DOMINGO V DE CUARESMA
(Ciclo C)

EVANGELIO (Jn 8,1-11)

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
    «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
    «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:
    «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

Ella contestó:
    «Ninguno, Señor».

Jesús dijo:
    «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Mediación:
El profeta Isaías nos invita a dejar atrás el pasado y mirar hacia adelante, hacia la obra nueva que Dios está haciendo en nuestras vidas. Nos asegura que Dios está presente en medio de nuestras pruebas y necesidades, dispuesto a saciar nuestra sed y a condu¬cirnos a la tierra prometida.
El salmo nos recuerda que, incluso en los momentos de tribulación, Dios está con nosotros, trayendo alegría y esperanza a nuestras vidas. El apóstol Pablo nos llama a dejar atrás nuestras viejas formas de pensar y vivir, y a esforzarnos por alcanzar la meta de la plenitud en Cristo. El evangelio de hoy nos presenta el conmovedor encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio. En lugar de condenarla, Jesús le ofrece perdón y una nueva oportunidad de vida. Nos recuerda que, aunque hayamos fallado, siempre podemos acudir a Jesús en busca de misericordia y restauración.

Oración:
Que, en esta Cuaresma, Señor, pueda experimentar tu gracia transformadora en mi vida, y permita que tu amor y tu perdón me guíen hacia la plenitud de la vida en Cristo. Amén.