Testimonio de Ana Vega Pastoral Penitenciaria

Estuve en la cárcel y vinieron a verme… Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mateo 25,36-40)

Para hablar de Ana Vega, hay que saber que desde su adolescencia ha sido una buscadora de Cristo. Él  ha ido a su encuentro, para que llevara la Buena Noticia, donde más necesario era en cada etapa de su vida.

Empecemos por el principio, su primer grupo, donde empezó a vivir su fe en comunidad. Este fue JMV (Juventudes Marianas Vicencianas), donde siguiendo a San Vicente de Paul, su fundador, sería el pasaporte para que  encuentre a Jesús entre los más pobres.

Siendo miembro de la Comunidad de la Parroquia de La Magdalena, ubicada en uno de los barrios más humildes de Jaén, el sacerdote de la misma le plantea bajar. Ella  junto con otras personas, a la prisión de Jaén, en fechas señaladas (Navidad: para celebrar el nacimiento de Jesús; Semana Santa, para vivir el Triduo Pascual…) Así sería como nacería la Pastoral Penitenciaría de Jaén.

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Pero claro no todo era tan fácil, ya que llevar a Dios dentro de los muros de una cárcel no es nada fácil. El “material humano” que te encuentras está muy dañado, tanto por ellos mismos como por la sociedad, son excluidos socialmente, señalados con el dedo y ellos mismos se menosprecian. Su autoestima esta por los suelos, y su sentimiento de culpabilidad es en casos extremo. Muchos son los perjuicios que tienen entre ellos mismo.

Claro sus preguntas e incertidumbres eran lógicas, con estas dos o tres mujeres que vienen de la calle… ¿A que vienen? ¿Qué pretenden? ¿Se creen mejores que nosotras?…Son algunas de las preguntas que las reclusas se hacían, cuando Ana y sus compañeras empezaron a visitarlas semanalmente.

Al principio, lo único que hacían era acercarse a ellas y preguntarles por la salud, por su familia y poco a poco se fueron ganando su confianza. De esta forma fueron formando un grupo bastante nutrido, que estaban dispuestas a escucharlas y a participar en los talleres que la Pastoral les ofrecía: Autoestima, valores o inteligencia emocional. Talleres con los que ellas debían empezar a conocerse y quererse a ellas mismas. También organizan pequeñas salidas para hacer turismo y convivencias, en las que siempre hay algún grupo externo (de alguna parroquia de la localidad que visitan) que los acogen y les preparan la comida o el café de la tarde, compartiéndolo todo sin tener en cuenta quien es quien.

Además de estos talleres la Pastoral Penitenciaria les ofrecen la posibilidad de prepararse para el Sacramento de la Confirmación. Para gran sorpresa de Ana,  prácticamente todo el grupo se une a la catequesis para la confirmación. ¡Parece increíble pero Jesús, va entrando a hurtadillas en los corazones de estas mujeres!

Ana y sus compañeras bajan a la cárcel, todas las semanas, dejando fuera sus vidas y los perjuicios que le impedirían cruzar esas puertas con barrotes, para tratar a las mujeres que viven allí sin juzgarlas y como lo que son: hijas de DiosImagen