PADRE NUESTRO: “La oración del Señor”

PADRE NUESTRO

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.” (Lc 11,1)

El Padre Nuestro es la única oración que Jesús mismo enseñó a sus discípulos (Mt 6,9-13; Lc 11,2-4). Por eso el Padre Nuestro se llama también “la oración del Señor”.

NO DIGAS PADRE

No digas PADRE,
si cada día no te portas como su hijo.

No digas Nuestro,
si vives aislado en tu egoísmo.

No digas Que estás en el cielo,
si solo piensas en las cosas mundanas.

No digas Santificado sea tu Nombre,
si no lo honras con tus palabras y tus obras.

No digas Venga a nosotros tu Reino,
si no vives y llevas la Buena Nueva.

No digas Hágase tu voluntad,
si no la aceptas cuando es dolorosa.

No digas Danos hoy nuestro pan,
si no te preocupas por la gente con hambre,
sin cultura y sin vivienda.

No digas Perdona nuestras ofensas,
si guardas rencor a tu hermano.

No digas No nos dejes caer en la tentación,
si coqueteas con ellas.

No digas Líbranos del mal,
si no tomas partido contra el maligno.

No digas “Amén”
Si no has entendido ni tomas en serio las palabras del “Padre Nuestro”

PADRE NUESTRO DE LA PAZ

PADRE,
que miras por igual a todos tus hijos
a quienes ves enfrentados.
NUESTRO, de todos.
De los cerca de 5.000 millones de personas,
que poblamos la tierra,
sea cual sea nuestra edad,
color o lugar de nacimiento.
QUE ESTÁS EN EL CIELO,
y en la tierra, en cada hombre,
en los humildes y en los que sufren.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE,
pero no con el estruendo de las armas,
sino con el susurro del corazón.
VENGA A NOSOTROS TU REINO,
el de la paz, el del amor.
Y aleja de nosotros
los reinos de la tiranía y de la explotación.
HÁGASE TU VOLUNTAD
siempre y en todas partes.
En el cielo y en la tierra.
Que tus deseos no sean obstaculizados por los hijos del poder.
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA
que está amasado con paz, con justicia, con amor.
Aleja de nosotros el pan de cizaña
que siembra envidia y división,
porque mañana puede ser tarde:
la guerra amenaza y algún loco puede iniciarla.
PERDONA NUESTRAS OFENSAS
no como nosotros perdonamos,
sino como Tú perdonas, sin dar lugar al odio.
NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN
de almacenar lo que nos diste,
de acumular lo que otros necesitan,
de mirar con recelo al de enfrente.
LÍBRANOS DEL MAL QUE NOS AMENAZA EN ESTE ADVIENTO:
de las armas, del poder, de la sociedad de consumo,
de vivir montados en el gasto, porque somos muchos, Padre,
los que queremos vivir en paz.

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