de la sangre, pasaría de largo.

En tiempos de Jesús existían unas normas muy precisas para la celebración de esta solemne cena pascual. El padre de familia o el cabeza del clan tenía en ella un papel destacado. Imaginémonos a Jesús en este papel:

  • El jefe tenía que pronunciar una “eucaristía”: una acción de gracias al “rey del mundo, que hizo brotar el pan de la tierra”.
  • Después tenía que bendecir un cáliz especial lleno de vino, dando gracias al Señor, “que creó el fruto de la vid”.
  • Tenía que sacrificar el cordero de un año, sin mancha.
  • Este cordero tenía que ser sacrificado a una hora establecida exactamente…
  • y además en el templo de Jerusalén.
  • La hora del sacrificio era el viernes de la pascua a las tres p.m.

Lee ahora la descripción que hace el evangelista Lucas de la cena que Jesús celebró con sus Apóstoles en Jerusalén.

El evangelista Juan subraya que la cena tuvo lugar un día antes de la Pascua. Si comparas las normas con el relato de Lucas y la indicación de Juan, ¿te llaman la atención los cinco “errores” de Jesús? ¿Qué fue lo que hizo mal?

Los cinco “errores” de Jesús

Por supuesto que Jesús no tuvo ningún “error”. Pero si descubrimos las cinco modificaciones, podemos suponer en qué consiste el don que Jesús nos preparó en el cenáculo y en su Muerte.

  • La primera modificación afecta al momento. Jesús celebró la cena de Pascua justamente un día antes que los demás. Es como si en Fin de Año celebráramos el Año Nuevo. ¿Por qué la celebró Jesús en el día que ahora conocemos como “Jueves Santo”? Bueno, el Viernes Santo derramó su sangre por nosotros a las afueras de la ciudad, desde la Cruz, alrededor de las tres p.m., para ser precisos. En el mismo momento en el que en el templo de Jerusalén corría la sangre, porque eran sacrificados miles y miles de corderos. Con esto Jesús quería decir: Yo soy el único sacrificio que reconcilio cielo y tierra.
  • La segunda modificación no se lee expresamente en el texto, pero la podemos ver en muchos cuadros de la Última Cena: ciertamente Jesús celebra la cena con pan y vino. Pero no hay ningún cordero. La Pascua sin cordero: esto no es posible. A no ser que Jesús mismo sea el cordero. ¿No había dicho Juan del Bautista, cuando vio a Jesús por primera vez, “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”? Y ¿qué profecía de Isaías se sabía todo judío? “Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”.
  • La tercera modificación consiste en la forma en la que Jesús actuó con el pan y el vino. Del pan dijo: “Esto es mi Cuerpo”. Y del vino dijo: “Esto es mi Sangre”. Desde entonces esta transubstanciación se da en cada Santa Misa. Se trata ante todo de transformación, de transformación de toda la creación, también de mi transformación de un ser mortal y pecador en un ser que ya no muere más. Pero ¿por qué comienza con pan? Porque Jesús quiere ser el nuevo maná en el desierto (el alimento “para la vida eterna”), con el cual se puede sobrevivir a la muerte. ¿Y por qué con vino? “Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos”, dijo Jesús en una ocasión. “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Su Sangre debe latir en nuestras arterias como vino que vivifica. “Nosotros mismos”, dice el papa Benedicto XVI, “debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consanguíneos” (21 de agosto de 2005, JMJ Colonia).
  • La cuarta modificación consiste en que Jesús puso la fracción del pan en relación consigo mismo: Así como era necesario partir ese pan para repartirlo entre todos, igualmente pasaría con él; su cuerpo sería quebrado, “entregado por vosotros”. Daría hasta su última gota de sangre, “derramada por vosotros”. En el evangelio de san Juan dice Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.
  • La quinta modificación consiste en que Jesús quebrantó la cena pascual cuando dijo: “Haced esto en memoria mía”. La Pascua de los judíos era una memoria sagrada de Dios, el libertador de Egipto. Ahora Jesús, o bien se colocaba en lugar de Dios (y con ello, a los ojos de los judíos, cometía un crimen digno de muerte), o era el Hijo de Dios, que comenzaba un acto de liberación aún mayor que lo que supuso la salida de Egipto: él murió para que nosotros ten- gamos vida.

De esta forma, de la cena pascual de Jesús surgió el núcleo de la Santa Misa, en la que Jesús se nos da siempre de nuevo.

¿Y qué ganamos con ella?

Hay una pregunta recurrente en torno a los regalos: ¿Qué gano yo con esto? Respecto a la Eucaristía el YOUCAT nos da una buena respuesta.

Hace poco tiempo le preguntaron unos jóvenes a un sacerdote si tenía una explicación sencilla para la Eucaristía. “Sí la tengo”, les dijo, “es como en el matrimonio. Lo más profundo que pueden hacer los dos es entregarse mutuamente sus cuerpos y sus sufrimientos. Y quizás son los sufrimientos que ambos han soportado juntos y el uno por el otro, lo que los une más íntimamente. En la Eucaristía sucede lo mismo. Jesús me dice: Te doy mi Cuerpo —ésta es mi vida— y te doy mis sufrimientos. Y yo le digo a Jesús: ¡Yo también quiero darte mi vida y mis sufrimientos!“. Los jóvenes se quedaron pensativos. Y el sacerdote añadió: “Así sucede cada día, cuando celebro la Santa Misa”.

Una historia de contrabando

En el año 2011 fue beatificado Johannes Prassek, un sacerdote de Lübeck, que fue ajusticiado por los nazis por “favorecer al enemigo traicionando a la patria”. En los meses de prisión lo que más añoraba era la Eucaristía. Finalmente, una persona valerosa se atrevió a meter de contrabando en la cárcel un par de formas y algo de vino, ocultos entre otros alimentos, para el joven sacerdote. “¡Si usted supiera”, escribió Prassek contestando a este presente, “lo que me he alegrado! Por la comida, claro está; pero aún más por las formas y el vino. He llorado como un niño pequeño. Ahora celebro aquí cada mañana la Eucaristía, de forma tan sencilla, que ni siquiera en las catacumbas se daba así: un salero es el cáliz, un pañuelo el corporal. Sólo un par de gotas de vino y un pequeño trocito de hostia, para que ambos alcancen para muchas veces. Le agradezco mucho que tuviera usted el valor de pensar en algo así”.

Johannes Prassek avanzó hacia la muerte, pero tenía un remedio contra la muerte y el miedo: el “pan de la vida”, Jesús.

 

NO ME DICE NADA

“Mirar que estoy llamando a la puerta. Si alguno me oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.” Apocalipsis 3,20

Conectar – ¡Tú te lo pierdes!

“¡Vaya, qué lata! Es domingo y a mis padres, para variar, se la ha ocurrido ir a misa. ¡Que rollo! ¡Menudo aburrimiento!

¿Por qué que tengo que ir yo? Si quieren ir ellos, que vayan. Además hay amigos míos que no van y no pasa nada. Sus padres le dicen que hagan lo que quiera y no le obligan a ir. Prefiero quédame en casa sin hacer nada”

Fragmento del Diario de Hermi

Imagina a la persona que más quieres en el mundo.

  • Hace una semana que no la ves ni has tenido noticias de ella.
  • Te sientes intranquilo y con muchas ganas de verla.
  • A lo lejos aparece una silueta muy difusa que no reconoces.
  • Tu corazón no reacciona pues piensas que se trata de un desconocido.
  • Conforme se acerca vas adivinando en ella rasgos que te son familiares.
  • Tu corazón empieza a agitarse pues pareces reconocerla, y te ilusionas pensando en el encuentro.
  • A medida que se aproxima estás más seguro. ¡Es ella! ¡Por fin!
  • Echas a correr y acabas dándole un gran abrazo, sintiéndote muy feliz.

¡Son pequeños momentos inolvidables! ¿Te los perderías?

Si llegas a descubrirlo y quererlo de verdad, con Jesús ocurre lo mismo. Lo primero que tienes que hacer es probar a salir a su encuentro; ni siquiera eso, basta con dejarse encontrar por él. ¿Tú te lo pierdes?

Dale vueltas – Te conocimos al partir el pan

El encuentro que tenemos con Jesús en la Eucaristía se parece al viaje de los caminantes de Emaús que pensaban que Jesús estaba muerto y, poco a poco, fueron descubriendo que él estaba vivo y les acompañaba en su vida.

Lee el pasaje de tos caminantes de Emaús: Lucas 24,13-35.

Si comulgas con auténtica fe, nunca estarás tan cerca de Jesús como en ese momento.

Abre tus ojos y reconócele. Es el mismo Jesús en persona, ¡y está en ti!

Jesús está con nosotros

Cerca

Tu estas cerca.

Imposible decirlo deprisa.

Es mucho alimento. Despacio.

Masticando las palabras

¡Hay que masticarte!

Estás cerca siempre.

Seamos conscientes o no,

te aceptemos o te rechacemos,

te lo digamos o no.

Tú estás cerca.

Cerca de las grandes zonas de la vida:

en la familia, en el trabajo,

en los estudios, en el juego…

Tú estás cerca.

Cerca en los momentos fuertes,

cuando la vida galopa:

cuando descubrimos el amor,

cuando nos sentimos solos,

en los problemas de casa,

en los apuros económicos,

en la enfermedad larga, en la muerte…

Tú estás cerca.

Cerca en las horas importantes de mi vida y de la vida de los demás.

Tú estás cerca.

Cerca en las horas negras

cuando vence el pesimismo.

¡Las horas negras en que cerramos las puertas a los demás y a ti!

Tú estás cerca.

Cerca. ¡Cerca! Siempre. Gratis.

A ti no te desanima nadie…

Tú estás cerca. Tú, estás…

Tú…

Adaptado de Patxi Loidi

Recuerda en qué otras circunstancias “Jesús está cerca” y dale gracias a Dios por ello.

No te lo pierdas

La próxima vez que vayas…

Cuando Jesús ya no es un extraño para mí sino un amigo, todo cambia. Ya no hay duda de que vive y de que está en mí, en nosotros.

  • Tengo ganas de encontrarme con él y espero ese mo­mento con ilusión, como cuando espero a la persona que más quiero.
  • Quiero comunicar la noticia a los demás y compartir es­ta experiencia.

La próxima vez que vayas a celebrar una Eucaristía pien­sa que vas a encontrarte con un Amigo al que puedes confiar todos tus secretos:

  • Que siempre está dispuesto a estar contigo.
  • Que te da fuerzas en los momentos de debilidad.
  • Que te comprende, porque ha sido joven como tú.
  • Que te llena por dentro cada vez que te lo encuentras. Que te perdona siempre, hagas lo que hagas.
  • Que ha dado su vida por ti y te ha salvado.
  • Que te ama con locura…

Luego piensa que no vas a oír ni a ver nada, sino a celebrar un misterio. Nadie puede sustituirte pues para Jesús eres único y el encuentro con él es personal.

Disfruta el ”chispazo”

  • Hay un momento especial dentro de la Eucaristía que nos lo solemos perder. Es justo después de la comunión: Jesús y tú estáis juntos.
  • En ese pequeño instante deja que él hable en ti.
  • Basta un segundo de fe y salta la chispa.

¡VAYA REGALO!

La Eucaristía: sobre la generosidad de Dios

Fundamentos teológicos

  

En torno al año 300 se produjo la última ola brutal de persecución de los cristianos en el Imperio romano. . El emperador Diocleciano prohibió bajo pena de muerte tener una Biblia, celebrar la Misa los domin­gos o erigir lugares cristianos para la reunión. En un pueblo norteafricano llamado Abitinia (la actual Tú­nez) fueron pillados 49 cristianos celebrando la misa dominical. Fueron apresados y llevados a Cartago ante el procónsul. Cuando se les dio la palabra, según el procedimiento habitual, y conociendo la estricta prohibición imperial de celebrar la Eucaristía los domingos, respondió uno de los hombres llamado Emérito: “Sin el día del Señor no podemos vivir”.

Obviamente no se refería con esto a un día libre, sino a esto: la participación en la Santa Misa del domingo. Y estos 49 fueron torturados cruelmente y ejecutados en el año 304 por no abandonar sus prácticas. Su libertad, su integridad física y en último término su vida eran menos valiosas para ellos que la Misa del domingo.

También en el tercer milenio hay en algunas regiones del mundo persecuciones de cristianos, pero en Occidente no se puede hablar (todavía) sobre ello. Desgraciadamente, ahí mucho menos se puede hablar de que algo significará para la mayoría de los cristianos ir a la Misa dominical porque quieren santificar el domingo, en sentido amplio.

Nosotros, como personas, necesitamos regularmente un momento de tranquilidad: para pensar y reflexionar. Pode­mos durante seis días a la semana currar y estar de fiesta, pero el séptimo debemos volver a la calma. El hombre no es ninguna bestia de carga ni el rey de la fiesta. El hombre es la imagen de Dios. Dios descansó después de estar seis días creando (B àGn 2,2): “Y bendijo Dios el séptimo día y lo consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando creó” (B -> Gn 2,3).

El hombre no es ningún ser solitario. Todos tienen padres, muchos tienes hermanos, luego una pareja e hijos. Cada individuo ha crecido en una familia, le debe a ella su origen, sus talentos y su carácter. Cuando el padre y la madre, el tío y la tía, o los abuelos se hacen mayores, se vuelven a menudo más débiles, y solitarios. También en ellos se puede pensar alguna vez. Además de la familia, cada uno tiene amigos y vecinos, el hombre es un ser social, un ser comu­nitario. Si cada uno descansa un día distinto, muchos se van quedando solos. La sociedad pierde su consistencia.

La comunidad humana desarrolla una cultura. Y esta se inserta en un cosmos, en una naturaleza. La naturaleza tiene sus ritmos: día y noche, estaciones del año, cambios de año. También la cultura estructura su tiempo: tiem­pos para trabajar, para descansar, para festejar. Celebrar todos juntos, celebraciones religiosas. No nacemos con las manos vacías, sino que pertenecemos a una cultura. Las tradiciones nos marcan, el patrimonio cultural nos rodea. Sería un empobrecimiento, incluso un embrutecimiento de las personas, si solo conocieran su trabajo y su entretenimiento.

El tercero de los Diez Mandamientos nos explica el domingo, el primer día de la semana, como día del descanso y el día de Dios. El YOUCAT explica la importancia del sábado para Israel (B -> Ex 20,8-11; Dt 5,14-15; Y «3362), el comportamiento de Jesús ante el sábado (Y 4 363), el cambio del sábado al domingo (Y 4 364) y qué es lo que le hace el día del Señor (Y 9 365). Al domingo corresponden la participación en la Santa Misa, ya que la Eucaristía es el “corazón del domingo” Y 9 219

El mismo Jesús unió la Eucaristía con la vida eterna: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo” (B -> Jn 6,51), y con la resurrección en el último día: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (54). Porque la comunión logra una unión íntima con Jesucristo: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi-y yo en él” (56).

Lo que sucede en el cambio del pan y vino en el cuerpo y la sangre de Jesús es un salto cuántico. El Hijo de Dios se ha servido de la naturaleza humana para actuar en la historia humana. El pan y el vino se convierten, por su conexión natural, en un nuevo medio de comunicación sobrenatural entre Dios y el hombre. A través de ellos se transmite la salvación, que históricamente sucedió en Jesucristo.

Seguro que nos acordamos de la historia de la caída en el pecado original: Adán y Eva tomaron el fruto prohibido. La Comunión le da la vuelta a estos acontecimientos: Jesucristo nos da de comer. Volvemos a ser invitados, antes éramos ladrones. Tenemos que acoger la Salvación y dejarnos alimentar como pajarillos por este alimento celestial. Pensemos en las palabras de la celebración de la Misa: “Tomó el pan y, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discí­pulos…”. Somos receptores de la salvación. En la plegaria eucarística I, el canon romano, pedimos: “… que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición”. Esta es una comida nueva, cuando un alimento básico, que estamos dispuestos a cogerlo con fuerza, se convierte en la presencia del Salvador, que nosotros ingerimos no solo como remedio: por la comunión nos convertimos en miem­bros de su Cuerpo. Cada domingo, cuando celebramos la resurrección, se va construyendo la Iglesia, se convierte en el Cuerpo de Cristo, insertada en el amor de Dios.

;Y todos estamos invitados a este acto natural y sobrenatural, a esta unión del cielo y la tierra, a esta reconciliación del hombre con Dios! El banquete que celebramos es como un bocadito, como una degustación del “banquete de bodas celestial”, del “banquete del Cordero”… Encontrarás todo sobre la Eucaristía en Y -> 208-223

¿Qué pinto yo en la misa?

Tema y objetivo:

Jesús quiere acercarse a nosotros en la Eucaristía.

Jesús está presente en la Misa y, especialmente, en la Sagrada Comunión.

Preparación

  • Fotocopia la invitación a la fiesta de Jesús del apartado de Material y escribe en cada una el nombre de tus con­firmandos. Ponlas también en sobres con sus nombres.
  • Fotocopia la hoja de excusas para no ir a la fiesta.

Para comenzar

 Reparte, al principio de la sesión, un sobre cerrado con la invitación para la fiesta a cada uno de los confirmandos. Que lo abran y lean la carta para ellos mismos.

Declinar la invitación a la fiesta

Invita a tus jóvenes a pensar que, si Jesús pudiera escribirles, por qué no tomarían parte en su fiesta. Si tu grupo es un poco creativo, haced un pequeño juego de roles: cáda confirmando se piensa una excusa y llama a Jesús desde su móvil para rechazar la invitación. “Hola, Jesús, soy yo. Qué va, no podré ir el domingo porque…”.

Si tus confirmandos no son muy creativos ni comunicativos, cada uno debe escoger una excusa del Material y rechazar la fiesta con esa excusa.

Discutid entre todos si se trata de una razón sensata para no ir a la fiesta.

En el diálogo podría salir que la excusa no valdría cuando se trata de ir a la fiesta de tu mejor amiga o amigo. O que es bien distinto excusarse por teléfono (o con una oración) que si te lo encuentras en persona. La noticia personal más importante para nosotros se encuentra en la lectura y en el Evangelio. Si da resultado, puedes indicar también que hay muchas misas a distintas horas, y también los sábados por la tarde y a veces incluso el domingo por la tarde, así que la excusa del tiempo ya está resuelta. Visto con más perspectiva, el rechazo de la invitación es, en realidad, un signo absoluto de que en la amistad hay crisis y se quiere vivir separado del otro. Para arreglar eso podría ayudar ir a la fiesta…

PARTE CON EL YOUCAT

Leed juntos Y 4 219 “¿Con qué frecuencia debe participar un católico en la Eucaristía?” e intercambiad vuestras opiniones sobre ello.

Transición

Si tus jóvenes no han planteado la cuestión por ellos mismos, dirígelos hacia el siguiente punto: “Y ahora podría decir alguno: yo estuve el domingo pasado en la fiesta de Jesús, pero Él no vino. Y ni me dijo nada. Claro que eso puede pasar. Pero hay que saber dónde se puede encontrar al anfitrión cuando se le busca. Gracias a Dios, nos ha dejado un par de indicaciones”.

¿Dónde está Jesús?

Reparte la fotocopia con la imagen en la que buscar a Jesús: “¿Dónde está Jesús?”.

Jesús está presente en la comunidad

Lee ahora con tu grupo B—> Mt 18,20 (“Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”) directamente de la Biblia o coloca una tarjeta con el texto en el medio. Piensa con tu grupo qué es lo que significa el versículo. Explícales durante el diálogo que Jesús siempre está ahí cuando nos reunimos en su nombre para rezar o celebrar La Misa. Dile a tu grupo que marquen en su hoja de trabajo ¿Dónde está Jesús? la comunidad y el sacerdote que está junto al ambón.

Jesús está presente en su Palabra

Coloca la tarjeta con la cita del Concilio Vaticano II en el medio: “Jesús está presente en su Palabra, pues, cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla”. Explica sobre esta cita que se trata de una afirmación del Concilio Vaticano II, de una asamblea de La Iglesia que tuvo lugar en el siglo XX y que la preparó para el siglo XXI. Deja que tus jóvenes reflexionen sobre qué es lo que significa esta frase. Trata de que Jesús mismo nos habla cuando se leen en voz alta las lecturas o el Evangelio en la Misa. Por lo tanto, está presente en su Palabra. Que los confirmandos marquen en su hoja el Evangeliario con otro color.

Jesús está realmente presente en el Santísimo Sacramento

Leed todos juntos B4 Lc 22,19-20 (“Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: ‘Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros., haced esto en memoria mía’. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: ‘Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”.) o coloca la tarjeta correspondiente en el medio.

Deja de nuevo a los jóvenes que reflexionen sobre qué significan estos versículos del Evangelio de Lucas. Si fuera necesario, indica que Jesús pronunció estas palabras en la última cena, antes de morir.

Cuando hayáis llegado a que Jesús está presente en la Misa bajo el aspecto del pan y del vino, explícales a tus con­firmandos que en cada Eucaristía ocurre un cambio por las palabras-del sacerdote en el pan y el vino, convirtién­dose en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tal y como nos anunció, en la última cena. Además, deberías explicarles que en la Misa nos unimos en la comunión de manera muy íntima con Jesús, e incluso tan cerca que no vamos a poder estar en este mundo más cerca de Él.

Trabajo en pequeños grupos:

Divide a los confirmandos en pequeños grupos de unos tres miembros y encomiéndales que piensen unos diez minu­tos qué es lo que reciben cuando pueden estar tan cerca de Jesús en la Eucaristía.

INTERCAMBIO:

Que cada pequeño grupo presente sus conclusiones. Si hiciera falta, completa diciendo que nosotros, en esta íntima cercanía con Jesús, podemos presentarnos ante Él con nuestros deseos, y que podemos introducirnos en su amor y ser transformados si nos abandonamos en Él.

Y entonces estamos en disposición de vivir como Jesús quiere y seremos ayuda para aquellos que nos ro­dean.

Terminamos con una oración

Señor Jesucristo,

en la Eucaristía te nos regalas, porque quieres estar cerca de nosotros. Ayúdanos a entender cada vez más este Misterio

y danos La fuerza para aceptar tu invitación,

también aunque no tengamos ganas.

Amén

¿Qué pinto yo en la misa?

 

Tema y objetivo:

Jesús quiere acercarse a nosotros en la Eucaristía.

Jesús está presente en la Misa y, especialmente, en la Sagrada Comunión.

Preparación

  • Fotocopia la invitación a la fiesta de Jesús del apartado de Material y escribe en cada una el nombre de tus con­firmandos. Ponlas también en sobres con sus nombres.
  • Fotocopia la hoja de excusas para no ir a la fiesta.
  • Fotocopia de nuevo la hoja de trabajo para cada miembro del grupo.

Para comenzar

Reparte, al principio de la sesión, un sobre cerrado con la invitación para la fiesta a cada uno de los confirmandos. Que lo abran y lean la carta para ellos mismos.

Declinar la invitación a la fiesta

Invita a tus jóvenes a pensar que, si Jesús pudiera escribirles, por qué no tomarían parte en su fiesta. Si tu grupo es un poco creativo, haced un pequeño juego de roles: cada confirmando se piensa una excusa y llama a Jesús desde su móvil para rechazar la invitación. “Hola, Jesús, soy yo. Qué va, no podré ir el domingo porque…”

Si tus confirmandos no son muy creativos ni comunicativos, cada uno debe escoger una excusa del Material y rechazar La fiesta con esa excusa.

Discutid entre todos si se trata de una razón sensata para no ir a la fiesta.

En el diálogo podría salir que la excusa no valdría cuando se trata de ir a la fiesta de tu mejor amiga o amigo. O que es bien distinto excusarse por teléfono (o con una oración) que si te lo encuentras en persona. La noticia personal más importante para nosotros se encuentra en la lectura y en el Evangelio. Si da resultado, puedes indicar también que hay muchas misas a distintas horas, y también los sábados por La tarde y a veces incluso el domingo por la tarde, así que la excusa del tiempo ya está resuelta. Visto con más perspectiva, el rechazo de la invitación es, en realidad, un signo absoluto de que en la amistad hay crisis y se quiere vivir separado del otro. Para arreglar eso podría ayudar ir a la fiesta…

Parte con el YOUCAT

Leed juntos Y —> 219 “¿Con qué frecuencia debe participar un católico en la Eucaristía?” e intercambiad vuestras opiniones sobre ello.

 

Input y transición

“Si ahora vais el domingo a la fiesta de Jesús, será sobre todo para encontrarse con Él. Para ello debéis saber dónde podréis encontrarlo. Si no conoces muy bien el lugar, a veces puede ser un poco difícil.

Primeramente está presente cuando celebramos la Misa, según nos prometió: Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (B -> Mt 18,20). Y está presente en la palabra del Evangelio que se lee en la Misa, porque a través de ella nos habla personalmente a cada uno de nosotros. Pero de forma especial está pre­sente en la Eucaristía, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y eso tenemos que verlo con un poco más de detenimiento”.

PARTE CON LA BIBLIA

Leed todos juntos el texto de la institución de la Eucaristía B —> Lc 22,14-20. Reparte el cuestionario y dales unos diez minutos para volver a leer el texto Y responder al cuestionario.

INTERCAMBIO

Que los confirmandos lean sus respuestas en voz alta uno detrás de otro. En el mejor de los casos, se originará un diá­logo sobre las distintas respuestas. Posiblemente tendrás que echar una mano haciendo quizá un par de preguntas tú mismo. En el diálogo debe quedar claro que Jesús de verdad se alegra de celebrar con nosotros, Él ha instituido la Eucaristía (Y -> 209 y 210) y nosotros podemos estar muy cerca de Él en la Comunión, porque está de verdad presen­te bajo la forma del pan consagrado.

PARTE CON EL YOUCAT

Leed en el YOUCAT (Y 4 página 129 y s.) la explicación sobre la Transubstanciación e intercambiad directamente vuestras ideas.

Leed luego YOUCAT Y 9 216 (“¿De qué modo está presente Cristo cuando se celebra la Eucaristía?”) y Y 4 217 (¿Qué sucede en la Iglesia cuando celebra la Eucaristía?).

INTERCAMBIO

Es importante que salgan los siguientes aspectos en el intercambio de opiniones:

  • En la comunión tomamos parte de Jesús y nos convertimos en “Cuerpo de Cristo” y nos unimos con los demás.
  • Cuando nos presentamos a nosotros y nuestra vida cotidiana a Dios en la Misa, nos transforma también a nosotros y nos da fuerza para nuestro compromiso de transformar el mundo según su voluntad.

 

Terminamos con una oración

Señor Jesucristo,

en la Eucaristía te nos regalas, porque quieres estar cerca de nosotros. Ayúdanos a entender cada vez más este Misterio

y danos La fuerza para aceptar tu invitación,

también aunque no tengamos ganas.

Amén

Jesús celebra con sus discípulos la última cena

 

Lc 22,14-20

¿Qué es lo que más te ha sorprendido del texto sobre la última cena?

 

  • Que Jesús se alegrara de celebrar con sus discípulos.
  • Que Jesús supiera que iba a padecer y morir.
  • Que Jesús les dijera explícitamente a sus apóstoles que hicieran eso en su conmemoración.
  • Que el pan partido sea su cuerpo.

  

¿Qué es lo que te parece más importante?

  • Que Jesús se alegrara de celebrar con sus discípulos.
  • Que Jesús supiera que iba a padecer y morir.
  • Que Jesús les dijera explícitamente a sus apóstoles que hicieran eso en su conmemoración.
  • Que el pan partido sea su cuerpo.

¿Qué es lo que significa el texto para ti personalmente?

  • Que Jesús se alegra de poder celebrar conmigo,.
  • Que la misa fue instituida personalmente por Jesús (“Haced esto en conmemoración mía”).
  • Puedo estar muy cerca de Jesús en la Sagrada Comunión, porque el pan consagrado es realmente su cuerpo.
  • Eso pasó hace 2.000 años y ya todo eso está pasado.