ACTO PENITENCIAL KAIRÓS 2019 – Volvemos al Padre (Confesión)

LA CONFESIÓN

¿Estás dispuesto a experimentar el verdadero efecto liberador de la confesión? En el sacramento de la reconciliación descubrimos la belleza del amor y de la misericordia de Dios.

En la confesión recibimos una fuerza liberadora y un nuevo comienzo con Dios. Y la alegría de esta experiencia es realmente visible.

¡Comienza de nuevo! ¡Confiésate!

¡HOLA , DIOS! ¡OTRA VEZ ESTOY AQUÍ!

¡Hola, Dios, otra vez estoy aquí! He metido bastante la pata. Me he apartado del camino. Sé exactamente por qué. Todo pecado, cualquier falta de amor, TE afecta. ¡Sólo tú eres Dios! Sólo tú puedes perdonarme.

¡Aquí estoy, perdóname!

A pesar de que en mi vida ya me he confesado cientos de veces, siempre tengo que hacer un esfuerzo. Y eso que sé que cinco minutos después, cuando salgo del confesionario, voy a estar tan contento como después de darme un baño en el mar.

  • Hay paz en mi alma.
  • Podría cantar y bailar de alegría.
  • No todos tienen esa alegría espontánea, pero para mí es así.

Cuando en nombre de Jesús, el sacerdote perdona tus pecados, entonces puedes realmente volver a empezar de nuevo. Imagínate: ¡Totalmente nuevo! Sí, empieza la vida para ti, una vida que comienza ahora desde el principio.

¡Dios, que es Amor, no sólo te perdona tus pecados, sino que incluso, en cierto sentido, los olvida!

¿QUÉ ES LA CONFESIÓN?

  • La confesión es como un periodo update en mi vida. Si dejo escapar este update, todo mi software se viene abajo un día. Mi ordenador portátil está expuesto a ataques de virus y troyanos.
  • La confesión es como el mantenimiento del coche. a más tardar, cada 30.000 kilómetros, el coche tiene que ir al taller; de lo contrario, la cosa no marcha y el motor se estropea. La Iglesia dice: al menos una vez al año, preferiblemente antes de la Pascua, todo católico debe confesarse.
  • La confesión es como una ducha tras una larga caminata. Regresas muerto de cansancio a casa. El polvo de la calle se ha mezclado en tu sudor. Apestas, es imposible ir así entre la gente. Sin embargo, después de una ducha te sientes como nuevo. Tu piel puede volver a respirar. Vuelve el ánimo. Te pones ropa limpia y fresca.
  • La confesión es como el final feliz del viaje de un kamikaze. Pecar es como conducir en sentido contrario. Si quieres evitar un choque frontal, sólo tienes una oportunidad: ¡para el coche y da la vuelta!

Me preparo…EL MÉTODO R5

  • Reconocimiento: me doy cuenta de que la he fastidiado. (Ver más adelante “Examen de conciencia”)

Antes de decidirse a ir a confesarse y,  con ello, regresar a Dios, está el reconocimiento de que me alejado de Dios. Reflexiono sobre dónde he actuado de manera distinta a lo que Él desea. En esta investigación de tu interior te puede ayudar a un examen de conciencia.

  • Remordimiento: lo siento de verdad.

En realidad, la confesión solo tiene sentido cuando de verdad estoy arrepentido de mi fallo, siento de verdad lo que hecho. Si no es así, me puedo ahorrar todo los demás.

  • Reformar: mejor no lo vuelvo a hacer en adelante.

Esto significa que me tomo en serio comportarme de otra manera en el futuro. Porque cuando yo reconozco que algo no fue buena idea, pero a la vez que pienso volver hacerlo, no ha habido un verdadero arrepentimiento ni piensas reformar tu vida. Que yo vuelva a caer más tarde sin quererlo, es otra cosa. Se trata de tener un firme propósito en ese momento.

  • Relatar: confieso que he metido la pata (Ver más adelante “Rito de la confesión”)

Seguramente se trata del paso más difícil. Pero es importante que se digan los propios pecados, porque así nos libramos de barrer y esconderlo debajo de la alfombra como si no fueran importantes. Después de un relato sincero viene la absolución del sacerdote, ¡y ya está perdonados tu pecados!

  • Reparar: estoy dispuesto a repararlo, aunque posiblemente sea algo un poco incomodo.

Nuestra disposición de reparar aquellos daños materiales e inmateriales que hemos causado (al menos de forma simbólica) se muestra en la penitencia. La mayoría de las veces el sacerdotes  te pide que digas una oración como penitencia.

EXAMEN DE CONCIENCIA

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

No sólo es pecado cuando actúo con dureza de corazón, sino también cuando me miro a mí mismo y no me dejo amar primero por Dios. Si rechazo su amor sin límites, me vuelvo yo mismo insensible.

  • No es pecado disfrutar de las cosas hermosas de la vida, pero sí convertirlas en mis dioses y querer conseguirlas a cualquier precio.
  • No es pecado querer ganar mucho dinero, pero sí que el bienestar se convierta en todo para mí. Y tener miedo a perder mi vida si comparto y me compadezco de otros.
  • No es pecado reclamar mis derechos, pero sí abusar de mis derechos, volverme desconsiderado y duro de corazón o menospreciar los derechos de otros.
  • No es pecado sentir deseos e impulsos sexuales, pero sí dejarme dominar por mis instintos o utilizar a otros para satisfacer mis ansias sexuales.
  • No es pecado que haya personas que no me resulten simpáticas, pero sí tratarlas como si no fueran, como yo, hijos amados de Dios.
  • No es necesariamente pecado criticar a otras personas, pero sí hacerlo de forma irreflexiva o descuidada y con ello desacreditar o herir a otras personas.
  • No es propiamente pecado experimentar en mí la envidia, la ira o la alegría por el mal ajeno, pero sí no intentar superar estos sentimientos o dejarme llevar por ellos en mis acciones.
  • No es pecado hablar de otras personas, pero sí contar, de forma irreflexiva o malévola, cosas malas de otras personas.
  • No es pecado callar en situaciones de conflicto, pero sí callar cuando otros son humillados, calumniados o víctimas de mentiras.
  • No es pecado discutir con alguien, pero sí buscar camorra, no escuchar a otros, no ocuparme de ellos, negarme a la reconciliación.
  • No es pecado que mi corazón se quede vacío a menudo en la oración, pero sí que no valore el tiempo de oración o ni siquiera me tome la molestia de abrirme a Dios y escuchar su palabra.
  • No es pecado tener a veces dudas de fe, pero sí separarme de la comunión de los creyentes, no participar regularmente de la Eucaristía, dar más valor a lo terrenal que a lo espiritual.
  • No es pecado hacer planes para mi vida, pero sí no dejar espacio para mi fe en Dios, que no me interese el hecho de que mi vida está cada día en sus manos.

La familia…

¡Uf! Comentas que tus padres no te comprenden y están a la antigua, pero…

  • ¿Te has puesto en su lugar para comprenderlos?
  • ¿Cumples tus obligaciones (estudio, tareas, horarios, etc.) para con ellos?
  • ¿Colaboras en tu familia para que haya paz, amor y buenas relaciones?
  • ¿Eres obediente a tus padres y respetas a los mayores?
  • ¿Les exiges a tus padres más de lo que pueden darte (dinero, ropa, caprichos)?
  • ¿Cuándo intentan hablar contigo pasas de ellos?
  • ¿Te aprovechas de tus hermanos para endosarles el trabajo que tienes que hacer?
  • ¿Odias, envidias y tienes celos de tus hermanos?
  • ¿Vives el respeto, el amor, la fidelidad en tu familia?

Tus amigos/as, el prójimo…

  • ¿Tratas a los demás como quisieras ser tratado por ellos o utilizas a las personas según tu conveniencia?
  • ¿Los criticas cuando otros los critican?
  • ¿Los defiendes cuando otros los acusan de falsedades?
  • ¿Te haces el ciego y el olvidadizo para no ayudarles?
  • ¿Cumples la palabra que das?
  • ¿Dices mentiras de alguno de ellos/as?
  • ¿Los tratas como te gustaría que te trataran a ti cuando cometen un fallo?
  • ¿Los envidias cuando tienen algo que tú no tienes?
  • ¿Eres fiel a la verdad en las relaciones con los demás o te dejas llevar por las murmuraciones, los juicios infundados?
  • ¿Cómo vives la solidaridad con los pobres? ¿Eres sensible a las necesidades de quienes tienen menos que tú o te  despreocupas por completo de enfermos, pobres, ancianos, inmigrantes…?
  • ¿Te preocupas por los problemas de los demás?
  • ¿Cuidas las buenas relaciones con los demás?

Tu trabajo/estudio…

  • ¿Estudias y trabajas porque te obligan o porque quieres ser responsable y formarte?
  • ¿Estudias al final para los exámenes, porque no planificas tu tiempo y hay otras cosas más importantes que te roban el tiempo?
  • ¿Te has puesto en el lugar del profesor para comprenderle y entenderle?
  • ¿Eres valiente para hacer una crítica con razones que la justifiquen?
  • ¿Si hay un problema en el curso o trabajo, te pringas o te limitas a criticar destructivamente?
  • ¿Concibes tu estudio/trabajo como un medio de ayudar a los demás o sólo buscas tu propio provecho?

¡Ánimo, vamos bien, pronto acabamos!

Tú mismo…

  • ¿Analizas a menudo cómo eres y cómo vas?
  • ¿Te haces compromisos para cambiar?
  • ¿Eres amable, cercano, sensible y alegre con los que te rodean?
  • ¿Has sido soberbio y egoísta?
  • ¿Te sientes separado de alguien por riñas, disputas y peleas?
  • ¿Eres humilde para pedir ayuda a tus amigos, padres, catequistas, profesores?
  • ¿Buscas vivir en verdad?
  • ¿Has pecado de pensamiento, obra y omisión?
  • ¿Has procurado mantener tus pensamientos limpios y puros?
  • ¿Te has dejado llevar tras los deseos de tu cuerpo, mal uso de la sexualidad, exceso de bebida y el alimento?

Con Dios…

  • ¿Es Dios quien inspira tu vida o, por el contrario, te interesan otras cosas: el bienestar, la comodidad, el dinero…?
  • ¿Te acuerdas de Él sólo en los momentos difíciles?
  • ¿Tienes confianza en Él?
  • ¿Hablas con Él de tus cosas?
  • ¿Participas en la Misa del domingo?
  • ¿Con qué actitud participas en la Eucaristía?
  • ¿Te preocupas de conocerle más y más mediante la lectura de la Palabra de Dios?
  • ¿Cuidas la oración personal y comunitaria? ¿Te acuerdas de ofrecerle a Dios los trabajos, las dificultades y los gozos de cada día? ¿Le pides ayuda?
  • ¿Te preocupas por tu formación cristiana?
  • ¿Has faltado en dar ejemplo como cristiano ante tu familia, amigos, vecinos, parroquia…?
  • ¿Es Dios el centro y el motor de tu vida?
  • ¿Le hablas y lo consideras como un Padre bueno que te ayuda?

RITO DE LA CONFESIÓN

Ya has hecho el examen de conciencia…te has preparado para tu confesión…has invocado al Espíritu Santo para que te conceda una buena confesión, ¡ya está!

¡Adelante!

El sacerdote te saluda. Después es tu turno.

Saluda y haz la señal de la cruz :

Ejemplo de saludo: “Ave María purísima”/ “Bendígame Padre, porque he pecado” 

Nos santiguamos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Entonces, con estas palabras u otras parecidas, dice el sacerdote:

Dios, que ha iluminado nuestro corazón, te conceda un verdadero conocimiento de tus pecados y de su misericordia.

Tú respondes:

Amén.

¡Así, pues, es muy fácil!

Ahora tienes tiempo para tu confesión, por tanto, tiempo para acusarte de tus faltas. Suena estúpido, pero es intencionado. Debes reconocer tu culpa, no explicar tu inocencia. ¡Por tanto una verdadera acusación personal! Uau, hace falta valor para eso.

Deber decir simplemente a qué reconocimiento has llegado tras haber analizado tu vida en la presencia de Dios. Hay dos cuestiones fundamentales, ambas igualmente importantes.

La primera es la siguiente:

¿Que he hecho mal?

Y la segunda:

¿Qué obras buenas he dejado de hacer?

Un pequeño consejo: a veces pecamos más por lo que no hacemos que por lo que hacemos. Tenlo en cuenta en caso de que no te acuerdes de tus pecados.

Y siempre puedes utilizar tu hoja de confesión como ayuda.

Al final de tu confesión debes decir algo con lo que expreses tu arrepentimiento. Por ejemplo: Éstos son mis pecados. Lo confieso con arrepentimiento y humildad.

¡Ahora es el turno del sacerdote!

Él te puede formular alguna pregunta pero lo hará con todo cuidado y amabilidad. El sacerdote no pretende investigarte. Es tu confesión. El confesor ejerce en ti un ministerio divino. Quiere ayudarte a que reconozcas bien tus pecados y puedas expresarlo correctamente en palabras.

Luego te da un consejo espiritual, es decir, te dice a qué cosas le debes prestar especial atención.

El sacerdote te impone en este momento una pequeña “penitencia” que, generalmente, se trata de un determinado tipo de oración que deberás hacer tras la confesión. Esto debe ser un pequeño signo de penitencia por tu parte que expresa tu voluntad de reparar la ofensa que infligiste a Dios con tu pecado. Esta reparación forma parte del sacramento de la penitencia. También forma parte del sacramento que des lo mejor de ti para reparar los daños ocasionados por tu faltas. Por tanto, si has robado algo debes devolverlo (esto puede hacerse de forma anónima). Si has herido a alguien debes, al menos, pedir disculpas.

Después el sacerdote te puede conceder la absolución.

Dios, Padre misericordioso,

que reconcilió consigo al mundo

por la muerte y la resurrección de su Hijo

y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados,

te conceda, por el ministerio de la Iglesia,

el perdón y la paz.

Y yo te absuelvo de tus pecados

en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. 

Tu respuesta es: Amén. 

Para concluir, dice el sacerdote:

El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz. 

¡LO MÁS IMPORTANTE ES EL AMOR!

  • Dios perdona y “olvida” los pecados
  • ¡Olvídalos tú también!
  • ¡No te ancles en el pecado!
  • ¡Contemplar a Dios, que es amor!

La señal de los cristianos debe ser la alegría.

Dios no quiere que deambules como un tipo depresivo, que mira permanentemente sólo en el abismo de la propia alma. (Bernhard Meuser)

  •  ¡YA SE HA PAGADO POR TI!

Me imagino que estoy en el banco. Tengo mi pagaré conmigo. Voy a la ventanilla. Hay un señor amable, con una bonita corbata. Todo mi cuerpo tiembla mientras él ve mi pagaré. A continuación debo admitir que, lamentablemente, no puedo pagar mi deuda. Hasta el final…¿Qué hace el hombre en la ventanilla? Mira hacia arriba, me mira a los ojos con simpatía y rompe el pagaré hasta que sólo quedan pequeños pedacitos de papel. “No importa”, dice, “ya se han pagado por ti”. La confesión funciona así: “Ya se ha pagado por ti”: ¡Jesús pagó por mí” Sí, es realmente inconcebible, pero Dios tenía todo esto en mente hace dos mil años: comprar nuestra deuda.

Dios hace esto por ti. Dios es amor. Y el amor no es calcular ni buscar solo el propio beneficio.

El sacerdote es el hombre en el mostrador de la vida, nombrado para romper mi pagaré en nombre de Dios. Es triste ver cómo muchos fuera dan vueltas desesperados, utilizando métodos salvajes y supuestas “ofertas para una cura” para deshacerse de su pagaré, en lugar de ir simplemente al hombre del mostrador para que le rompa ese documento.

  • ¿Y SI VUELVO A CAER EN MI ANTIGUA VIDA?

Sí, puedo darme de bruces, en la medida en que vuelva a la lucha. Parece que, en un momento de distracción, me olvido de que mantengo un combate de boxeo con el mal y recibo de lleno un golpe que me tira al suelo. No es malo si caigo al suelo. El árbitro empieza a contar. Ahora es seguro. Dios me ayudará. ¡Me recupero! Por lo tanto, no tiene ninguna relevancia el número de veces que caigo, mientras quiera luchar y me vuelva a levantar.

Puedo vencer, porque creo en Dios. Y porque él cree en mí.

Entonces Jesús dijo a la mujer adúltera: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.” (Juan 8,11)

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