III LA CONFESIÓN – Yes, I can!

EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN

En el sacramento de la  reconciliación regresamos a Dios cuando nos hemos alejado de Él  por el pecado.

¿CÓMO SE HACE AHORA?

¿QUÉ SE NECESITA PARA ELLO?

¿CÓMO LO PUEDO HACER?

Necesitas…

  • ARREPENTIMIENTO

Por lo tanto, tienes que arrepentirte de lo sucedido. Realmente no es suficiente hacerlo de boquilla sólo porque leíste en laguna parte que eso y eso otro es pecado.

Tienes que estar convencido de que hiciste algo equivocado, de que has herido o manchado a otros o  ati mismo, de que olvidaste a Dios y confundiste el orden divino de la existencia. La conciencia depende del aire si no se orienta por los mandamientos. Antes de que pongas en movimiento tu conciencia debes saber algo: “No mentirás” (octavo mandamiento).

Pero atención, nos gusta mucho engañarnos a nosotros mismo y decimos: “Eh, lo hice conscientemente! ¡Asumo la responsabilidad!”

Apelando a la conciencia se miente, se engaña y se asesina. Si en un determinado asunto no estás seguro, pregunta al sacerdote: él te puede ayudar a confrontar tu conciencia con los mandamientos de Dios.

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II LA CONFESIÓN – In & Out

EXAMEN DE CONCIENCIA

Si quieres examinar tu conciencia – ya sea al final de un día, ya en vacaciones, o porque quieres confesarte ahora -, te ayuda el denominado “examen de conciencia”. Imprescindibles para el examen de conciencia son naturalmente los diez mandamientos y el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

“Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” 

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I LA CONFESIÓN – Update!

 LA CONFESIÓN

¿Estás dispuesto a experimentar el verdadero efecto liberador de la confesión? En el sacramento de la reconciliación descubrimos la belleza del amor y de la misericordia de Dios.

En la confesión recibimos una fuerza liberadora y un nuevo comienzo con Dios. Y la alegría de esta experiencia es realmente visible.

¡Comienza de nuevo! ¡Confiésate!

¡ACTUALIZACIÓN!

Te puedes imaginar lo que pasa si durante meses no cargas las actualizaciones en tu ordenador. En algún momento el sistema operativo se bloquea. O se producen graves fallos de seguridad. El firewall ya no funciona. Virus y troyanos pueden campar a sus anchas en tu PC y finalmente todos tus datos se van al traste.

“Yo no necesito ningún perdón y menos aún la confesión“. Esto es más o menos igual de absurdo que decir: “No necesito ninguna actualización. Mi software funciona también sin ellas”.

Se puede decir que Dios te ha creado como un software maravilloso. Pero este software necesita actualizaciones periódicas. Si no empleas las actualizaciones, hasta el mejor sistema del mundo se estropea con el tiempo. La CONFESIÓN —también se conoce como “Sacramento de la Reconciliación”— es la mejor oferta de actualización que nos hace Dios.

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Campamentos KAIRÓS 2017: La EUCARISTÍA, paso a paso…

  • ¿Por qué no empiezas la Misa 5 minutos antes?

    ¿Quién no ha utilizado el banco de la Iglesia como una cama en la que echar una cabezadita? O… ¿Quién de repente al salir de Misa no se ha dado cuenta de que tiene lagunas mentales acerca de la lo ocurrido en la celebración (lecturas, oraciones…)?

    Y es que a veces se nos puede pasar la Misa en una abrir y cerrar de ojos, sobre todo en el cerrar de ojos, sin saborear todo lo que allí ha ocurrido. En esos momentos nos podríamos considerar “tierra infecunda” en la que Jesús ha querido sembrar pero al final la semilla no ha conseguido arraigar y no ha producido fruto.

    Por eso, una buena preparación sería como pasar un arado y usar una regadera que nos convierta en “tierra buena” en la que la semilla se instale para hacer florecer nuestra vida.

    También es bueno que vayamos dispuestos a celebrar la Eucaristía como iríamos a un banquete: con “hambre”, que es esa fe que hace que nazca la necesidad y no el mero cumpli-miento. Es ir con el corazón abierto para dejarse transformar por el Señor y su Palabra de Vida, y por eso es de suma importancia cuidar constantemente nuestra alma para un verdadero y eficaz encuentro con Dios y Su amor.

    Nuestro gozo de asistir a ese gran Banquete puede empezar desde el momento en que nos levantamos, o incluso al acostarnos, quizá aprovechando para leer y meditar las lecturas que se van a proclamar ese día. El caso es que, independientemente de la hora a la que se celebre la Eucaristía, todo nuestro día tiene que ir cual flecha hacia un blanco fundamental, el Altar, en el que clavaremos todo lo vivido desde la Misa anterior: las cañas con los amigos, las compras en Zara, la derrota de nuestro equipo en Champions, los compañeros de carrera, los que marcharon a otra ciudad, el abuelito que murió hace poco…; la Misa así será más nuestra, y ofreceremos junto al cáliz y la patena nuestros miedos y nuestras preocupaciones, nuestras alegrías y esperanzas en la patena, para que cuando Cristo descienda a ella durante la Consagración, las encuentre todas.

    En cualquier caso, y como se titula el post, siempre es importante guardar unos minutillos de silencio antes de la celebración en los que hablar con el Señor, en los que acallar los ruidos del alma, para pensar lo que vamos a ofrecer y para invocar al Espíritu Santo pidiéndole motivación para vivir lo que allí va a pasar.

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ACTO PENITENCIAL KAIRÓS 2017 – El día de la reconciliación

TERMINAMOS CUARESMA

En esta Cuaresma Señor, hemos recorrido un camino juntos…hemos orado junto a nuestras hermanas de las Bernardas, hemos descubierto que quién ama la verdad y la libertad no ama una vida cómoda, hemos estado cerca de la familia misionera García Cruz, junto a nuestros amigos Carla, Paco y Moi, hemos profundizado en nuestro interior, en nuestros miedos, sueños, anhelos, dificultades…y hemos aprendido que somos capaces de vencer todas las tentaciones, por difíciles que sean, siendo hermanos, siendo tus amigos, siendo tus discípulos y siendo sal y luz de la tierra…

Ahora, antes de comenzar la Semana Santa venimos ante ti Señor para pedirte perdón por el mal que hemos hecho, por el bien que hemos dejado de hacer y para pedirte que siempre te sintamos cerca, siendo nuestra alegría y nuestra mayor fortaleza.

 

Juntos rezamos diciendo…

En este tiempo de Cuaresma,
cuando nos preparamos para celebrar
la muerte de Jesús y su vida para siempre,
te pedimos, padre, que renueves nuestro interior
para que creamos de verdad en Él
y sepamos vivir como Él.

Demasiado  a menudo nos pueden
la pereza y el desinterés.
Demasiado a menudo sólo miramos por nosotros.

Y no somos capaces de ver la felicidad que podemos encontrar
si abrimos los ojos como Jesús,
si actuamos como Jesús,
si amamos como Jesús,
si te amamos a ti, Dios, Padre
como Jesús te ama.

Padre, perdona el mal que hay en nosotros,
la inconsciencia y la pereza que hay en nosotros.
Padre, renuévanos,
condúcenos por el camino de la conversión,
acércanos a Jesús,
para que sepamos hallar la felicidad
allí donde Él la hallaba.

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Confesarme yo…¿por qué y para qué? – UPDATE!

Yo nunca cometo pecados 

Para entender lo que es el pecado me gustaría poner un ejemplo. Imagina que compras una batidora y, al llegar a casa, se te ocurre la genial idea de usarla para planchar la última camisa hawaiana que has comprado en Zara. Puedes pensar que es tu batidora y que quieres hacer con ella lo que te dé la gana, que eres libre para ello… pero, seguramente, después de usarla así la camisa quede más fashion de la cuenta y te toque tirarla o usarla como trapo del polvo.

El pecado, del mismo modo, no es más que hacer un mal uso de ese manual de instrucciones con el que todos nacemos -la conciencia- que nos enseña a usar correctamente nuestro ser y libertad para que seamos felices. Cuando usamos nuestra libertad de forma errónea, cuando no atendemos a esa conciencia que, inspirada por la ley natural, los mandamientos y las enseñanzas de Jesucristo nos indica el camino correcto, estamos usando la batidora para planchar camisas, estamos tirando nuestra auténtica felicidad.

Y, en este contexto, la Confesión es el mecanismo para que soltemos esa pesada carga  -comúnmente llamada pecado- que nos esclaviza, nos roba la alegría y no nos deja ser mejores. Y bueno, ¡claro que la confesión es un invento! Pero no de los curas, sino que fue el primer invento de Jesucristo resucitado que dijo a sus apóstoles: a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados (Jn 20,23).

No dejes de acercarte siempre que lo necesites al Sacramento de la Penitencia para recuperar la amistad del Amigo que nunca falla. Si estás triste, amargado, si tu vida ha perdido todo su sentido…, hoy es un gran día para que acudas al sacramento de la alegría y el perdón. Él te espera con los brazos abiertos, no lo olvides.

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La Santa Misa

¿Qué significa la palabra “Misa”?

Hay varias formas de denominar a la Misa:

1.-Misa: Del latín: “Ite, missa est”. Al concluir la celebración es cuando se dice esta frase que significa “Podéis ir en paz”, que somos enviados. Por tanto, la Eucaristía se termina con el envío a realizar en la vida lo que se ha recibido, con la misión de ser apóstoles. En la Misa pues, recibimos nuestro envío para poder proclamar el Evangelio.

2.-Eucaristía (del griego eucharistia = acción de gracias): Eucaristía se denominaba originariamente la oración de acción de gracias, que en la celebración eucarística de la Iglesia primitiva precedía a la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Posteriormente se aplicó la palabra a toda la celebración de la Santa Misa.

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La Misa es el sacrificio de Cristo que se ofreció a si mismo una vez para siempre en la Cruz. Es el centro de nuestra vida cristiana y la acción de gracias que presentamos a Dios por su gran amor hacia nosotros. No es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente. Es una representación del Calvario, memorial, aplicación de los méritos de Cristo.

Tiene dos partes: la liturgia de la palabra (después de estar bien preparados por la petición de perdón de los pecados) y la liturgia de Eucaristía, que es el  ofrecimiento al Padre por parte de Jesús y nuestra, pues también nosotros somos hijos de Dios.

Casi siempre, cuando alguien quiere mostrarte su afecto y amistad, es común que te invite a su casa. Y hay dos hechos importantes que suceden: la conversación y la comida. En la celebración de la misa es Jesús quien nos invita a participar de su amistad, en la que también encontramos estos dos momentos importantes: la conversación, que es cuando Jesús nos habla a través de su Palabra y nosotros le respondemos con nuestras oraciones; y la comida, cuando Jesús nos ofrece el banquete de la Eucaristía, nos da su Cuerpo y su Sangre.

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Historia de San Tarsicio, mártir de la Eucaristía (siglo II)

Historia de San Tarsicio, mártir de la Eucaristía, (siglo III)

Valeriano era un emperador duro y sanguinario. Se había convencido de que los cristianos eran los enemigos del Imperio y había que acabar con ellos.

Los cristianos para poder celebrar sus cultos se veían obligados a esconderse en las catacumbas o cementerios romanos. Era frecuente la trágica escena de que mientras estaban celebrando los cultos llegaban los soldados, los cogían de improviso, y, allí mismo, sin más juicios, los decapitaban o les infligían otros martirios. Todos confesaban la fe en nuestro Señor Jesucristo. El pequeño Tarsicio había presenciado la ejecución del mismo Papa mientras celebraba la Eucaristía en una de estas catacumbas. La imagen macabra quedo grabada fuertemente en su alma de niño y se decidió a seguir la suerte de los mayores cuando le tocase la hora, que “ojala”—decía el—fuera ahora mismo”.

Un día estaban celebrando la Eucaristía en las Catacumbas de San Calixto. El Papa Sixto recuerda a los otros encarcelados que no tienen sacerdote y que por lo mismo no pueden fortalecer su espíritu para la lucha que se avecina, si no reciben el Cuerpo del Señor. Pero ¿quién será esa alma generosa que se ofrezca para llevarles el Cuerpo del Señor? Son montones las manos que se alargan de ancianos venerables, jóvenes fornidos y también manecitas de niños angelicales. Todos están dispuestos a morir por Jesucristo y por sus hermanos.

Uno de estos tiernos niños es Tarsicio. Ante tanta inocencia y ternura exclama, lleno de emoción, el anciano Sixto: “¿Tú también, hijo mío?” —”¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años”.

Ante tan intrépida fe el anciano no duda. Toma con mano temblorosa las Sagradas Formas y en un relicario las coloca con gran devoción a la vez que las entrega al pequeño Tarsicio, de apenas once años, con esta recomendación: “Cuídalas bien, hijo mío”. —”Descuide, Padre, que antes pasaran por mi cadáver que nadie ose tocarlas”.

Sale fervoroso y presto de las Catacumbas y poco después se encuentra con unos niños de su edad que estaban jugando. —”Hola, Tarsicio, juega con nosotros: Necesitamos un compañero”. —”No, no puedo. Otra vez será”, mientras apretaba las manos con fervor sobre su pecho. Y uno de aquellos mozalbetes exclama: — “A ver, a ver que llevas ahí escondido”. Y otro: – “Debe ser eso que los cristianos llaman < Los Misterios >”, e intentan verlo. Lo derriban a tierra, le dan golpes, derrama sangre. Todo inútil. Ellos no se salen con la suya. Tarsicio por nada del mundo permite que le roben aquellos Misterios a los que el ama más que a si mismo…

Al momento pasa por allí Cuadrado, un fornido soldado que está en el periodo de catecumenado y conoce a Tarsicio. Huyen corriendo los niños mientras Tarsicio, llevado a hombros por Cuadrado, llega hasta las Catacumbas de San Calixto, en la Via Appia. Al llegar, ya era cadáver. Desde entonces el frío mármol guarda aquellas sagradas reliquias, sobre las que escribió San Dámaso: “Queriendo a San Tarsicio almas brutales, de Cristo el Sacramento arrebatar, su tierna vida prefirió entregar, antes que los misterios celestiales”.san_tarcisio


No me dices nada

No me dices nada

Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta entrare en su casa y cenaré con él y él conmigo.

(Apocalipsis 3,20)

¡Tú te lo pierdes!

“¡Vaya, que lata! Es domingo y a mis padres, para variar, se les ha ocurrido ir a misa. ¡Que rollo! ¡Menudo aburrimiento!

¿Por qué tengo que ir yo? Si quieren ir ellos, que vayan. Además, hay amigos míos que no van y no pasa nada. Sus padres le dicen que hagan lo que quieran y no le obligan a ir. Prefiero quedarme en casa sin hacer nada.”

Fragmento del Diario de Hermi

Imagina a la persona que más quieres en el mundo.

  • Hace una semana que no las vez, ni has tenido noticias de ella.
  • Te siente intranquilo y con muchas ganas de verla.
  • A lo lejos aparece una silueta muy difusa que no reconoces.
  • Tu corazón no reacciona pues piensa que se trata de un desconocido.
  • Conforme se acerca vas adivinando en ella rasgo que te son familiares.
  • Tu corazón empieza a agitarse pues parece reconocerla, y te ilusionas pensando en el encuentro
  • A medida que se aproxima estás más seguro. ¡Es ella! ¡Por fin!
  • Echas a correr y acabas dándoles un gran abrazo, sintiéndote muy feliz.

¡Son pequeños momentos inolvidables! ¿Te los perderías?

Si llegas a descubrirlo y quererlo de verdad, con Jesús ocurre lo mismo. Lo primero que tienes que hacer es probar a salir a su encuentro; ni siquiera eso, basta con dejarse encontrar por él.

¿Tú te lo pierdes?

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¿Te cuesta entender lo que pasa en la Misa?

Es el momento de la comunión. Es cuando el sacerdote se acerca a distribuir el alimento de la Eucaristía. Se le llama también comunión porque al recibir el cuerpo de Cristo, entramos en una íntima y profunda común – unión con Él.

Cuando alguien come algo, eso que ha comido se convierte en parte de tu cuerpo y se hace uno contigo y ya nadie lo puede separar.

Cuando recibimos el Cuerpo de Cristo, con este alimento sucede algo distinto, no sólo se vuelve parte de nosotros, sino sobre todo nosotros nos volvemos en aquello que comemos, nos Cristificamos, nos hacemos más como el Señor. Este es el verdadero alimento, el alimento de vida eterna, que quien lo reciba, vivirá para siempre.

Bendición final y despedida:

La misa termina como la empezamos, con la señal de la cruz. Podemos ir en paz, porque hemos visto a Dios, nos hemos encontrado con Él y estamos renovados para seguir en la misión que Dios nos encarga. Al terminar la misa el sacerdote nos da la bendición final.

La palabra bendición viene de dos palabras: bien y decir. Decir bien de alguien. Generalmente cuando alguien nos halaga, eso no nos hace ni mejores ni peores personas. Pero cuando Dios dice bien de nosotros, su Palabra sí nos hace distintos, nos da esa gracia para librar el buen combate de la fe. Así termina la misa y estamos listos para seguir adelante con nuestra vida cristiana.

Artículo publicado originalmente por Catholic Link


¿Por qué tenemos que ir los cristianos los domingos a misa?

¿Por qué tenemos que ir los cristianos los domingos a misa?

Los cristianos hemos de dedicar tiempo para alabar, adorar, dar gracias, y en las necesidades, presentar nuestras súplicas, a Dios, para poder de esta manera vivir siempre alegre en el Señor.

Estos momentos de oración alimenta y fortalecen los otros momentos de la vida dedicados a Dios durante el trabajo, la convivencia con los demás y el servicio al prójimo.

La Iglesia ha dispuesto particularmente los domingos para dar culto a Dios. Además, ha señalado también otros días para celebrar fiesta en honor del Señor, de la Virgen y de los Santos.

El domingo conmemoramos la resurrección del Señor.

Además, el “día del Señor”, asume también los elementos del sábado judío. De este modo, el domingo cristiano tiene tres elementos esenciales:

  • Nos recuerda la Creación del mundo e introduce el resplandor festivo de la bondad de Dios en el tiempo.
  • Nos recuerda el “octavo día de la creación”, cuando el mundo se renovó en Cristo (como dice una oración de la noche de Pascua, “Oh Dios, que con acción maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste).
  • Retoma el motivo del descanso, pero no solo para santificar la interrupción del trabajo, sino para indicar ya desde ahora el descanso eterno del hombre en Dios.

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Descubre…¡la EUCARISTÍA!

La Eucaristía

¿Qué significa la palabra “Misa”?

Hay varias formas de denominar a la Misa, veamos tres:

1.-Misa: Del latín: “Ite, missa est”. Al concluir la celebración es cuando se dice esta frase que significa “Podéis ir en paz”, que somos enviados. Por tanto, la Eucaristía se termina con el envío a realizar en la vida lo que se ha recibido, con la misión de ser apóstoles. En la Misa pues, recibimos nuestro envío para poder proclamar el Evangelio.

2.-Eucaristía (del griego eucharistia = acción de gracias): Eucaristía se denominaba originariamente la oración de acción de gracias, que en la celebración eucarística de la Iglesia primitiva precedía a la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Posteriormente se aplicó la palabra a toda la celebración de la Santa Misa.

3.-Fracción del pan: Este nombre proviene del gesto que hizo Jesús al repartir el pan a los discípulos.

Hay más formas: Memorial, Sagrado banquete, Santo sacrificio… etc.

  • YOUCAT 208.- ¿Qué es la Sagrada Eucaristía?

La Sagrada Eucaristía es el sacramento en el que Jesús entrega por nosotros su Cuerpo y su Sangre: a sí mismo, para que también nosotros nos entreguemos a él con amor y nos unamos a él en la Sagrada Comunión. Así nos unimos al único Cuerpo de Cristo, la Iglesia. [1322, 1324, 1409]
Después del Bautismo y la Confirmación, la Eucaristía es el tercer sacramento de la iniciación cristiana. La Eucaristía es el centro misterioso de todos los sacramentos, porque el sacrificio histórico de Jesús en la Cruz se hace presente durante la transubstanciación de un modo oculto e incruento. De este modo la celebración eucarística es «la fuente y cima de toda la vida cristiana» (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 11). A ella está orientado todo; más allá de ella no hay nada mayor que se pueda alcanzar. Cuando comemos el pan partido, nos unimos con el amor de Jesús, que entregó por nosotros su cuerpo en la Cruz; cuando bebemos del cáliz, nos unimos con aquel que en su entrega derramó incluso su Sangre. Nosotros no hemos inventado este rito. Jesús mismo celebró con sus discípulos la Última Cena y anticipó en ella su muerte; se dio a sus discípulos bajo los signos de pan y vino y exhortó a que, desde entonces, y después de su muerte, celebraran la Eucaristía: «Haced esto en memoria mía» (1 Cor 11,24).

“El verdadero efecto de la Eucaristía es la transformación del hombre en Dios”.

Santo Tomás de Aquino

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CUARESMA 2016: Acto penitencial (Kairós)

“VOLVAMOS AL PADRE”

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Bienvenidos a esta celebración.

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Estamos aquí porque Dios nos quiere y nos llama a la conversión. Somos importantes para Él, a pesar de nuestros pecados. Su amor, su ternura, su misericordia nos llaman.

Hemos estado fuera, lejos de Dios y ahora sentimos la necesidad de estar cerca de Él. Este deseo nos mueve a reconocer nuestras distancias entre nosotros y Dios, entre nosotros y los demás.

Hoy, vamos a pedirle perdón por las cosas que hacemos mal o dejamos de hacer, y que hacen que no seamos verdaderos cristianos. Sabemos que Dios nos va a dar un abrazo de paz y nos ofrece su perdón.

En estos días, nos dirigimos hacía la Pascua, y la Pascua es vida nueva, morir con Cristo y resucitar con Él, el triunfo del Espíritu. Es lo que significamos con fuerza en el Bautismo y la Eucaristía, sacramentos pascuales.

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En esta celebración penitencial, que es como una prolongación de la gracia del Bautismo, queremos unirnos también a la muerte y resurrección de Cristo. Por eso fijamos los ojos en Él, Jesús crucificado. Nos acercamos a Él, para que a través del sacramento, nos alcance los dones de la resurrección, el agua, la sangre y el Espíritu. Ríos que brotaron de su costado y llegan hasta nosotros en los sacramentos.

(DINÁMICA)

Los signos que nos presiden son la cruz, una palangana de agua y una corona de espinas que nos recuerda la corona que los soldados romanos pusieron a Cristo en su cabeza, burlándose de que era Rey.

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Pinchos agudos donde clavaremos nuestro mal. Después del examen de conciencia escribiremos en un papel nuestras faltas y las pondremos sobre esa corona.

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Una vez que hayamos dejado nuestro papel en la corona, confesaremos.

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Tras la confesión, recogeremos de la palangana de agua una pequeña cruz, símbolo de nuestra salvación, en señal de que hemos quedado limpios del pecado y que nos comprometemos a luchar por el bien; no como Pilatos que se lavó las manos, indicando todo lo contrario: su no compromiso con la causa de Jesús, desentendiéndose…

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Por último, besaremos la cruz, en señal de agradecimiento por el perdón recibido.

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Comencemos la celebración cantando…

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JESÚS ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Jesús está entre nosotros

Él vive hoy y su Espíritu a todos da

Jesús, razón de nuestra vida,

es el Señor, nos reúne en pueblo de amor.

1. Cambia nuestras vidas con tu fuerza

guárdanos por siempre en tu presencia.

Tú eres verdad, Tú eres la paz.

2. Rompe las cadenas que nos atan,

llénanos de Gracia en tu Palabra.

Gracias, Señor; gracias, Salvador.

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