DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
(Ciclo B)

EVANGELIO (Mc 6,7-13)

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y decía:
«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos». Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Meditación:
San Francisco de Asís decía en una de sus admoniciones o avisos espirituales que Jesucristo llega a nosotros cada día “bajo humildes apariencias”. Él se refería a la Eucaristía, pero no es el único modo en que se nos hace el encontradizo. Las personas que se cruzan en nuestro día a día también podemos percibirlas como enviadas por el Señor para acercarse a nosotros. En acogerlas nos jugamos mucho más de lo que podemos pensar. Que nadie tenga que “sacudirse el polvo de los pies” por no encontrar hospitalidad en nuestra vida, no vayamos a perdernos la salvación que Dios nos regala en los otros.

Oración:
No necesito grandes cosas ni en cantidad para seguirte. Sólo tu Palabra cada día y mi pequeña fe.

Acción:
Si esta semana, al hablar de tu amor a Dios, no te quieren escuchas, sigue adelante.