YOUCAT Confirmación (X): La Eucaristía – sobre la generosidad de Dios


La Eucaristía – sobre la generosidad de Dios

¿Recuerdas tu Primera Comunión? ¿Cuándo fue? ¿Qué supuso para ti…?

Algunos jóvenes van de mala gana a misa. Hay quienes dicen: “No me gustan ni la música ni la gente”. Otros dicen sin más: “Me aburro soberanamente”. Y prefieren quedarse en la cama, sobre todo porque también hay muchos padres que tampoco van a misa. Consulta en el YOUCAT el “precepto del beso”.

“Donde  dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mt, 18,20)

  1. De niño me obligaban a lavarme.
  2. Las personas que se lavan constantemente no son más que 
hipócritas, que piensan que son más limpias que los demás.
  3. Hay muchos tipos de jabón. ¿Cómo puedo saber cuál es el 
adecuado para mí?
  4. Las centrales de abastecimiento de aguas sólo buscan nuestro 
dinero.
  5. He intentado lavarme, pero siempre me resultó aburrido y es 
lo mismo una y otra vez.
  6. En el cuarto de baño el ambiente es frío y aséptico.
  7. Ya me lavo en Navidades y en Pascua. 
¡Esto debería ser suficiente!
  8. Ninguno de mis amigos considera necesario lavarse.
  9. Realmente no tengo tiempo para lavarme.
  10. Quizás me lave cuando sea mayor.

Hay que tener, por tanto, muy buenas razones para poner esta cita en un lugar preferente de nuestra lista de prioridades.

En la celebración de la Eucaristía Dios nos hace el mayor regalo del mundo. Se da a sí mismo.
 A ti y a mí.

Los hombres nos complicamos a menudo muchísimo la vida con esto de dar y recibir regalos. Algunos regalos rayan en el chantaje. Y, con frecuencia, un regalo es una “cosa” de la que alguien se querría librar; le ha colocado un lazo alrededor y me lo ha regalado. Y ahora tengo yo esta cosa inútil. Por eso existen personas a quienes les disgusta recibir regalos. Dicen: “¡Prefiero comprarme yo mismo alguna cosa! Así sé lo que tengo y no estoy en deuda con nadie” o “No quiero tener que agradecer nada a nadie”.

Pregúntate si te gustaría vivir en un mundo en el que todo se reciba a cambio de dinero o por tener derecho a una cosa determinada. ¿Sería bonito que nadie regalara nunca nada? ¿Te haría feliz ya no poder idear algo con cariño para alguna persona? Podrías borrar la palabra “gracias” de tu vocabulario.

Un mundo así sería un horror. No sólo sería un mundo frío e inhumano: sería también un mundo ateo (= sin Dios).

Porque Dios sólo es capaz de dar. Ha creado el mundo libremente y por amor. A ti y a mí nos ha dado la vida. Cada día nos regala su cercanía. Si Dios no nos diera nada, estaríamos perdidos. Vivimos de sus dones, de su bendición. Los hombres siempre han sabido esto.

¿Los pequeños regalos mantienen la amistad?

Necesitamos las bendiciones: cuando el tiempo no es favorable, la cosecha se malogra y el hambre alcanza a la ciudad. Pero no sólo esto: los hombres pueden verse amenazados por enemigos. Epidemias y enfermedades pueden causar estragos. Por eso, en casi todos los pueblos y culturas se ofrecían sacrificios a Dios (o a los dioses). Se decía: No hace daño si nos llevamos bien con los “poderes de lo alto”. De forma que se tomaba algo de lo que era especialmente valioso —parte de la cosecha, a menudo las “primicias”, o las crías del ganado— y se ofrecía a Dios. Los aztecas (y no eran los únicos) ofrecían incluso sacrificios humanos al dios Sol. Veían cómo la imponente bola de fuego de color rojo sangre se ponía detrás de las montañas y temían que el sol divino no se levantara de nuevo si no era alimentado con sangre.

De modo que las ofrendas…

  • Por un lado podían ser un hermoso signo de gratitud al Dios que mantenía la vida y concedía bendiciones.
  • Podían ser, por otra parte, un intento desesperado de soborno, mediante el cual se confiaba mantener favorable a un cruel monigote llamado “dios”.

 

Dios: un maestro en el arte de regalar

Dios no es alguien que da y que espera celosamente ser correspondido con otro regalo. Lo único que Dios quiere de nosotros es nuestro corazón y nuestra gratitud.

Dios es el dador más desinteresado del mundo. Y el más generoso. El YOUCAT dice: “Dios no nos da nunca menos que a sí mismo” (pregunta 338). El mayor don de Dios es Jesús. Y la manera en la que Jesús mismo se ha hecho don para ti y para mí la llamamos “Eucaristía”.

“Eucaristía (del griego=acción de gracias)”, leemos en el YOUCAT, “se denominaba originariamente la oración de acción de gracias, que en la celebración eucarística de la Iglesia primitiva precedía a la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Posteriormente se aplicó la palabra a toda la celebración de la Santa Misa”. (YOUCAT, p. 123).

Cuando celebramos la “eucaristía” se realiza la gran acción de gracias a Dios de toda la creación. En la Santa Misa se dice: “En verdad es justo y necesario darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Nuestro Señor…”.

Desde la tierra asciende un único gran canto de júbilo hasta Dios. Jesús es el centro de este júbilo, él, que nos da su vida y orienta de nuevo a Dios a la creación redimida.

Cómo Jesús se nos ha regalado

Todo empezó, en realidad, cuando Jesús se puso en camino para celebrar la fiesta de Pascua en Jerusalén y tener allí la cena pascual. Esto no era nada extraordinario: todas las familias judías que se lo podían permitir, se trasladaban a Jerusalén para recordar en una fiesta la famosa noche del ÉXODO, en la que Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto.

Flashback:
 En aquella noche los israelitas recibieron el mandato de sacrificar un cordero de un año, sin mancha, y marcar con la sangre las jambas de las puertas. Donde el ángel exterminador encontrara la señal de la sangre, pasaría de largo.

En tiempos de Jesús existían unas normas muy precisas para la celebración de esta solemne cena pascual. El padre de familia o el cabeza del clan tenía en ella un papel destacado. Imaginémonos a Jesús en este papel:

  • El jefe tenía que pronunciar una “eucaristía”: una acción de gracias al “rey del mundo, que hizo brotar el pan de la tierra”.
  • Después tenía que bendecir un cáliz especial lleno de vino, dando gracias al Señor, “que creó el fruto de la vid”.
  • Tenía que sacrificar el cordero de un año, sin mancha.
  • Este cordero tenía que ser sacrificado a una hora establecida exactamente…
  • y además en el templo de Jerusalén.
  • 
La hora del sacrificio era el viernes de la pascua a las tres p.m.

 

Lee ahora la descripción que hace el evangelista Lucas de la cena que Jesús celebró con sus Apóstoles en Jerusalén.

El evangelista Juan subraya que la cena tuvo lugar un día antes de la Pascua. Si comparas las normas con el relato de Lucas y la indicación de Juan, ¿te llaman la atención los cinco “errores” de Jesús? ¿Qué fue lo que hizo mal?

Los cinco “errores” de Jesús

Por supuesto que Jesús no tuvo ningún “error”. Pero si descubrimos las cinco modificaciones, podemos suponer en qué consiste el don que Jesús nos preparó en el cenáculo y en su Muerte.

  • La primera modificación afecta al momento. Jesús celebró la cena de Pascua justamente un día antes que los demás. Es como si en Fin de Año celebráramos el Año Nuevo. ¿Por qué la celebró Jesús en el día que ahora conocemos como “Jueves Santo”? Bueno, el Viernes Santo derramó su sangre por nosotros a las afueras de la ciudad, desde la Cruz, alrededor de las tres p.m., para ser precisos. En el mismo momento en el que en el templo de Jerusalén corría la sangre, porque eran sacrificados miles y miles de corderos. Con esto Jesús quería decir: Yo soy el único sacrificio que reconcilio cielo y tierra.

 

  • La segunda modificación no se lee expresamente en el texto, pero la podemos ver en muchos cuadros de la Última Cena: ciertamente Jesús celebra la cena con pan y vino. Pero no hay ningún cordero. La Pascua sin cordero: esto no es posible. A no ser que Jesús mismo sea el cordero. ¿No había dicho Juan del Bautista, cuando vio a Jesús por primera vez, “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”? Y ¿qué profecía de Isaías se sabía todo judío? “Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”.

  • La tercera modificación consiste en la forma en la que Jesús actuó con el pan y el vino. Del pan dijo: “Esto es mi Cuerpo”. Y del vino dijo: “Esto es mi Sangre”. Desde entonces esta transubstanciación se da en cada Santa Misa. Se trata ante todo de transformación, de transformación de toda la creación, también de mi transformación de un ser mortal y pecador en un ser que ya no muere más. Pero ¿por qué comienza con pan? Porque Jesús quiere ser el nuevo maná en el desierto (el alimento “para la vida eterna”), con el cual se puede sobrevivir a la muerte. ¿Y por qué con vino? “Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos”, dijo Jesús en una ocasión. “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Su Sangre debe latir en nuestras arterias como vino que vivifica. “Nosotros mismos”, dice el papa Benedicto XVI, “debemos llegar a ser Cuerpo de Cristo, sus consanguíneos” (21 de agosto de 2005, JMJ Colonia).

 

  • La cuarta modificación consiste en que Jesús puso la fracción del pan en relación consigo mismo: Así como era necesario partir ese pan para repartirlo entre todos, igualmente pasaría con él; su cuerpo sería quebrado, “entregado por vosotros”. Daría hasta su última gota de sangre, “derramada por vosotros”. En el evangelio de san Juan dice Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.

 

  • La quinta modificación consiste en que Jesús quebrantó la cena pascual cuando dijo: “Haced esto en memoria mía”. La Pascua de los judíos era una memoria sagrada de Dios, el libertador de Egipto. Ahora Jesús, o bien se colocaba en lugar de Dios (y con ello, a los ojos de los judíos, cometía un crimen digno de muerte), o era el Hijo de Dios, que comenzaba un acto de liberación aún mayor que lo que supuso la salida de Egipto: él murió para que nosotros ten- gamos vida.

De esta forma, de la cena pascual de Jesús surgió el núcleo de la Santa Misa, en la que Jesús se nos da siempre de nuevo.

 

¿Y qué ganamos con ella?

Hay una pregunta recurrente en torno a los regalos: ¿Qué gano yo con esto? Respecto a la Eucaristía el YOUCAT nos da una buena respuesta.

Hace poco tiempo le preguntaron unos jóvenes a un sacerdote si tenía una explicación sencilla para la Eucaristía. “Sí la tengo”, les dijo, “es como en el matrimonio. Lo más profundo que pueden hacer los dos es entregarse mutuamente sus cuerpos y sus sufrimientos. Y quizás son los sufrimientos que ambos han soportado juntos y el uno por el otro, lo que los une más íntimamente. En la Eucaristía sucede lo mismo. Jesús me dice: Te doy mi Cuerpo —ésta es mi vida— y te doy mis sufrimientos. Y yo le digo a Jesús: ¡Yo también quiero darte mi vida y mis sufrimientos!“. Los jóvenes se quedaron pensativos. Y el sacerdote añadió: “Así sucede cada día, cuando celebro la Santa Misa”.

Una historia de contrabando

En el año 2011 fue beatificado Johannes Prassek, un sacerdote de Lübeck, que fue ajusticiado por los nazis por “favorecer al enemigo traicionando a la patria”. En los meses de prisión lo que más añoraba era la Eucaristía. Finalmente, una persona valerosa se atrevió a meter de contrabando en la cárcel un par de formas y algo de vino, ocultos entre otros alimentos, para el joven sacerdote. “¡Si usted supiera”, escribió Prassek contestando a este presente, “lo que me he alegrado! Por la comida, claro está; pero aún más por las formas y el vino. He llorado como un niño pequeño. Ahora celebro aquí cada mañana la Eucaristía, de forma tan sencilla, que ni siquiera en las catacumbas se daba así: un salero es el cáliz, un pañuelo el corporal. Sólo un par de gotas de vino y un pequeño trocito de hostia, para que ambos alcancen para muchas veces. Le agradezco mucho que tuviera usted el valor de pensar en algo así”.

Johannes Prassek avanzó hacia la muerte, pero tenía un remedio contra la muerte y el miedo: el “pan de la vida”, Jesús.

RESUMIMOS…

  • Jesús quiere acercarse a nosotros en la Eucaristía.
  • Jesús está presente en la Misa y, especialmente, en la Sagrada Comunión.
  • ¿Qué significa el rechazo a la “invitación”? Es un signo de que en la amistad hay una crisis y se quiere vivir separado del otro.
  • YOUCAT 216 – ¿De qué modo está presente Cristo cuando se celebra la Eucaristía?
  • YOUCAT 217 – ¿Qué sucede en la Iglesia cuando celebra la Eucaristía?
  • En la comunión tomamos parte de Jesús y nos convertimos en “Cuerpo de Cristo” y nos unimos con los demás.
  • Cuando nos presentamos a nosotros y nuestra vida cotidiana a Dios en la Misa, nos transforma también a nosotros y nos da fuerza para nuestro compromiso de transformar el mundo según su voluntad.

ORACIÓN

Señor Jesucristo, en la Eucaristía te nos regalas, porque quieres estar cerca de nosotros. Ayúdanos a entender cada vez más este Misterio y danos la fuerza para aceptar tu invitación, incluso aunque no tengamos ganas.

Amén.