Mi camino al Seminario

Mi camino al Seminario

He vivido y crecido con mi madre, mis abuelos y mis tías, que, junto al resto de mi familia, me han dado siempre mucho cariño. He tenido el gran regalo de vivir la fe en familia desde pequeño. Con mi abuela se rezaba el rosario, se iba a misa semanalmente y posteriormente ya íbamos a diario.

Tuve un primer “flash” alrededor de los 16 años, estando en la catedral de Albacete, cuando vi allí la inscripción  “Día del Seminario”.  Me dio un vuelco al corazón y me dije : “¿esto que significa?”.  Pero fue una cosa muy fugaz, porque yo tenía claro que quería trabajar en algo relacionado con los coches, que era mi pasión.

Empecé a estudiar Ingeniería industrial para entrar en el mundo del automóvil, estuve dos años, pero no me fue bien. Al año siguiente, ya empecé Química en Jaén.

El punto de inflexión fue al entrar a trabajar en un laboratorio, en el que me hacen indefinido. También por esa época empiezo a salir con una chica. Pero veo que me falta algo: tenía todo lo que la sociedad supone que debes tener para ser feliz, pero no me llenaba. Intentando llenar ese vacío, me planteé estudiar Periodismo a distancia, por el tema de los coches, por tener cercanía con ese mundo, aunque no llegué a dar ese paso.

En 2011 empieza el cambio en mi vida. Es un momento de cruz, pero el Señor estaba muy cerca de mí y me ayudó a sobrellevar esos momentos difíciles.

La providencia del Señor, además, hizo que entrara en el trabajo una chica en prácticas que era católica practicante, y estaba muy metida en temas de delegación de juventud, de retiros, de convivencias… Con ella entablo una gran amistad, y me presenta todas las actividades que se realizaban. En 2012 empiezo a ir a Adoremus en el convento de las Bernardas, que se hacía mensualmente. En los dos primeros meses, con los dos testimonios, el primero, del Beato Manuel Aranda, en diferido, y el segundo, de un seminarista de introductorio de 18 años, al escucharlos, algo fuerte se movió dentro de mí.

También había en introductorio otro muchacho, una vocación tardía, como es mi caso, que me hizo comprender que no hay límite de edad para que el Señor te llame.

Se lo conté por primera vez a amigos muy cercanos.  Y luego a mi madre y a mi tía, pero ninguna de las dos me veía como sacerdote, aunque me apoyaron.

Quiero decir que, en mi vida, también han influido muchos sacerdotes, entre ellos mi párroco, también un sacerdote que había sido feligrés de mi parroquia, los sacerdotes que participaban en las actividades de la delegación de juventud, mi primer director espiritual y un tío mío que también es sacerdote.

En los Ejercicios que se organizaron en 2017 ( y en los años siguientes) hice también grandes amistades. El Señor seguía siendo muy generoso conmigo.

Finalmente, acabé dando el paso al seminario. Fue duro en el último momento, el último día tuve un nudo en la garganta: dejaba todo atrás, muchos amigos en mi trabajo y fuera de él, toda mi vida… Pero merecía la pena.

En mi primer año en el seminario ha habido de todo: momentos muy buenos y también algunos momentos de tristeza.

Acostumbrado a vivir solo, he pasado a vivir en comunidad; la adaptación a veces me ha costado un poco, pero para mí ha sido muy enriquecedor.

El camino no ha estado exento de dudas puntuales, de si era lo que el Señor quería para mí, pero a día de hoy parece que sí es lo que quería.

El sentimiento es de que estoy donde debo de estar, donde el Señor quiere que esté.

La vida con los compañeros es muy enriquecedora porque son de edades muy diferentes y caracteres distintos, pero me enseñan mucho, son comprensivos y me ayudan a crecer cada día.

A las personas que no saben si realmente sienten la llamada, les diría que realmente merece la pena, que no tengan miedo.

No se puede amar lo que no se conoce. El seminario es una experiencia irrepetible y hay que dejarlo en manos del Señor, y, si verdaderamente tienes vocación, Él se encargará de ir confirmándotelo cada día.

Quiero agradecer a los que estáis rezando por nosotros y pedir oraciones para que el Señor nos dé abundantes vocaciones al sacerdocio.

Desde el seminario, pedimos por todos vosotros.

Un seminarista de introductorio