CUARESMA es… CAMINO hacia la PASCUA

CONVERSIÓN

El Camino es Conversión

Conversión” significa “cambio de mentalidad”, la mentalidad es la raíz de toda conducta.

En la Cuaresma los cristianos nos preguntamos:

¿He de dar un cambio a mi vida?

¿Pero qué cambios necesito?

Si no pienso la vida (las personas, el trabajo, las cosas…) como Jesucristo lo propone en su Evangelio, buscaré convertirme a la mentalidad (una forma de ver las personas, el trabajo, las cosas…) de Cristo Jesús.

Convertíos a mí de todo corazón… He venido a llamar a los pecadores para que se conviertan…

  • La Meta es la Pascua

Pascua es “paso”. La Pascua de Cristo es el paso de la muerte a la vida resucitada. 

Este paso a una vida nueva lo vivimos ahora en nuestro camino de conversión.

  •  La Conversión hace “daño”

Una conversión auténtica llega al fondo de nuestro “corazón”.

No se contenta con pequeñas cositas, pequeños arreglos…

El “convertirse”, que es “morir con Cristo para resucitar con Él”, debe entrar con decisión hasta lo más profundo de nuestro ser. Y reformar. Cortar. Cambiar.

Y nos dolerá. Nos será costoso.

Para nuestra conversión necesitamos dos cosas previas:

1.- Suplicar al Señor un verdadero conocimiento de nosotros mismos. Tendemos a ocultarnos; a buscar una buena imagen nuestra ante los demás; a quedarnos en la superficie de lo que nos pasa. Nos ocultamos de nosotros mismos.

Al vivir la Cuaresma miramos al espejo que es Cristo; nos comparamos con Él y nos preguntamos: ¿qué nos falta?, ¿qué nos sobra?

2.- Suplicar al Señor la fuerza espiritual para cambiar. Y es que nos damos cuenta de que queremos ser distintos y no podemos. Necesitamos la fuerza del Señor, su Espíritu en nosotros.

Al vivir la Cuaresma reconocemos que estamos llamados a ser personas nuevas, liberadas del pecado y de la muerte.

EUCARISTÍA:  EL PAN PARA EL CAMINO

El centro de nuestro cada día de Cuaresma puede ser la Eucaristía.

En la Eucaristía nos suceden varias cosas:

1.- Avanzamos en el conocimiento de Cristo. Conocemos más a Jesucristo, sus palabras y su vida.

2.- Amamos más a Cristo. Y es que cuando más lo conocemos, nos resulta más atrayente.

3.- Nos vamos identificando con Él. Pues al comulgar de Él nos vamos transformado en Él, vamos siendo y actuando como Él.

La entrega de Jesús al Padre para bien de todos será nuestro modo de andar el camino de la vida.

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ORACIÓN: CUARENTA DÍAS DE RODILLAS

La oración, espacio de silencio ante Dios, es decisiva en la vida de un cristiano.

Habría que buscar, en esta Cuaresma, momentos para hacer presente ante el Señor nuestras ansias y esperanzas de cada día, nuestra petición de ayuda y de perdón, nuestro deseo de fidelidad al Evangelio. Dependerá de las posibilidades de tiempo y de tranquilidad de cada uno, pero en cualquier caso habría que esforzarse por encontrar esos espacios.

Otra forma muy útil de oración consiste en la lectura de los evangelios o de los salmos. Podemos leer el Evangelio de cada día.

La lectura de la Palabra de Dios, es decir escuchar al Señor, nos lleva a hablar con Él.

Orar es hablar “con quien sabemos que nos ama”.

Y la reforma que deseamos vivir en la Cuaresma no se puede realizar sin hablar con Dios.

Orar por uno mismo para que el Señor nos de su luz (para ver nuestra realidad) y su fuerza (para que podamos salir de situaciones y actos de pecado).

Orar por los que sufren tanto dolor por tantas cruces que soportan.

Orar por los egoístas y malvados que hacen de la vida un infierno.

¡Cuanta dignidad y fortaleza nos trae el hincarnos de rodillas ante el Señor en el Sagrario

CÓMO ORAR SENCILLAMENTE

1.- Toma cinco minutos cada día para estar a solas y en paz.

2.- Habla con Dios con naturalidad y cuéntale lo que te preocupa.

3.- En tu trabajo diario, en cualquier momento, habla con Dios en un par de segundos.

4.- Convéncete de esta verdad: Dios quiere bendecirte. Y tú tienes que dejarle espacio en tu “corazón”para que Él actúe.

5.- Cuando ores, deja todo en las manos de Dios y tú pídele fuerzas para hacer lo posible, lo demás déjalo en sus manos.

6.- Pide por los que no te quieren bien o te han tratado mal. Experimentarás la paz. Pide por otros. Así serás más libre.

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UN AYUNO MUY ACTUAL

La Cuaresma además nos estimula un trabajo personal de ayuno.

El ayuno cuaresmal tiene un contexto mucho más radical que la simple abstinencia de alimento. Es el ayuno del hombre viejo. El ayuno del pecado. La renuncia a los propios caminos para abrazar los de Cristo.

Este es el ayuno principal: la lucha contra el pecado en nosotros mismos.

Si uno se priva de un plato de carne, pero no de su rencor y de su deseo de venganza, se ha quedado meramente en la superficie de su ayuno. Si sacamos dinero de la cartera para dar una limosna, pero no sacamos del corazón el odio al hermano, o la soberbia, no hemos progresado gran cosa.

Buscamos la renovación interior que irá acompañada y favorecida por una austeridad exterior que en la práctica puede adoptar muchas formas.

Son muchas las apetencias, no necesarias, que podemos negarnos en la Cuaresma. Porqué vivimos en una civilización que funciona teniendo como ídolo el consumo, la facilidad y el confort, y que como consecuencia anula la capacidad humana de esfuerzo, de creatividad, de búsqueda.

Quien no quiere renunciar a nada, quien se concede a sí mismo todo en la comida, en la diversión, en el placer, es señal de que no se ha puesto en ambiente de conversión pascual.

El privarse de algo es signo de nuestra vuelta a lo esencial en la vida: Dios y sus caminos. Lo demás es todo relativo. El ayuno subraya esta relatividad de las criaturas, mientras rinde homenaje a Dios.

Tal vez hoy día lo que más nos estorba a un sano recogimiento y a una agilidad espiritual no son tanto los alimentos, cuando las imágenes y la palabrería. Una discreta renuncia a espectáculos, a lecturas, a tantas cosas que nos ofrece la sociedad de consumo, pueden ser todavía más útiles que los sacrificios en la comida, en el tabaco o en los dulces.

Se puede, pues, adaptar el “ayuno”, pero valorando siempre más esta base radical de renuncia a lo que no es Cristo en nosotros para convertirnos a Dios.

Una señal de un buen ayuno es que el ayunar nos capacita para ayudar a otros.

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LA LIMOSNA NECESARIA

Tres modos posibles de ejercer la limosna necesaria:

1.- Hemos de plantearnos seriamente, con motivo de la Cuaresma, nuestra propia aportación a las acciones de servicio a los necesitados, a través de las distintas instituciones que trabajan con ellos, Caritas, por ejemplo. Y sin engañarnos con el argumento de que nosotros también tenemos muchos gastos. Apoyar la mendicidad no es buena acción.

2.- Además la limosna tiene también otro nivel: la limosna de tiempo. Es decir, el dar una parte del propio tiempo como servicio para alguien que lo necesite: sea ayudado a una persona que vive sola, o visitando a un enfermo o a través de alguna institución que pida voluntariado. Y también, ayudando en campañas de sensibilización …

3.- Finalmente, está también un tercer nivel: el que se refiere a las causas de la pobreza y de la desigualdad social. Limosna será también trabajar para que esta sociedad y este sistema cambien, de modo que no aumente cada vez más la separación entre los que tienen y los que no tienen. Lo que significa plantearse y actuar en la organización económica, social, política. Por lo menos, si no hay otras posibilidades, permaneciendo atentos, informados, sensibilizados ante el tema, discerniendo cristianamente la realidad social, económica y política.

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LA CONFESIÓN PASCUAL

En la lucha contra el pecado, contra todo lo viejo y anticristiano que hay en nosotros, la Reconciliación/Penitencia nos orienta, nos da la fuerza, nos proporciona una ocasión magnífica para someter nuestra existencia de pecadores al juicio y a la misericordia de Dios, que es el que en definitiva nos tiene que transformar.

Dios nos ama sin medida y por esto celebramos y recibimos su perdón y renovación en el sacramento de la Penitencia.

Este sacramento renueva la vida cristiana en nosotros y nos introduce en la Eucaristía.

La preparación cuidadosa de la confesión en este tiempo, ya desde su inicio, debe ser una de nuestras intenciones cuaresmales.

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CUARESMA EN FAMILIA

Podemos hacer pequeños signos de Cuaresma en familia. Pueden ayudar durante este tiempo colocar una Cruz en un lugar visible de la casa y besar la cruz en algún momento del día.

Otra señal sería colocar la Biblia o los Evangelios abiertos en un lugar de la casa.

La familia podría tener un momento sencillo de oración, según el momento que parezca mas fácil: en la comida, en el domingo…

La familia puede aceptar una “penitencia familiar”comunitaria: un pequeño gesto simbólico de austeridad, con ahorro económico que luego revierta en alguna obra de ayuda a los demás.

La familia puede hacer alguna vez durante la Cuaresma el Vía Crucis en casa ( a continuación aparece un mielo de Via-Crucis); aprovechando el espacio de oración que se haya podido crear en torno a la Cruz.

La familia puede preparar comunitariamente en casa la celebración sacramental de la Penitencia antes de Pascua y así hacer el examen de conciencia entre los esposos y con los niños (Proponemos a continuación unos modelos de examen de conciencia para adultos, adolescentes y niños)

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EXAMINO MI VIDA

 1.- Examen de conciencia para niños

¿Quiero a Dios que es “Padre de bondad infinita”y me acuerdo de hablar con él?

¿Voy con alegría a la Misa del Domingo o la abandono fácilmente?

¿Me preocupo de hacer felices a los que me rodean: mis padres, mis hermanos y mis amigos?

¿Obedezco a mis padres, hago el bien a mis hermanos y amigos?

¿He faltado a la caridad con el prójimo: no ayudando cuando lo necesita, riéndome de sus defectos, deseando que le pasen cosas malas, etc.?

¿Me peleo y me enfado con frecuencia?

¿Hago pronto las paces?

¿Soy rencoroso o perdono si me hacen algo mal?

¿Atiendo en las clases, hago los deberes, estudio lo necesario?

¿Trato con respeto a mis amigos, a mis profesores y a las demás personas mayores?

¿He maltratado a alguien de palabra o de obra?

¿Digo siempre la verdad -a mis padres, profesores, amigo … – o miento?

¿Hago trampas en los juegos?

¿Devuelvo las cosas que no son mías?

¿Pido al Señor por todos los que sufren ya se en su cuerpo o en su espíritu?

¿Trato bien las cosas?

¿Soy caprichoso con la comida o en la ropa?

2.- Examen de conciencia para jóvenes           

  • Mi relación con Dios y conmigo:

¿Lo tengo presente en mi vida? ¿Hablo con Él?

¿Participo del gran encuentro cristiano del Domingo?

¿Me preocupo por formarme mejor en la fe cristiana?

¿Soy sincero, amable, respetuoso, sacrificado, o me dejo llevar por el egoísmo? ¿Respeto mi cuerpo, que es “templo del Espíritu”?

  • Relación con los demás

¿Me preocupo por el bien de los demás o sólo pienso en mí?

¿Intento imponerme sobre los demás y no acepto su forma de ser?

¿Soy capaz de perdonar?

¿Soy verdadero con los demás y así mis relaciones son transparentes y limpias?

¿Soy generoso?

¿Me dejo dominar por la crítica y la amargura con otros?

¿He estado dispuesto a perder algo de lo mío por le bien de otros?

  • Mi vida de estudio o trabajo

¿Dedico al estudio el tiempo y la atención necesarios?

¿Me esfuerzo por el trabajo bien hecho?

¿Mantengo buenas relaciones con los compañeros?

¿Me domina la pereza y la vulgaridad?

¿Soy responsable de forma que quiero hacer crecer los dones que Dios me ha dado?

  • Con mi familia

¿Hago lo posible para que en mi familia haya una relación de cariño, ternura y respeto?

¿Acojo con respeto a mis mayores?

¿Me aprovecho de mi familia y aporto muy poco a la vida en común?

¿Me sacrifico por mi familia?

  •  En relación al bien común

¿Cuido las cosas comunes: lugar de estudio, mi ciudad, el campo…?

¿Estoy interesado por los problemas sociales y busco colaborar en algo? ¿Estoy cerca de los que de algún modo lo pasan mal?

 3.- Examen de conciencia para adultos

Puedes comenzar esta preparación leyendo el Evangelio de S. Lucas 15, 17-24

Y después puedes hacerte estas preguntas (u otras que mejor te hagan mirar tu vida) y pensar en ellas. Puedes hacerlas tranquilamente en varios días.

  • Examen de conciencia

¿Amo a Dios, me siento verdaderamente hijo suyo? ¿siento la preocupación, como buen hijo, de conocer y cumplir su voluntad? ¿hablo con Él cada día? ¿leo con frecuencia la Palabra de Dios, sobre todo el evangelio? ¿participo en la Eucaristía del domingo, día del Señor, como centro de toda mi vida cristiana? ¿ayudo a otros a conocer a Cristo Jesús y a alegrarse de la salvación que nos ofrece?

¿Cómo trato a los demás? ¿tengo buen corazón, o me encierro en el egoísmo? ¿soy capaz de perdonar o conservo el rencor durante mucho tiempo? ¿trabajo por crear un clima de paz en mi propio ambiente? ¿tengo capacidad de diálogo con los demás, empezando por mi familia o comunidad? ¿respeto los derechos de los demás? ¿colaboro en los trabajos de la Iglesia y la parroquia? ¿soy delicado en mi conducta, a fin de no dar nunca mal ejemplo y escandalizar a los que viven conmigo?

¿Soy capaz de entrar en mí mismo, como el hijo pródigo, y de hacer autocrítica, reconociendo mi pecado? ¿cumplo con mis deberes en el trabajo? ¿soy exigente conmigo mismo, y fiel a las promesas del matrimonio o de mi vocación religiosa? ¿domino mi orgullo y mi afán de poseer cosas? ¿amo la verdad, o me dejo manipular por el interés o la mentira? ¿soy limpio de corazón o me arrastran los múltiples estímulos de este mundo?

  • Final. Acción de gracias

Quédate unos momentos en la iglesia, después de acoger la misericordia de Dios en el sacramento de la Reconciliación/Penitencia .

Si la obra penitencial que te ha indicado el confesor es una oración, rézala ahora con tranquilidad.

Da gracias a Dios por su bondad. Puedes decir esta oración:

Dios omnipotente y misericordioso, que no abandonas al pecador sino que, como el padre al hijo pródigo, lo acoges con amor de Padre. Tú aceptaste la entrega generosSin títuloa de tu Hijo en la Cruz, y, al resucitarle, nos mostraste tu perdón y tu amor.

Tú nos das tu Espíritu de gracia y de vida para hacernos hijos en tu familia y herederos de tu vida eterna. Ayúdame a vivir como hijo tuyo, según el estilo de Jesús. Amén

VIA CRUCIS

Oración inicial

Señor Jesús, vamos a recorrer contigo las estaciones de tu agonía y tu muerte. Y vamos a contemplar, con esperanza, tu Resurrección.

Ayúdanos a comprender un poco mejor, a amar un poco más, para que después de meditar sobre estas quince estaciones de tu Pasión salvadora, nosotros mismos nos decidamos a dar algo más de nosotros. Amén.

 1.- Jesús es condenado a muerte

Estás totalmente solo.   Ningún amigo te ayuda. Nadie va a defenderte.
El pueblo te abandona, los jefes no buscan la verdad, todos tienen motivos para condenarte.
Has gastado toda tu vida ayudando a los demás, haciendo milagros, curando y haciendo favores a todos.
Y ahora te van a matar.
Cuando yo sea tratado injustamente ayúdame a ser fuerte y mantenerme fiel a tu voluntad.
 

2.- Jesús carga con la cruz.

En el momento en que cargas con la Cruz sobre tus hombros, ya sabes con seguridad que no te la quitarán hasta que te encuentres clavado a ella en el monte Calvario.
Pero la aceptas igual.
La cruz en nosotros son todas nuestras dificultades y nuestros errores.
La cruz no es nada fácil, pero es algo que forma parte de nuestra vida humana.
Señor te prometo que intentaré llevar la cruz cuando me la envíes Tú.
Hay veces que uno es bueno y por ser bueno le viene una cruz.
Señor, que viva la cruz por amor.

3.- Jesús cae por primera vez

Has perdido mucha sangre, oh Cristo, por el brutal trato que has recibido.
Estás débil y a punto de desmayarte de dolor. Y ahora caes al suelo.
Nadie parece dispuesto a ayudarte, tampoco.
Los soldados te dan empujones y patadas; te gritan que te levantes y sigas caminado.
Caes de debilidad pero de alguna manera logras encontrar fuerzas para levantarte y seguir tu camino.
Sigues con lo que has empezado. 

4.- Jesús encuentra a su Madre

En medio de los gritos y los insultos que te dirigen tantas personas, finalmente encuentras a alguien que te quiere bien y que siente dolor por ti.
Es tu Madre.
Ella no puede hacer mucho para detener tu sufrimiento, pero te dirige una mirada que te muestra que está sufriendo contigo, y eso te ayuda en tu camino. Alguien te ama y te entiende.
Tu Madre, llena de dolor, sabe la gran injusticia que cometen contigo.

5.- Simón ayuda a Jesús a llevar la Cruz

Los soldados tienen miedo de que no seas capaz de llegar hasta el monte, para la crucifixión. Estás cada vez más débil. Por eso agarran a un hombre de la multitud, un hombre llamado Simón de Cirene y le obligan a llevar tu cruz durante un rato. El no quiere, pero le obligan.   A él le gustada más bien estar allí, mirando, viendo lo que pasa. El no había venido para ayudarte: pero ahora está llevando tu Cruz.

6.- La Verónica seca el rostro de Jesús

De repente se detiene la marcha hacia el Calvario.
Una mujer se adelanta. Su nombre es Verónica.
Toma un lienzo de tela y te seca la cara, para quitarte el sudor y la sangre.
Te ofrece un poco de alivio. Y para premiar su bondad, Tú haces que en la tela quede impreso tu rostro ensangrentado.
A pesar de que estás a punto de morir, sigues haciendo el bien a todos.

 7.- Jesús cae por segunda vez

Es la segunda vez que has caído en el camino de la Cruz.
Esta vez te costará más levantarte.
El peso de tu cruz se te hace cada vez más pesado.
Pero te esfuerzas y pronto estás de nuevo en pie, para continuar tu marcha, la marcha que te llevará a tu muerte y a nuestra salvación.

8.- Jesús se encuentra con las mujeres

A lo largo del camino que Tú sigues, hay un grupo de mujeres que te están contemplando. Cuando pasas junto a ellas, te das cuenta que están llorando. Te detienes un momento para dirigirles tu palabra. Quieres darles un poco de alivio para su dolor.
Así eres Tú, Señor. Otros lloran por Ti y Tú te paras a consolarlas, a ayudarles.
No te fijas en tu dolor, Y miras el sufrimiento de otros.

9.- Jesús cae por tercera vez

Te estás acercando al monte Calvario.
Y una vez más caes bajo el peso de la cruz.
La cumbre de esa colina significa el final de tu vida humana, pero es también el lugar en que vas a salvar a la humanidad, cumpliendo la voluntad de tu Padre.
Sobreponiéndote a la debilidad que ha llenado tu cuerpo, la vista de esa montaña te da las fuerzas que necesitas para levantarte una vez más y seguir tu camino.   Te levantas. Coges tu Cruz. Sigues.

10.- Jesús es despojado de sus vestidos
Los soldados te quitan el manto que te habían puesto después de haberte azotado en casa de Pilato.
Las heridas se te abren de nuevo y todo tu cuerpo está lleno de sangre y heridas.
Los soldados se reparten tus ropas. Ya no te queda nada.
Ya estás desnudo, como cuando naciste en Belén de tu Madre bendita.

 11.- Jesús es clavado en la cruz

Estás ahora extendido sobre la cruz y los soldados han empezado a clavarte los gruesos clavos en tus manos y en tus pies, cosiéndote al madero.
Todos se ríen de ti.
Parece que el odio y le violencia han vencido.
Todos parecen haberse vuelto locos. Tú no les has dado más que amor y bondad, y todo lo que te ofrecen ahora son unos clavos traspasando tus manos y tus pies.
¿Qué nos pasa, Señor, para que no seamos capaces de aceptar tu amor?
¿Qué nos pasa, Señor, para que te llevemos a la cruz?

12.- Jesús muere

Señor Jesús mueres en la Cruz.
Parece que nuestra maldad ha podido contigo.
Parece que vencemos a Dios llevando a su Hijo a la cruz.
¿Qué te diré?
Voy a hacer silencio durante unos momentos para mirarte crucificado y hablarte con mis palabras, desde dentro, y decirte cuáles son mis sentimientos y mi amor por Ti (Silencio)

13.- Jesús es bajado de la cruz

Ahora unos amigos te bajan, ya muerto, de la cruz.
Te colocan en los brazos de tu Madre y te limpian de toda tu sangre y suciedad.
¡Qué dolor el de tu Madre, viéndote así!
Te tratan con todo cariño.
Pero tu Madre sabe que la fría muerte no va a reinar.
Reinará la Vida.
De tu muerte brotará la vida. La vida de Dios que nos librará de la muerte.
 

14..- Jesús es enterrado

Eres colocado en tu sepulcro.
Echan a rodar la gran piedra en la entrada y allí quedas encerrado.
Pero nadie puede encerrar a quien es la Vida.
Yo sé que en tres días Tú vas a resucitar.
Y amanecerá un día nuevo para toda la humanidad.
Pero mientras ese día llega, hemos encerrado a muchos, Señor, y no les hemos ofrecido nuevas posibilidades de vida.

15.- El Crucificado esta Vivo, ha resucitado

Hace veinte siglos se oyó una voz: el Crucificado está Vivo.
El amor de Dios es más fuerte que nuestras muertes.
Nada nos puede apartar del amor que Dios nos tiene.
No quedaremos vencidos por la muerte.
Resucitaremos con el Señor Jesús.
El mal, el egoísmo, la violencia, el desamor no van a triunfar.
El mundo entero puede estar alegre.
Dios nos espera y nos dará unos cielos nuevos y una tierra nueva, donde reine la justicia y la santidad verdaderas.

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