Crónica “Convivencia KAIRÓS Coto Ríos’14”

Todo empezó una mañana de finales de julio: los jóvenes se reunieron para emprender una aventura llena de sueños e ilusiones, en la que cada uno descubriría nuevos sentimientos y emociones… desde el principio hasta el final.

Montados en el autobús, nos despedíamos de nuestros familiares y amigos, a los que echaríamos de menos en tres días, mientras pensábamos en el viaje que nos esperaba (todo el mundo se sentó en la parte trasera del autobús). Algunos dormían, otros hablaban. Pero todos deseaban llegar a su destino._DSC0002


Una vez llegamos a Coto Ríos, dejamos nuestras cosas en el lugar donde íbamos a dormir: una Iglesia. Los sacos de dormir se colocaron uno detrás de otro, pegados a la pared, preparados para albergar a un joven cansado después de un día agotador.

Justo después, nos presentamos ante las personas que se habían incorporado al grupo, y nos dividimos en tres equipos para así poder repartirnos las tareas. Luego, nos dirigimos al río, en el que nos bañamos y jugamos durante un buen rato, aunque el agua estaba un poco fría.

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Tras la comida y el rato de la siesta en el que tuvimos la oportunidad de hacer manualidades y jugar a las cartas, vimos varios vídeos publicitarios relacionados con el tema de la familia, y después, hicimos un rato de reflexión en el que tuvimos la oportunidad de tratar con los demás nuestro papel en la familia. Fue una experiencia agradable, en la que cada uno expresó cómo ayudaba a intervenir en las tareas del hogar y ayudaba a sus hermanos cuando más lo necesitaban. Después, regresamos al río, donde tuvimos un pequeño percance del cual es mejor no hablar.

Las duchas fueron estresantes, aunque a su vez, divertidas. Al haber tantos jóvenes, no daba tiempo a que todos se ducharan a tiempo, así que se puso un límite: cinco minutos para cada uno. Lo divertido era el momento en el que alguien se retrasaba y no había más remedio que meterle prisa para que dejara el cuarto de baño. Los pobres monitores tuvieron que esperar mucho tiempo para poder ducharse ellos…

Cenamos fuera, al aire libre, y después llegó el mejor momento del día: la celebración del cumpleaños de Víctor. Una fiesta sorpresa en la que todos pusimos nuestro granito de arena para conseguir hacernos llorar a todos, sobre todo cuando vimos el vídeo que habían montado los monitores para Víctor. Y los regalos fueron bastante peculiares: ¡uno de ellos resultó ser un muñeco idéntico a Víctor! Fue una fiesta realmente fantástica. Después de orar juntos, nos fuimos preparando para dormir en la Iglesia, aunque el silencio no duró mucho tiempo a causa de unos misteriosos ronquidos… Por suerte, algunos durmieron en otro sitio y se libraron del “concierto”.

Al día siguiente nos esperaba una gran excursión. Tras hacer la oración de la mañana, que pudimos compartir todos juntos, y desayunar, anduvimos hacia unos sitios fantásticos en los que pudimos orar, rezando el Santo Rosario, y disfrutar de la naturaleza y el paisaje sobrecogedor que se cernía sobre nosotros.

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Por la tarde, vimos una película titulada “El Gran Milagro” que nos hizo descubrir lo que realmente significaba ir a misa y celebrar la eucaristía. Tras esta experiencia, preparamos algunos cantos para la eucaristía que iba a tener lugar a continuación. Y por la noche, cenamos hamburguesas y nos divertimos jugando a encontrar pistas, terminando con una oración. Fue un día maravilloso, pero por desgracia, todos sabíamos que al día siguiente partiríamos de allí.

A la mañana siguiente, hicimos una oración parecida a la del primer día, en la que volvimos a compartir lo que sentíamos con las personas de nuestro alrededor,  y preparamos las cosas debido a que había llegado el final de nuestro viaje. Eso sí, nos lo pasamos muy bien jugando a un bingo especial en el que había que realizar una serie de pruebas para poder ganar.
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No obstante, al margen de toda la alegría que nos embargaba, también había que pensar en aquellas personas que en ese instante, mientras nosotros nos divertíamos, lo estaban pasando mal, y por ello, dedicamos una sesión a reflexionar sobre este asunto.

Al terminar de comernos los macarrones, primero nosotros, y después los monitores, nos montamos en el autobús y recordamos el momento en el que nos habíamos subido. Las sensaciones eran parecidas: por una parte no queríamos irnos y por otra, deseábamos llegar a nuestro hogar para poder volver a ver a nuestros familiares y amigos. El viaje en el autobús se hizo bastante ameno, ya que hicimos juegos, cantamos y nos reímos.

Durante estos tres días, muchos de nosotros hemos sentido nuevas emociones y hemos hecho nuevos amigos, pero todos hemos estado en contacto con Dios y con la naturaleza.

Y todo ello se lo debemos a las personas que han hecho posible este encuentro, que en numerosas ocasiones han tenido que aguantarnos y facilitarnos las cosas para que hayamos podido disfrutar de esta increíble y espectacular experiencia y que han puesto una gran cantidad de tiempo, trabajo y esfuerzo por y para nosotros.

Muchas gracias a don Pedro y a todos los monitores. Sin vosotros, nada de esto habría sido posible.

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                                                                   Rafael Ortega Bueno