Meditación: LA PASCUA DEL SEÑOR

 Dias tensos
La noche de la despedida
Lo recibido y transmitido
El lavatorio los pies
El amor hasta la muerte
El poder de las tinieblas

Tres días tensos
Desde que Jesús entróaclamado en Jerusalem las cosas se han puesto muy mal para él.

Se atreve a calificar al templo como “cueva de ladrones”y no es “casa de oración para todos los pueblos”(Mc 11, 11ss)

Al atardecer salía fuera de la ciudad (Mc 11, 20, Lc 21, 37)
Y los sumos sacerdotes y los letrados buscaban eliminarlo pero la gente le buscaba y estaba pendiente de lo que decía (Lc 19, 47s)
Con la parábola de los dos hijos… dice que los publicanos y las prostitutas hacen la voluntad de Dios pero los “sumos sacerdotes y ancianos del pueblo “no (Mt 21, 28-32)
Parábola de los viñadores que matan al heredero… (Mt 21, 33ss)
Los   que no quisieron ir al banquete de la fiesta ( Mt 22, 11ss)

La noche de la despedida
El círculo se ha ido cerrando en torno a Jesús… El desconcierto de los discípulos debía ser muy grande. y … ¿cuáles serían los sentimientos de Jesús?
Y aquella misma noche todo explotaría en el dolor y la oración de Getsemaní.

Pero sin duda que por encima de todos los sentimientos hay uno que lo aglutina todo: un sentimiento de fortísima amistad, de fortísimo cariño y amor mutuo, de adhesión profunda del alma (“Vosotros sois mis amigos…”). Pero luego, a la hora de la verdad, Jesús se quedarásolo: a la hora de la verdad lo que prevaleceráseráel miedo. Pero ahora, en el cenáculo, los sentimientos·son de unidad muy honda.

Los evangelistas nos lo destacan de maneras distintas cada uno de ellos, y aquívamos a repasar lo que nos narran.

  1. El evangelio de Juan (13, 1-15) no nos transmite la narración de la Eucaristía.

Muestra el gesto de extremo amor que Jesús hizo a sus discípulos . Un gesto que nadie habría imaginado. Un gesto que seráel signo público de lo que significa la “hora”de Dios.

Jesús se levanta de la mesa, se viste como un esclavo, y se pone a lavarles los pies a sus discípulos. Esta es la hora de Dios, la obra de Dios: el servicio de un esclavo, el rebajamiento total es la hora de Dios

A Pedro lo que estáhaciendo Jesús no le gusta nada. Intuye hacia donde va todo aquello, y el trágico camino que Jesús anuncia para símismo y, en lógica consecuencia, para los que están con él. Por eso protesta. Y cuando Jesús le dice que aquello es necesario para tener parte en su Reino, quizáimagina que se trata de algún desconocido rito y entonces, respirando aliviado, pide un baño completo.

Pero no. La intuición de Pedro era correcta. El que quiera ser de los de Jesús, el que quiera comulgar con él, deberáandar el mismo camino que Jesús anda. Deberáentrar por el camino del humilde servicio.

Y eso, no sólo en la vida de cada cristiano sino también en la acción colectiva de la Iglesia. Como Jesús, la Iglesia deberáser capaz de renunciar a reclamar cualquier derecho por legítimo que pueda ser, o cualquier espacio de influencia, si eso puede oscurecer la limpieza de su testimonio.

(Y ante las críticas a las actuaciones eclesiales, antes de descalificarlas, habráque preguntarse si no serán debidas a que aquella actuación eclesial determinada quizáse aleja del estilo y de las cuestiones que verdaderamente preocupaban a Jesús. Si nos presentamos ante el mundo como continuadores de Jesús, el mundo tiene derecho a exigirnos que lo seamos -o por lo menos lo intentemos ser- de verdad.)

Como Jesús, la Iglesia deberátener como único criterio de actuación el servicio entregado y el anuncio pobre del cariño y la ternura de Dios).

  1. Marcos (14,12-25) y Mateo (26,17-29) nos sitúan, en cambio, en la celebración de la cena ritual de la Pascua judía, que conmemoraba la liberación de Egipto.

Era una gran invocación de alabanza y acción de gracias a Dios…

Y allíJesús da a aquel ritual un nuevo sentido, y lo convierte en una afirmación de futuro. (“… hasta el día en que lo beba nuevo…)

No podemos saber lo que captarían los discípulos… ¿Pudieron entender que con este gesto indicaba que seguiría con ellos y que además esperaba un futuro nuevo?

Pero síintuirían de algún modo que Jesús les invitaba a mirar hacia adelante, quería que entendieran que seguiría con ellos. Y les hablaba de volverse a encontrar más alláde todo, bebiendo el vino nuevo del Reino del Padre.

Y eso lo decía, además y sobre todo, invitándoles a compartir una comida, un pan y un vino, en los queél estaría presente. Aquella noche, comer el pan y beber el vino les había unido como nunca a su Maestro…

Ellos tenían que continuar la tarea, la misión de Jesús gracias a la presencia nueva de Jesús con ellos… Su vida entregada iba a iniciar una vida entregada de los suyos…

Tras lavarles los pies Jesús les había dicho que ellos tenían que continuar su amor, su entrega, y que asíle harían presente…

La Eucaristía, así, es una afirmación de un futuro… de una presencia que acompaña a los creyentes, pero de una presencia transformada que transforma…

  1. Otro evangelio (Lucas (22,1-38) añade algunos elementos propios.

En primer lugar, una frase que recordamos y repetimos aún nosotros: «Haced esto en conmemoración mía», invitándonos a renovar esta presencia suya a lo largo de los siglos.

Y luego, algunas reflexiones y diálogos dirigidos sobre todo a los que serán responsables de la comunidad, invitándoles de un modo especial a mantener la misma actitud de servicio que él ha mantenido y a rehuir cualquier tentación de prepotencia, invitándoles a ser conscientes de su debilidad, e invitándoles a tener muy claro el objetivo y la misión de animar y confortar en la fe y la esperanza a toda la comunidad de creyentes.

Se ve claramente, repasando estos relatos evangélicos, que la Eucaristía no es sólo unas palabras que repite el sacerdote para convertir el pan y el vino en la presencia de Jesucristo. De entrada, los evangelios presuponen que aquella cena tiene lugar en un ambiente de alabanza y de acción de gracias por la liberación que Dios ha obrado en su pueblo de Israel: y nosotros proseguimos esta alabanza y acción de gracias, sobre todo en la plegaria eucarística, por la liberación que hemos alcanzado en Jesucristo y que se nos hace presente en este sencillo alimento que es él mismo que se nos da.

Y luego, la Eucaristía es un recuerdo muy vivo, muy compartido, muy recordado una y otra vez, de la entrega de Jesús hasta la muerte. Québlasfemia, québurla sería comer el Cuerpo y beber la Sangre de Jesús si no quisiésemos amar como él ha amado, poner todo lo que somos al servicio de los demás como él lo ha hecho, ofrecer nuestra vida por los mismos ideales que él.

Y además, aún, la Eucaristía es un recordatorio de cómo tiene que ser la vida de la Iglesia, una comunidad de hermanos en la que nadie domina a nadie, en la que todo el mundo tiene voz, en la que los que tienen responsabilidades deben ejercerlas sobre todo para crear ánimo y esperanza, en la que no tiene sentido ninguna clase de orgullo ni deseo de figurar.

Lo recibido y transmitido

La Eucaristía de esta tarde marca el fin de la Cuaresma y el comienzo del Triduo Pascual. Podríamos decir que ahora ya no es momento de centrar nuestra atención en el pecado que hay en nosotros y en nuestra necesidad de conversión, sino que nuestros ojos deben estar fijos casi exclusivamente en Jesús, para contemplarlo en su fidelidad hasta la muerte y en la alegría de su resurrección.

La Eucaristía más importante del año, lo sabemos, no es la de esta tarde: la Eucaristía más importante del año es la de la Noche de Pascua, cuando el “pan”y el “vino”nos harán vivir más que nunca la presencia viva y victoriosa del Señor resucitado. Pero hoy, cuando celebramos el aniversario de aquella noche del cenáculo, la Eucaristía tiene un carácter especialmente emotivo, de proximidad con Jesús, de agradecimiento. Recordamos todo lo que Jesús hizo aquella noche, y queremos compartir los sentimientos de los que estaban allícon él, y nos sentimos llamados a extraer todas las consecuencias de lo que significóaquel acontecimiento.

La primera lectura de la misa es la narración de la Pascua judía (Éxodo 12,1-8.11-14), aquel memorial de la liberación de Egipto que Jesús celebróy llenóde nuevo significado. Luego escuchamos el relato de la institución de la Eucaristía, pero no según los evangelios sino según lo narra san Pablo (1 Cor 11,23-26)

Pues yo recibídel Señor lo que os transmití: que el Señor, la noche que era entregado, tomópan, dando gracias lo partióy dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo, después de cenar, tomóla copa y dijo: Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Haced esto cada vez que la bebáis en memoria mía. En efecto, siempre que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva.

El capítulo 11 de la primera carta a los Corintios estádedicado al comportamiento que se debe adoptar en las asambleas religiosas. Para reconducir a los Corintios al recto camino, Pablo recuerda la «tradición»de la Cena del Señor, y la comenta en términos de fe y de exigencias morales. El pasaje es muy importante del punto de vista histórico porque se remonta a los años 50-52 dC, cuando ya existía una narración oficial de lo que había sucedido en la última cena de Jesús. Nuestro texto es, pues, el testimonio literario más antiguo de la Eucaristía, anterior al texto de los evangelios sinópticos. Son de notar los dos verbos utilizados por Pablo en el v. 23: «he recibido»y «he transmitido», dos términos técnicos que definen la «tradición»del contenido de la fe en la Iglesia (cf. 15,1-3).

El lavatorio de los pies

Hoy, después de las lecturas y la homilía tiene lugar un rito peculiar: el lavatorio de los pies. Nos sorprende, algo tan físico, tan poco elaborado: sacarse los zapatos y los calcetines a la vista de todos, poner el pie descalzo en una jofaina … Produce como apuro. Pero precisamente por esto es importante este gesto que repite el gesto de Jesús: para que no dejemos de recordar que su propuesta, su camino, su llamada, no es algo irrelevante y normal, sino algo que exige cambios: cambios en nuestra forma de pensar, cambios en nuestros criterios de vida. Es algo muy poco habitual, el gesto del lavatorio de los pies. Es una llamada fuerte, la llamada de Jesús, y realizar este gesto nos recuerda, año tras año, que estamos llamados a seguirla, esa llamada, aunque nuestros pasos sean pequeños y débil nuestra capacidad de cambiar. Porque a pesar de esto, él, con todo su amor, se sigue fiando de nosotros y nos sigue invitando a caminar por su camino todo lo que seamos capaces.

Aquíhay que indicar el servicio sencillo y fuerte que estárealizando Cáritas de la Parroquia…

El amor hasta la muerte

El evangelio de Juan coloca, en la escena de la última cena, después del lavatorio de los pies, un largo discurso de Jesús. Son palabras que tocan muy adentro de la vida de los creyentes, palabras dichas y oídas muchas veces. Son palabras que interpretan el sentido de la muerte de Jesús, cuál es la vida nueva de su resurrección, quésignifica la unión con él, cuál es la llamada que él hace a la comunidad de sus seguidores. Las encontramos a lo largo de los capítulos 13 al 17:

Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, amaos también entre vosotros. En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os amáis unos a otros.

 

Esto es lo que tenía que deciros mientras estaba con vosotros; el abogado(paracletos=abogado defensor) que os enviaráel Padre en mi nombre, ése os lo enseñarátodo y os irárecordando todo lo que yo os he dicho.

El que permanece en míy yo en él, ése da fruto abundante, porque sin míno podéis hacer nada.

No me elegisteis vosotros a mí, fui yo quien os elegía vosotros y os destinéa que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure. Así, lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará. Esto es todo lo que os mando: que os améis unos a otros.

Y poco a poco, Jesús va desgranando las palabras que quedarán como un testamento para los creyentes. Con un horizonte constante: el camino de la pasión y de la muerte que conduciráa la vida para siempre. Porque es en este horizonte donde se entiende el mandamiento del amor: nos tenemos que amar, dice y repite Jesús, «igual que yo os he amado», es decir, viviendo la vida -cada creyente y toda la comunidad de los creyentes- teniendo como punto de referencia el mismo que tuvo Jesús:

a)  el amor y la confianza en el Padre,

b)  el bien de los pobres y de los débiles, el combate contra todo lo que no permita la felicidad y libertad de los hombres, la bondad que crea bondad, el anhelo de que en los corazones de todos nazcan sentimientos de generosidad y de fraternidad, la mirada amplia que supera la propia familia, grupo o nación y ama más alláde toda barrera; y todo eso, a Jesús le llevóhasta la cruz.

El poder de las tinieblas

Hay que leerlas, una y otra vez, las palabras de la última cena, esos intensos capítulos del evangelio de Juan. Y mientras las leemos, acompañar a Jesús hasta Getsemaní, donde todo empezaráa acelerarse.

«Era de noche», señala el evangelio de Juan (13,30) al narramos la salida de Judas del cenáculo. y Jesús comienza su pasión. Ha llegado «la hora del poder de las tinieblas»(Lc 22,53).

No se trata ahora de pretender conocer lo que vivióJesús en su corazón en aquellas horas del huerto de los olivos: ¡sería todo tan complejo, tan entremezclado! Pero si leemos las narraciones que nos lo transmiten (Mt 26,36-46; Mc 14,32-42; Lc 22,39-46) nos daremos cuenta del combate interior por el que pasó.

Al principio de su vida pública, los evangelistas nos presentan las tentaciones que Jesús tiene que superar para ser verdaderamente el Mesías que Dios quiere: tentaciones de vida fácil, de prestigio, de poder. Jesús renuncia a todo esto y emprende un camino que tiene como únicas armas el amor y la entrega personal (la fuerza interior del Espíritu santo que nos hace capaces de darnos y dar…) . Y entonces, dice el evangelio, «el diablo se alejóhasta el momento oportuno»(Lc 4, 13).

Ahora ha llegado el momento oportuno, el momento de la tentación definitiva. Todo el amor que Jesús ha vivido y ha ayudado a vivir, toda la confianza filial en Dios, encuentra como única respuesta el abandono. Incluso los discípulos más amigos duermen, y Dios parece ausente. Jesús estásólo. Y suda sangre. y desea ardentísimamente que todo aquello que le estápasando no sea verdad. Pero, igual como al principio de la vida pública, aquítambién vence un convencimiento que es más fuerte que todo: la vivencia profunda que marca, en lo hondo del corazón, allídonde se toman las auténticas decisiones, su unión filial con el Padre. El evangelio de Marcos, en este momento clave, pone en boca de Jesús la palabra que define su vida, la palabra que había aprendido en casa, de pequeño, en su lengua aramea: «¡Abba!». Y aunque parezca que el Padre no está, Jesús lo vive, se pone confiadamente en sus manos, y se dispone a llegar hasta el final.

Ahora síque adquiere su pleno sentido, en él, en lo que él estáahora viviendo, aquella llamada a la felicidad que había proclamado como pregón y resumen de todo su mensaje. Ahora síque se cumple, en él, totalmente, el Evangelio, la gran noticia:

Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan por causa de la Buena Noticia. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa serágrande en el cielo. (Cf. Lc 6,20-23; Mt 5,1-12)

En Jesús que suda sangre en Getsemaníy agoniza en la cruz se cumplen estas palabras. ¿En quién mejor que en él podrían cumplirse?

VIERNES SANTO

PALABRAS DE JESUS EN LA CRUZ

Padre, perdónalos…

Hoy estarás conmigo…

Mujer, ahítienes a tu hijo…

Dios mío Dios mío, por qué…

Tengo sed…

Todo estácumplido…

Padre, a tus manos…

PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN (Lc 23,34)

Cuelgas de la cruz. Te han clavado. No te puedes separar de este palo. Las heridas queman tu cuerpo. La corona de espinas atormenta tu cabeza. Tus manos y tus pies heridos son como traspasados por un hierro candente. Y tu alma es un mar de desolación, de dolor, de desesperación.

Los responsables están ahí, al pie de la cruz. Ríen, insultan, blasfeman. Están convencidos de tener la razón. Piensan que lo que hacen es un homenaje a Dios.

¿Existen hombres capaces de tanta bajeza? ¿Hay, al menos, un punto común entre Túy ellos? ¿Puede un hombre torturar asía otro hombre, hasta la muerte? ¿Cómo lo permite Dios?

Sin embargo, Túdices: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. ¡Eres incomprensible, Jesús! Amas a tus enemigos y los encomiendas al Padre. Intercedes por ellos. Señor, y los disculpas: “no saben”. Túdices que no saben lo que hacen.

Sí, hay algo que no saben: tu amor por ellos.

Pronuncia tu palabra de perdón sobre mis pecados. Di al Padre: “Perdónalo porque no sabe lo que ha hecho”. Lo sabía… lo sabía todo, pero no conocía tu amor.

Hazme pensar tu primera palabra cuando recite distraído el Padre Nuestro y afirme perdonar a los que me ofenden. Necesito tu fuerza para perdonar de corazón a aquellos que mi orgullo y mi egoísmo consideran como enemigos.

YO TE ASEGURO:
HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO (Lc 23,43)

Agonizas y, sin embargo, en tu corazón rebosante de dolor hay todavía un sitio para el sufrimiento de los otros. Vas a morir y te preocupas por un criminal que, atormentado en su martirio infernal, reconoce que su pena fue merecida por su vida de maldad.

Al morir nos preocupamos de nosotros mismos, pues los otros nos dejan solos y abandonados. Tú, sin embargo, piensas en las almas que deben ir contigo a tu Reino. ¡Corazón de misericordia infinita! ¡Corazón heroico y fuerte!

Un delincuente miserable pide que te acuerdes de él y Túle prometes el Paraíso. ¿Se puede transformar tan rápidamente con tu proximidad una vida de pecado y de vicio? Si pronuncias las palabras de absolución nos perdonas los pecados y las bajezas más repugnantes de cada vida criminal. Nada puede impedir la entrada a la santidad de Dios.

Túpronuncias las palabras de tu gracia omnipotente que penetra en el corazón del ladrón y transforma el fuego infernal de su agonía en la llama purificadora del amor divino.

El amor destruye la culpa de la criatura malvada. Y asíel
ladrón entra en el Paraíso de tu Padre. El ladrón entra en la vida de Dios

¿Me darás a míla gracia del atrevimiento temerario que exige y espera todo de tu bondad? ¿El coraje de decir, como si fuera el mayor de los criminales, “Señor, acuérdate de mícuando estés en tu Reino?

 “MUJER, AHÍTIENES A TU HIJO. HIJO, AHÍTIENES A TU MADRE” (Jn 19,26)

Estáya próxima tu muerte, la hora en que tu Madre tenía que estar cerca de ti. Esta es la hora que une, de nuevo, al Hijo y a la Madre.

La hora de la separación y de la muerte. Una vez más tu mirada contempla a la tu Madre. No le ahorraste nada: ni la alegría ni la pena, las dos surgían de tu gracia, las dos provenían de tu amor.

Tu Madre, tus hermanos y tus hermanas son los que cumplen la voluntad del Padre que estáen los cielos.

A pesar de tu tormento, tu amor vibra de la ternura terrena que une al hijo y a la madre. En la suprema agonía de la salvación, te has conmovido por el llanto de una madre.

En ese momento, le has dado un hijo y al hijo una madre. Por esto la tierra nueva seráposible.

Pero ella no estaba sola con el dolor de madre a cuyo Hijo matan, estaba en nuestro nombre como Madre de los vivientes. Ofrecía a su Hijo por nosotros. Lo mismo que dijo al ángel, cuando le anuncióque sería madre del Mesías, ahora también dice su “fiat” (hágase) a la muerte del Señor.

Era la Iglesia junto a la cruz. Al entregar la Madre a Juan, el discípulo amado, nos la has entregado a cada uno de nosotros. ¡por eso la amamos tanto!

Señor Jesús, en tu muerte nos diste a María, tu Madre. y ya es madre de la Iglesia. habráinútil si me acojo a este materno corazón. Estarépresente cuando llegue el día de tus bodas eternas, en las que la creación, transfigurada para siempre, se uniráa ti para siempre.

“DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉME HAS ABANDONADO?” (Mt 27,36)

Se acerca la muerte. No es el final de la existencia corporal, la liberación y la paz, sino la muerte que representa el fondo del abismo, la inimaginable profundidad de la angustia. Se acerca tu muerte. Desnudez, impotencia horrible, desolación desgarradora. Todo cede, huye… No existe más que abandono. Y en esta noche del espíritu y de los sentidos, en este vacío del corazón donde todo abrasa, tu alma insiste en llorar.

La tremenda soledad de un corazón consumido se hace en ti invocación a Dios.

¡Seas adorada oración del dolor, del abandono, de la impotencia abismal, del Dios abandonado! Si Tú, Jesús, eres capaz de orar en tal angustia. Desde el abismo por más profundo que sea, se puede gritar al Padre.

Desde la desesperación se puede hacer oración si busca refugio en tu abandono. Desde el dolor que ninguna palabra puede expresar, el grito es escuchado por Dios.

Recitaste el Salmo 21 para hacer de tu abandono total
una plegaria: “Dios mío, Dios, ¿por quéme has abandonado?”. Notaste la lejanía de tu Padre. El que es “amor sin medida”te hace experimentar una lejanía mayor que la del pecador.

Enséñame a escuchar tantos gritos de dolor, de abandono en nuestro mundo orar con las palabras de la Iglesia de tal manera que se hagan palabras de mi corazón. ¡Cuantos gritos de desamparo en nuestro mundo!¡Pero Túlos escuchas!

Enséñame a orar cuando me encuentre en el máximo desamparo y experimente que Túen el desamparo estás cerca, en silencio pero cerca. 

¡TENGO SED!” (Jn 19,28)

El evangelista Juan, que la escuchó, nos cuenta: “Sabiendo que todo estaba cumplido para que se cumpliera la Escritura, exclamó: ¡Tengo sed!”. También aquíconfirmaste la palabra tomada de los Salmos y que el Espíritu había profetizado ante tu Pasión. En el Salmo 21 se dice de ti: “Mi paladar estáseco lo mismo que una teja, y mi lengua pegada a mi garganta”, y en el Salmo 69, versículo 22, estáescrito: “En mi sed me han abrevado con vinagre”.

¡Oh Servidor del Padre, obediente hasta la muerte y muerte de cruz! Túmiras más allá, incluso en la agonía, en la que el espíritu se oscurece y desaparece la conciencia clara, intentas ansiosamente hacer coincidir todos los detalles de tu vida con la imagen eternamente presente en la mente del Padre. No te referías a la sed indecible de tu cuerpo desangrado, cubierto de heridas abrasadas y expuesto al sol implacable de un mediodía de Oriente. Cumplías la voluntad del Padre hasta la muerte con una humildad inconcebible y digna de adoración.

Asícomprendiste toda la aspereza cruel de tu Pasión: era una misión que cumplir, no un ciego destino; era la voluntad del Padre, no la maldad de los hombres; redención de amor, no crimen de pecadores.

Señor Jesús, sucumbes para que seamos salvos. Mueres para que vivamos. Tienes sed para que restauremos nuestras fuerzas en el agua de la vida. Tienes sed para que siempre tengamos sed de Dios. Nos invitaste a esta fuente cuando exclamabas: “Si alguno tiene sed venga a míy beba, porque de mis entrañas correrán ríos de agua viva” (Jn 7,37). 

“TODO ESTÁCUMPLIDO” (Jn 19,30)

Estácumplido. Síes el fin. El fin de tu vida, de tu honor, de las esperanzas humanas, de tu lucha y de tus fatigas. Todo ha pasado y es el fin. Todo se vacía y tu vida va desapareciendo. Desaparición e impotencia…. Pero el final es el cumplimiento, porque acabas con fidelidad y con amor. Tu declinar es tu victoria. Has andado tu camino.

¡Oh Señor!, ¿cuándo entenderéesta ley de tu vida y de la mía? La ley que hace de la muerte, vida; de la negación de símismo, conquista; de la pobreza, riqueza; del dolor, gracia; del final, plenitud. ¡Cuando vivimos desde tu voluntad, se cumple una misión divina en nuestra historia dura.

Sí, llevaste todo a plenitud. Se había cumplido la misión que el Padre te encomendara. El cáliz había sido apurado. La muerte, aquella espantosa muerte, había sido sufrida. La salvación del mundo estáaquí. La muerte ha sido vencida. El pecado, arrasado. Los poderes de las tinieblas son impotentes. La puerta de la vida se ha abierto de par en par. La libertad de los hijos de Dios ha sido conquistada. ¡Ahora puede soplar el viento impetuoso de tu vida nueva para todos!

El mundo en la oscuridad comienza, lentamente, a iluminarse con el alba de tu amor.

Túque perfeccionas el universo, perfeccióname en tu Espíritu, ¡oh Verbo del Padre, que cumpliste todo en la carne y con el martirio!

¿Podrédecir en la tarde de mi vida: “Todo estácumplido, he llevado a su término la misión que me encomendaste”?

¡Oh Jesús, sea cual sea mi misión que me haya encomendado el Padre -grande o pequeña, dulce o amarga, en la vida o en la muerte-, concédeme cumplirla como Túcumpliste todo! Permíteme llevar a plenitud mi vida.

 

“PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lc 23,46)

¡Oh Jesús, el más abandonado de los hombres, lacerado por el dolor, es tu fin! Ese final en el que a un ser humano se le llega a quitar hasta
la decisión libre entre el rechazo y la aceptación. Es la
muerte. ¿Quién te arrastra o quéte arrastra? ¿La nada?

¿El destino ciego? No, ¡el Padre! El Dios que une sabiduría y amor. Asíte dejas llevar y te abandonas en las manos ligeras e invisibles que a nosotros, incrédulos, amantes de nuestro yo, se nos presentan como el ahogo imprevisto, la crueldad y el destino ciego de la muerte.

Pero Túlo sabes: son las manos del Padre. Tus ojos, en los que ya se ha hecho la noche, son capaces de ver al Padre y tu boca pronuncia la última palabra de tu vida: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Todo lo devuelves a quien todo te lo dio. Sin reservas confías todo a las manos de tu Padre. Has vivido el peso de tu vida que acarreaste solo: los hombres, su vulgaridad, tu misión, tu cruz, el fracaso y la muerte. Pero ahora puedes abandonarlo todo y a ti mismo en las manos del Padre. ¡Todo! Estas manos sostienen segura y cuidadosamente. Todo es luz y gracia, todo es seguridad al amparo del amor de Dios, donde la pena se puede desahogar en llanto y donde el Padre seca las lágrimas de las mejillas de su hijo con un beso.

Jesús, ¿encomendarás un día mi pobre alma y mi pobre
cuerpo a las manos de tu Padre? Depón el peso de mi
vida y de mis pecados sobre la balanza de la justicia en
los brazos del Padre. ¿Adónde huiré, donde me
esconderésino en ti, hermano en la amargura, que has
padecido por mis pecados? Hoy me tienes ante ti. Me arrodillo bajo tu cruz. Beso tus pies que, silenciosos e intrépidos, me siguen con el paso sangrante por los caminos de la vida. Abrazo tu cruz, Señor del amor eterno, corazón paciente, traspasado e infinitamente bueno. Ten piedad de mí. Y cuando mi peregrinar llegue a su fin, cuando el día decline y me envuelvan las sombras de la muerte acógeme en tu amor.

SÁBADO SANTO

DEL SILENCIO Y DE LA ESPERA

Junto al sepulcro
Mirada de soledad y de espera
¿Por quéJesus ha muerto? La debilidad amorosa de Dios
La mirada de la desolación
Descendióa los infiernos
La muerte de Jesús es una muerte real
Jesús es solidario con nosotros y asínos salva
En la muerte, confianza en Dios
Vivir con verdad la vida
El intento del bien y los “ateos”
La oración, el ayuno y la preparación.

Junto al sepulcro

«Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino Joséde Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentódecidido ante Pilato y le pidióel cuerpo de Jesús. Pilato se extrañóde que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntósi hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedióel cadáver a José. Éste compróuna sábana y,bajando a Jesús,lo envolvióen la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodóuna piedraa la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían».

Mirada de soledad y de espera

Asítermina Marcos el relato de la pasión de Jesús. Y en esa mirada, en la mirada de María Magdalena y María madre de José, estáhoy nuestra mirada. Es la mirada del dolor y la tristeza, porque el Señor ha muerto: la mirada que una honda tradición de piedad cristiana ha sabido ver también reflejada en el rostro de otra María, María de Nazaret, la madre de Jesús, la madre de la soledad del Sábado Santo. Y es la mirada que al mismo tiempo es capaz de esperar, perpleja, silenciosa, grávida del recuerdo de una palabra oscura pero que vuelve una y otra vez a la memoria: «El grano de trigo sepultado en la tierra da mucho fruto …».

Hoy, sábado de la sepultura del Señor, nos ponemos en silencio ante el sepulcro y nos dejamos penetrar por todo lo que hemos vivido.

¿Por quéJesus ha muerto? La debilidad amorosa de Dios

En una celebración del Viernes Santo una niña, al ver la muerte de Jesús, dijo: «Dios es pobre, Dios es débil”

Dios es pobre, Dios es débil . Y porque es pobre, débil, su forma de vivir nuestra vida humana tenía que llevarlo necesariamente aquí: a la cruz como muerte provocada. El amor pobre de Dios, la verdad de Dios, la autenticidad humana de Dios, sin duda tenían que fracasar ante las armas del sistema de este mundo, las armas de la mentira y la falta de cuidado de los débiles, armas que dominan este mundo.

¿Quées la mentira? Jesús dice, en el Evangelio de S. Juan, que el padre de la mentira es el diablo La mentira es todo lo que se opone al designio salvador de Dios: una mala relación con Dios y una mala relación con el prójimo.

Y nuestro mundo estádemasiado lleno de sus huellas: en la organización de nuestras sociedades, y en el corazón de cada uno de nosotros.

Y Dios ha vivido nuestra condición humana poniendo en nuestro mundo esa única verdad profunda que es el amor. Y ha muerto víctima de pecado, víctima de la mentira.

Hoy, Sábado Santo, nosotros miramos a Jesús con la mirada con que lo miraba María Magdalena y María de José, y en nuestros ojos estála misma llama que había en los ojos de aquellas mujeres. Una llama que es de agradecimiento por su pobreza,su debilidad, de alegría profunda, callada, por la verdad a la que nos llama, la verdad del amor más fuerte que la muerte.

La mirada de la desolación

Esa es la mirada del Sábado Santo. Pero también hay otra mirada. Y es la de la desolación.

Porque no siempre la llama estáencendida, ni siempre la esperanza estáviva. A veces, la vida es sólo noche oscura y la piedra que cierra la entrada del sepulcro parece que estéallíclavada para siempre. Por mucho que uno quiera vivir la fe en esas situaciones, la noche sigue absolutamente oscura.

Junto al sepulcro de Jesús también hay lugar para la desolación. Lugar para quien no sabe como salir adelante, para quien no sabe dónde encontrar la esperanza. Y lugar incluso para quien experimenta que la llamada de Jesús empieza a perder su sentido.

Las palabras no valen de mucho en estas situaciones, ni tienen mucho valor las exhortaciones que uno haga o se haga. Lo único que puede valer es el sentirse invitado a mantenerse, a esperar en silencio, a pedir el acompañamiento de Jesús aunque parezca que uno estáhablándole a la pared. Jesús se sintiótambién muy abandonado, allíen la cruz. Junto al sepulcro de Jesús, todos los días del año, hay mucho lugar para la desolación, en la silenciosa espera de alguna luz.

«Descendióa los infiernos»

La muerte de Jesús es una muerte real

En la profesión de fe afirmamos que Jesús, crucificad muerto y sepultado, «descendióa los infiernos». Y en es frase, que quizásuene bastante rara, se encuentra un aspecto también importante del Sábado Santo. Los «infiernos», en el lenguaje de la profesión de fe, no significa el lugar de los condenados, sino el lugar de los muertos: en el Antiguo Testamento, imaginaban que todo aquel que moría iba a un lugar de oscuridad, silencio e incertidumbre Jesús, muerto en la cruz, también va a este lugar de oscuridad: es decir, que la muerte de Jesús es una muerte real y verdadera, como la de todo ser humano.

Jesús es solidario con nosotros y asínos salva

Pero esa afirmación fundamental, esa afirmación de la muerte real y humana de Jesús, de su «descenso a los infiernos», muy pronto dio pie, en la reflexión cristiana, a una nueva afirmación: Jesús, solidario en la muerte con todos los hombres, se encuentra, en el lugar de los muertos, con toda la humanidad que espera. Y allí, tomando de la mano a la humanidad, la lleva con él, resucitado, hasta la vida definitiva.

Podemos admirar magníficos iconos orientales que imaginan esta afirmación en forma de escena teatral: Jesús se encuentra con Adán y Eva, símbolos de todos los hombres y mujeres, y se los lleva en el camino de su victoria. Y también tenemos narraciones escritas, como una homilía antigua de autor desconocido que se lee en el Oficio de Lectura de hoy, que describen de modo igualmente teatral la escena:

El Señor va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a liberar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva. Al verlo, nuestro primer padre Adán, exclama y dice: «Mi Señor estécon todos». Y Cristo,respondiendo,dice a Adán: «Y con tu espíritu.A ti te mando: Despierta, túque duermes, pues no te creépara que permanezcas cautivo en el abismo. Levántate, obra de mis manos: levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque túen mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona. Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacódel paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Porque yo, que soy la vida, estoy unido a ti”.

Desde luego nuestro lenguaje es distinto al de este autor desconocido de los primeros tiempos. Pero desde luego también que, detrás de este lenguaje, se capta muy fácilmente el entusiasmo de un cristiano que quiere expresar y compartir todo lo que significa la fe en aquel que ha muerto en la cruz y que, por su amor hasta la muerte, se ha llevado con él hasta la vida plena a la humanidad entera.

Contemplar a Jesús en el sepulcro, contemplar a Jesús hundido en la muerte, es también afirmar la fe en la vida que él nos abre más alláde este mundo.

En la muerte, confianza en Dios

Estamos en un tiempo en el que la muerte se esconde, un tiempo en el que se intenta vivir como si la muerte nunca tuviese que llegar. Intentamos no pensar nunca en ella, intentamos no hablar nunca de ella. Intentamos apartarla de los ojos de los niños y adolescentes. y al mismo tiempo, nos dejamos bombardear con la muerte o lejana o ficticia de las televisiones.

Y en cambio, tiene un gran valor que los que por edad o por enfermedad se encuentran cerca de este momento decisivo puedan pensar en él con la confianza de que Dios les dará, más alláde este mundo, su amor más pleno. No, no es una forma de huir de la realidad y refugiarse en la esperanza del cielo. Es, por el contrario, un sostén para vivir más serenamente la realidad de este mundo, y sus luchas, y los esfuerzos al servicio de una vida digna para todos. Y es una confianza que hace vivir con más paz las penalidades y dolores que sobrevienen sin que se pueda hacer nada para superarlos. y sería un fraude a los débiles, no ayudarles a vivir esa esperanza.

Vivir con verdad la vida

Y tener presente la muerte tiene un gran valor también para vivir con mayor intensidad y verdad la vida, y al revés: vivir con verdad la vida da sentido a la muerte. Un capellán de hospital, hablaba de cómo se enfrentaban a la muerte los enfermos terminales que él trataba. Y decía que lo que diferenciaba las actitudes no era tanto el ser cristiano o no, sino el tomarse en serio las propias convicciones o no: un cristiano que hubiera querido serlo de verdad vivía la muerte con confianza, y un no cristiano con convicciones y planteamientos serios ante la vida se enfrentaba también serenamente ala muerte; mientras que un cristiano o un no cristiano frívolos la vivían mal. Cuando uno se toma las cosas en serio, sea desde la perspectiva que sea, en la búsqueda de lo que es valioso y verdadero; cuando uno tiene el corazón lo bastante limpio como para permitir que crezca la semilla del Espíritu, aunque no llegue a reconocerla todo adquiere sentido. Y la muerte da más vida a la vida, y la vida da vida a la muerte.

Jesús desciende a los infiernos y toma a Adán de la mano y se lo lleva con él: «Porque túen mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona». Adán y Eva. Toda la humanidad. Toda la humanidad que no se niegue a coger la mano de Jesús, toda la humanidad que no vuelva la espalda ante el rostro desfigurado del Jesús de la cruz, toda la humanidad que no quiera cerrar los ojos para no ver su luz.

El intento del bien y los “ateos”

«Yo no soy creyente. Pero pienso en lo que decía Marx y que casi nadie cita: que si hay Dios ya lo encontraremos, que si hemos intentado hacer bien en la tierra no nos negaráel saludo allíarriba».

Creer en Jesús da vida, y sin él nosotros no sabríamos vivir. Pero en la mano de Adán y Eva que Jesús coge están todas las manos dispuestas sinceramente a abrirse. Que son muchas más que las que se manifiestan como miembros de la comunidad de los creyentes.

Pero es que además, realmente, en el último rincón del corazón, aunque a veces parezca incluso muy claramente lo contrario, ¿existe alguna mano verdaderamente negada a abrirse?

La oración, el ayuno, la preparación

Hoy es un día que parece vacío. La comunidad cristiana no se reuniráhasta esta noche para celebrar la culminación del Triduo Pascual. Hoy es un día en el que la comunidad cristiana estáquieta y callada.

Pero aun así, si es posible, merece la pena buscar algún momento de oración para vivir los sentimientos que en este sábado se acumulan. Una posibilidad será, como decíamos ayer, el rezo de la Liturgia de las Horas, individualmente o comunitariamente.

Y también seráuna buena práctica proseguir de algún modo el ayuno iniciado ayer. Aunque no estéprescrito por la actual legislación eclesiástica, privarse hoy de algo (comida, diversión, comodidad …), seráuna buena forma de ponerse totalmente, en cuerpo y en espíritu, en situación de espera de la Pascua del Señor.

Y finalmente, a la hora acordada, todos aquellos a quienes les corresponda (sacerdotes, diáconos, lectores, cantores, acólitos, encargados de la limpieza, responsables de la ornamentación, del fuego, de las luces …) se prepararán también para la Pascua organizando de la mejor manera posible, para el servicio de toda la comunidad, la Vigilia Pascual.

PASCUA

EL CRUCIFICADO ESTÁVIVO YA HAY ESPERANZA

Jesús, mi amigo, hace más de veinte siglos se oyeron por primera vez unas palabras que han cambiado la vida de millones y millones de personas.

Tú, el Hijo de Dios, eres mas fuerte que la muerte. Has vivido la muerte y la has vencido.
Nadie se lo esperaba, aunque túlo habías dicho.

Pero te presentaste vivo, con la vida de Dios,
a tus amigos que antes te habían abandonado.
Y con tu resurrección has puesto una esperanza segura
en el corazón de cuantos te aceptan.
¡Nada, ni la muerte, podráapartarnos del amor que Dios nos tiene!

Señor Jesús.

Túsabes que hay cristianos que viven con miedo como si el mundo hubiese escapado de las manos de Dios.

Pero sabemos que Dios estáen la historia; el mundo no es un azar que va hacia el caos. Lo nuevo ha empezado ya a suceder cuando Cristo ha resucitado…

Jesucristo, nos alegramos de tu triunfo definitivo… Y con fuerza te gritamos: Ven, Señor Jesús.
Túestás con nosotros y eres nuestra inmortalidad.

Señor triunfador de los siglos, quita toda tristeza de nuestros rostros. Túenjugarás las lágrimas de los ojos de todos, y para siempre, y la muerte y el pecado desaparecerá

 

LA IGLESIA ESTAMOS CON LOS QUE ANSÍAN LA RESURRECCIÓN.

Estamos con vosotros, los que sufrís la miseria y el hambre, asistiendo a veces a la agonía de vuestros hijos que piden pan.

Estamos con vosotros, millones de prófugos, expulsados de vuestras casas y desterrados de vuestra propia patria.

Estamos con vosotros, víctimas todas del terror, encerrados en las cárceles o en los campos de concentración, consumidos por los malos tratos o por la tortura; estamos con vosotros, los secuestrados.

Estamos con vosotros, los que vivís bajo la pesadilla de la constante amenaza de violencia o de guerra civil.

Estamos con vosotros, los que sufrís por causa de imprevistas calamidades naturales. Estamos con vosotros, padres que sufrís ante la problemática espiritual que viven vuestros hijos.

Estamos con vosotros, jóvenes que os sentís desalentados por no encontrar el trabajo, la casa y la dignidad social a las que aspiráis. Estamos con vosotros, los que sufrís a causa de la enfermedad, de la edad o de la soledad.

Estamos con vosotros, los que, sumergidos en la angustia o en la duda, pedís luz para la mente y paz para el corazón.

Estamos con vosotros, los que sintiendo el peso del pecado, invocáis la gracia de Cristo Redentor.

En este misterio de la resurrección, estamos con vosotros, los que estos días habéis dado un nuevo impulso a los propósitos de vida cristiana, echándoos en los brazos de la misericordia de Cristo.

Estamos con vosotros, convertidos y neo-bautizados, que habéis descubierto la llamada del Evangelio.

Estamos con vosotros, los que tratáis de superar las barreras de la desconfianza con gestos de bondad, de reconciliación dentro de las familias y de la soledad.

Estamos con vosotros, hombres del trabajo y de la cultura, que queréis ser levadura evangélica en el ambiente en que vivís.

Estamos con vosotros, almas consagradas a Cristo y sobre todo con vosotros los que os entregáis, especialmente en tierras de misión, para llevar a los hermanos la buena nueva de la humanidad redimida por Cristo.

Estamos con vosotros, mártires de la fe de Cristo, que en medio de opresiones frecuentemente ignoradas, enriquecéis a la Iglesia orando en silencio, soportando con paciencia, invocando el perdón y la conversión para quien la persigue.

Estamos con vosotros, hombres de buena voluntad de toda raza y continente, que de tantas maneras sentís el atractivo de Cristo y de su enseñanza.

Hacemos nuestras todas las llagas dolorosas de la humanidad contemporánea y las expectativas, las esperanzas, las alegrías de nuestros hermanos, a las que Cristo resucitado da sentido y valor.

La Iglesia comparte hoy el mensaje pascual con todos los hermanos en Cristo y con todos los hombres del mundo.

Estamos con vosotros, de manera particular, allídonde la opresión no permite orar juntos y celebrar la Pascua. (del Mensaje de Juan Pablo II. Pascua 1983)