¡Es que ya no sé qué hacer!

  • VETE SERENA AL GRUPO

    Reza y presenta al Señor cada uno de los miembros de tu grupo. Descubre su faceta positiva. No van al grupo a “fastidiarte”. Llevan dentro un “mundo” de intervenciones familiares, sociales, ambientales que les habita y que te retan.

  • ACOGE

En especial a los que te resultan más difíciles. Recuérdales algo positivo de la reunión anterior, haz visible el amor que tienes a cada uno. Interésate no solo por la persona sino por el núcleo familiar, con prudencia, pero realmente.

  • COMPRENDE

El momento y la hora de la catequesis y el estado en el que los miembros llegan. No tengas miedo en perder unos minutos en hacer relajación para ganar muchos minutos. A veces vienen con sobrecargas de tareas y la catequesis parece una cuña más colocada a presión en la jornada de los niños.

  • CARTA MAGNA

Si al inicio del año has elaborado con el grupo una “Carta Magna”, sácala y léela de vez en cuando. En ella costatarán puntos clave de comportamiento, de respeto…Es una manera de invitarles a “cumplir lo pactado.”

  • PROCURA

No convertir la catequesis en una sesión de escuela. Para ello: cuida la colocación de las personas, la ornamentación del salón (los detalles son el contenido más importante y más revelador), el silencio, la metodología (no todo es memorizar, saber repetir…También cuenta la creatividad y la actividad). El momento de la oración es imprescindible, pero su lugar puede ser “el momento justo en que se produce algo que da pie para la oración en la marcha del grupo.” Está bien que comencéis orando o terminéis así, pero sin desaprovechar esos momentos que llegan “sin querer” en el desarrollo de la reunión.

  • APROVECHA

Las ocasiones para decir una palabra personal a cada participante. La puedes sugerir al oído, o ponerla escrita de tu puño y letra en el cuaderno del participante. Que siempre valore lo positivo.

  • SUGERENCIA

Da importancia relacional al momento antes del grupo y a los minutos después del grupo, antes de que regresen a casa. Que te perciban como la catequista amiga, ya sin el “rol” de catequista “oficial”. Y hazte “buscadora” (¡no solo encontradiza!) de los adultos responsables de los miembros de tu grupo. Sin relación, cualquier aspecto de la evangelización es mucho menos consistente. Humanizar la evangelización comienza por establecer “puentes de relación humana”.