Cada Cuaresma es nueva.

Aún en algunas instancias catequéticas explican los tiempos litúrgicos como si fuera un círculo al cual anualmente vamos dando vueltas de forma cíclica, cuando es más propio entenderlo como un espiral ascendente, donde cada tiempo, fiesta y momento se vive de forma nueva y con la intención de “subir” en el tiempo y en el espíritu en conocimiento y crecimiento hacia Dios.

Cada tiempo litúrgico es un tiempo de gracia. Un tiempo que nos presenta oportunidades muy particulares para nuestra conversión. La conversión no como un momento particular en el pasado de nuestras vidas; sino como algo siempre presente y constante de volver a Dios y además mantenerse firmes -y crecer- en consciencia y voluntad en el camino cotidiano de la santidad.

Este volver y mantenerse en el camino de la santidad no es algo que se pueda lograr heroicamente con nuestras propias fuerzas. El mismo San Pablo testimonia esta lucha contra las tentaciones y pecados que se enquistan como “un aguijón” en la carne, de asedios demoniacos … pero descansa todo en la voz de Dios quien dice: «Te basta mi gracia, que mi fuerza se muestra perfecta en la debilidad» (2 Cor 12: 7 – 10). Son por tanto nuestras flaquezas y nuestros problemas, el terreno donde Dios actúa y donde se manifiesta la fuerza de Cristo: porque «cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.»

Que esta Cuaresma, no la dejemos pasar como un tiempo más. Esta Cuaresma es nueva. No nos permitamos navegar por la inercia del mundo y por el tiempo,abracemos esta oportunidad para plantarnos, como hombres y mujeres de fe, ante el mundo, para hacer una verdadera diferencia. Apostemos por nuestra conversión y por todo lo que nos lleve a los brazos de Dios y al encuentro con nuestros hermanos.

Esta Cuaresma es nueva, es un regalo y es nuestra. Hagamos nuestra parte, que Dios hará el resto… y mucho más.

https://espirituyvidaofm.wordpress.com/

Print Friendly, PDF & Email