CAMPAMENTOS 2018 – Testimonio de Julio Jesús

CAMPAMENTOS 2018 – Testimonio de Julio Jesús

Eran las 8,14 del viernes 6 de junio cuando Asun me llamó al móvil. Habíamos quedado temprano para darme una autorización y así poder acceder a San Ildefonso con el coche. Al final no era necesario coger nada, pero desde temprano estábamos todos ya con el gusanillo en el cuerpo esperando, pues a las 9 de la mañana salía el autobús con un total de 55 entre niños y adolescentes, hacia la  Casa de Espiritualidad de San Juan Pablo II, en la Zubia, Granada.

Eran los campamentos de los grupos Kairós, de San Ildefonso y San Félix de Valois. De nuestra parroquia, San Félix, íbamos un total de 19 personas: 5 mayores y 14 entre niños y adolescentes.

Lo primero que vimos es como entre los chavales había una muy buena armonía que duró durante todo el  campamento.

Al llegar allí nos atendieron dos hermanas que están al frente de la Casa de Espiritualidad magníficamente. Habitaciones dotadas con baño individual, un gran comedor y esplendida cocina.

Los chavales fueron distribuidos en habitaciones dobles, un adolescente con un niño, y una vez alojados a empezar con las actividades.

El esquema de todos los días perfecto:

Tras levantarse, oración. Después desayuno y alguna actividad o taller. A las 13 horas comida. Por cierto antes de cada comida, una oración de acción de gracias, cantada:

“Por este pan, por todo don te alabamos, te alabamos. Por este pan, por todo don te alabamos, Señor.

Gracias, Señor, (aleluya) por este pan (aleluya) que Tú nos das (aleluya). Gracias, Señor.”

Por la tarde otro taller, merienda y piscina. Ducha, cena y un juego y a la cama.

Una experiencia que nos llenó de alegría y estímulo, por lo agradecido que es trabajar por su bienestar, por su formación. Que satisfacción el ver esas caras felicidad.

Sensación de satisfacción al ver que entre ellos y sobre todo con los monitores, existía un respeto y obediencia perfecta. Tanto los niños como los adolescentes, participando de forma activa, en una comunión perfecta, con una convivencia que es digna de resaltar.

Hemos vivido con ellos partes de estos momentos y los hemos podido ver ilusionados creando y forjando nuevas amistades. Estos días han sido especiales para muchos de ellos y han aprendido muchas cosas. Entre ellas a cuidarse y respetarse mutuamente.  A ver a Jesús como compañero, como un amigo. Además de haber hecho amistades que nunca olvidarán… Ahora mismo muchos de ellos siguen quedando para seguir viviendo y recordando esos y nuevos momentos, van a la piscina, meriendan, quedan a cenar etc.

Veo y entiendo que se han dado cuenta en este fabuloso encuentro, que pertenecen a esa familia que es la iglesia y de momento siguen ayudándose unos a otros. Esperemos que esta semilla sembrada dé fruto.

Al final de esos tres días, estábamos cansados. No sabíamos por qué exactamente, pero ahora, después de estos días, sabemos qué fácil es hacer felices a unos chavales, que reunidos en tormo de una ilusión (sus vacaciones sin padres) y con un fin común, vivir la fe en Dios, nos ha hecho sentirnos misioneros de la palabra de Dios entre los jóvenes.