Los Frutos de Espíritu Santo

EL GRAN DESCONOCIDO

Muchos dicen: puedo comprender a Jesús, el Hijo. Y puedo orar al Padre. Pero… ¿Y el Espíritu Santo?

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Hay una clave muy sencilla de acceso al Espíritu Santo:

  • Piensa sencillamente al principio: el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios, la fuerza que movió a Jesús. El amor que había entre Jesús y el Padre. La fuerza por la cual curaba Jesús.
  • Cuando Jesús se hizo bautizar en el Jordán, vino algo sobre él en forma de paloma. Ahora podríamos decir que el Padre le envió un par de pensamientos positivos o una especie de energía divina. Pero no se trata de esto. Los pensamientos positivos son aire. Van y vienen. Y la energía se esfuma.
  • Jesús no recibió una idea ni se recargó con una energía anónima como una batería. En el Bautismo de Jesús se hace visible su relación con el Padre.
  • El Espíritu Santo es el amor de Dios en persona. Es decir: podemos tratar al Amor de tú. El Amor ve y oye. El Amor mismo nos responde.
  • Jesús nos regaló su amor, su Espíritu Santo. Es decir, no nos regaló un tipo de ideas originales, de Jesús, sino que nos dio su Espíritu Santo como una realidad viviente, que hace algo, a quien se puede hablar, que oye, responde, siente, conduce, a quien se puede rezar, etc.
  • El Espíritu Santo está con nosotros del mismo modo que Jesús estaba con sus discípulos. Igual de cerca. Igual de accesible. Igual de atento. Igual de sanador. Igual de milagroso.

¿CÓMO RECONOCER QUE EL ESPÍRITU SANTO ESTÁ EN TI?

Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. En los frutos del Espíritu Santo podemos ver el mundo qué sucede con las personas que se dejan totalmente tomar, conducir y formar por Dios. Según la carta a los Gálatas (Gal 5, 22-23) podemos ver que hay 9 frutos del Espíritu Santo:

1. AMOR

Donde está el Espíritu de Dios hay amor. El amor es más que un sentimiento. Si no fuera así, sólo sentiríamos amor hacia un dulce bebé. Pero debemos amar a todos los bebés, también a los que tienen espina bífida. Cuando el Espíritu Santo enciende en nosotros el amor de Dios es como cuando introduces el enchufe en la toma de corriente. Dentro de ti se dan todos los sentimientos que Dios mismo tiene hacia todo lo que ha creado: las personas, los animales, las flores. Dios está loco de amor por nosotros. El amor de Dios no es un amor condicionado (“si…, entonces…”), no es un amor limitado en el tiempo; “no tiene fin”. Es fiel. Transforma todo, especialmente el mundo de tus relaciones. Con el amor de Dios dentro de ti ves todo con ojos nuevos.

2. ALEGRÍA

Donde está el Espíritu de Dios hay alegría. Imagínate un concierto de rock en el que todos dan gritos de júbilo, bailan, levantan los brazos, pegan saltos. Jesús ha vencido a la muerte. ¡Qué fuerte! Estamos salvados. El paraíso nos espera. Podemos bailar de alegría, aunque hoy tengamos todavía que apechugar con un montón de problemas. Se dice que en el cielo bailan los ángeles. Y hay más alegría por una única persona que se convierte y deja atrás su pecado que por “99 justos”.

3. PAZ

Donde está el Espíritu Santo hay paz. Cesa toda inquietud interior. La tristeza desciende. El miedo se escabulle. Encuentras el equilibrio interior, no te dejas arrastrar por tus pasiones como una hoja por el viento. Otros buscan tu cercanía y tu amistad, porque estás en armonía contigo mismo y con las demás personas, incluso con los animales. La paz en tu corazón te hace sentirte bien.

4. PACIENCIA

Donde está el Espíritu Santo hay paciencia. Paciencia (o longanimidad) quiere decir que tienes mucha paciencia (un ánimo muy largo). Donde otros se salen de sus casillas, tú vas “sobrado”. Los “prontos” son cosas del pasado. Mientras que antes tenías sólo aire para 800 metros, ahora corres el maratón. Encajas los reveses como si nada. El Espíritu Santo te convierte en un luchador nato, que nunca abandona. Los demás se preguntan de dónde sacas tu fuerza. Tú sí lo sabes.

5. AFABILIDAD

Donde está el Espíritu Santo hay afabilidad. Le sujetas la puerta a una mujer. Ayudas a otros con los deberes. Entrenas en secreto con uno que siempre falla en el saque del voleibol. La Madre Teresa les inculcaba a sus hermanas, que se ocupaban de los moribundos: “No basta con que los asistáis; ¡debéis hacerlo con una sonrisa!”.

6. BONDAD

Donde está el Espíritu Santo hay bondad. Dios es inmensamente bueno. Hacer el bien nos transporta rápidamente cerca de Dios. Quien continuamente hace el bien, se convierte automáticamente en “bondadoso”, es decir, actúa por costumbre haciendo el bien a los demás. Hablas con un vagabundo. Ayudas a un niño. Hablas con alguien que está solo. Escuchas durante un largo rato a una persona mayor. Te preocupas de los problemas de otros. Vivir bondadosamente es el estilo de vida de Dios. Cerca de una persona bondadosa se puede respirar hondo y revivir.

7. LEALTAD

Donde está el Espíritu Santo hay lealtad. Dios no es ahora así y luego asá. Puedes fiarte de él al cien por cien, aunque a veces responda a tus peticiones de manera diferente a tus deseos. Él es fiel aun cuando tú le traicionas a él y a otras personas miles de veces. El Espíritu Santo te ayuda a que tu corazón sea firme y a que tú seas “fiel hasta la muerte”, un fiel reflejo del Dios fiel. ¿Conoces el libro El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry? En este libro hay una frase maravillosa acerca de la lealtad: “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”

8. MANSEDUMBRE

Donde está el Espíritu Santo, hay mansedumbre. Este fruto del Espíritu Santo dice: tendrás valor, pero será manso, es decir, un valor que no sea violento ni destruya más de lo que construye; sino que cura y crea algo hermoso. Tendrás valor, pero en combinación con amor y paciencia. Realizar algo grande con una paciencia amorosa, ésta es la audacia que le agrada a Dios. Jesús redimió al mundo mediante un tipo especial de osadía: recorrió el camino de la no violencia hasta la cruz.

9. DOMINIO DE SÍ

Donde está el Espíritu Santo hay dominio de sí. El Espíritu Santo dentro de ti logra que llegues a ser completamente tú mismo. Ya no estarás obsesionado por cosas que te aprisionan, personas de quienes te hiciste dependiente, dirigentes que te mangonean. Ya no te dejarás llevar por la codicia,y ya no eres esclavo de tus pasiones. Serás libre para hacer lo que deseas hacer desde el fondo de tu corazón. Hacer el bien, que es para lo que te ha creado Dios.

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Por otra parte. la tradición de la iglesia enumera doce frutos del Espíritu Santo:

1. CARIDAD o Amor =Ayudar al otro

Es el primero de entre los frutos del Espíritu Santo, porque es el que más se parece al Espíritu Santo que es el amor personal y por consiguiente el que más nos acerca a la verdadera y eterna felicidad y el que nos da un goce más sólido y una paz más profunda.

2. GOZO = Lleno de Dios

Es aquella profunda alegría espiritual que el Espíritu Santo infunde en los corazones de quien posee a Dios.

3. PAZ: Equilibrio interior

(Leer más arriba)

4. PACIENCIA: modera la tristeza

(leer más arriba)

5. MANSEDUMBRE: Valor

(leer más arriba)

6. BONDAD: Hacer el bien

(leer más arriba)

7. BENIGNIDAD: Dulzura

Donde está el Espíritu Santo hay dulzura a la hora de tratar al prójimo. Esta palabra se usa solo para significar dulzura, pero una dulzura para tratar con alegría, cordialmente y con dulzura a los demás.

8. LONGANIMIDAD: Perseverancia

Nos ayuda a mantenernos fieles a Dios a largo plazo. Impide el aburrimiento y la pena que provienen del bien que se espera, o de la lentitud del bien que se hace, o del mal que se hace y no de la grandeza de las circunstancias mismas.

9. MODESTIA: No creerse mejor que el otro

Es el fruto que modera y regula las acciones del hombre, sus palabras y sus gestos.

10. TEMPLANZA: Dominio de si

Se refiere al cristiano comprometido, que tiene control para enfrentar las dificultades y pruebas, impidiendo los excesos que pudieran cometerse.

13. CASTIDAD: Pureza, matrimonio

No enseña a no ver el sexo como un acto egoísta, sino como un acto para seguir la misión de Dios dentro del matrimonio.

https://www.youtube.com/watch?v=36S3wiqFw8U

3

 ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven dulce huesped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén