Oración Vocacional – Noviembre 2014

Cartel Oraciones Vocacionales 2014_15 Imagen

 

ORACIÓN VOCACIONAL NOVIEMBRE 2014

CONTEMPLANDO A SANTA TERESA DE JESÚS

Monición de entrada.

Hoy vamos a hacer nuestra oración acompañados por Santa Teresa, la Mística y Doctora de la Iglesia, que desde su amor a la humanidad de Jesucristo nos conducirá a altos niveles de Contemplación en medio de lo cotidiano del día a día.

Comencemos nuestra oración dejándonos mirar por Aquél que por amor se hizo uno de nosotros, para elevarnos a la categoría de Hijos de Dios y para ayudarnos a descubrir el amor que Dios tiene para con nosotros en cada momento, la debilidad de Dios es amar a la humanidad.

Esta oración la haremos acompañados del Espíritu Santo, que es la Fuerza de Dios que nos habita y nos mueve a dejarnos mirar y penetrar por Él hasta la médula; sin Él, nuestra oración no tiene un verdadero sentido.

Sin título1

Espíritu de Dios, llena mi vida,

llena mi alma, llena mi ser (bis).
Lléname, lléname, con tu presencia,

lléname, lléname, con tú poder,

lléname, lléname, con tú bondad.

Hacemos un momento de silencio, sentados para orar personalmente.

Exposición del Santísimo

En momentos así,

levanto mi voz,

levanto mi canto,

a Cristo.

Cuanto te amo Dios,

cuanto te amo Dios,

cuanto te amo,

Dios te amo.

En momentos así,

levanto mi ser,

levanto mis manos

a Él.


Veamos algunos textos de Santa Teresa en los que nos invita con insistencia a dejarnos cautivar por la mirada de Dios, ese Dios que se ha enamorado locamente de la humanidad.

Lector 1: No os pido ahora que penséis en Él ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca, quita los ojos de vosotras. Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice, sino que le miremos Como le quisiereis, le hallaréis. (C.P. 26,3)

No podemos olvidar jamás que la mirada de Dios es siempre previa. No sólo es anterior a nuestra mirada, sino que es la que en realidad activa y anima la nuestra, su mirada hace posible nuestra mirada, hasta el punto de que Él nunca quita los ojos de nosotros, no para castigarnos ni para reprocharnos sino para amarnos con entrañable ternura, en Él vivimos, nos movemos y existimos como dice San Pablo.

Lector 2: Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto: ¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma, pues con ser el mismo sufrimiento la dice y se queja de ella! O miradle atado a la columna, lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que os ama; tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por El, helado de frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os podéis consolar. O miradle cargado con la cruz, que aun no le dejaban hartar de huelgo. Miraros a Él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vayáis vos con El a consolar y volváis la cabeza a mirarle, si estáis alegres, miradle Resucitado (C. P 26, 4-5)

Esta forma de mirar, apunta a una mirada y a una oración contemplativa a la que estamos llamados todos, descubriendo su presencia en las luces y sombras, en el aquí y en el ahora, en nuestro Ser y en nuestro hacer, su mirada llena de ternura y de misericordia, puede mover nuestras entrañas y nos hace lanzarnos a la aventura de caminar tras sus huellas.

Continuando el itinerario de oración de Teresa, encontramos uno de los textos que nos adentra en la confianza absoluta   en El Dios que nos Ama y que camina a nuestro lado, es el gran compañero que vive dentro muy dentro de nosotros mismos.

(Leemos pausadamente el siguiente poema, hacemos eco de él, finalmente lo cantamos).


Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.

 

La paciencia todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.


Lector 3: Este Poema nos introduce en el alma de la autora, que se va diciendo a sí misma: “Teresa, que nada te turbe”…El “nada te turbe” es un requiebro en soledad. Teresa escribe su poema a solas. Como hacen siempre o casi siempre los poetas líricos y los místicos. Cierto que ella no compone esos versos como un billete de envío para convertirlos en misiva espiritual para alguno de sus amigos. Los compone como una vivencia más, o como simple latido del alma. En realidad parece decirse a sí misma cosa que podemos hacer también nosotros.

Sin título“Teresa, que nada te turbe…” (Ahora nosotros pausadamente digamos lo mismo repitiendo con las mismas palabras)

Fue el encuentro repentino con una Presencia interior que la traspasa y la desborda. Esa Presencia novedosa la desconcierta de tal suerte, que de pronto en su interior surge una voz capaz de calmar todo el oleaje.

La voz interior le dice: “no hayas miedo, Teresa”. Exactamente estas tres palabras: “No hayas miedo, hija /que Yo soy / y no te desampararé” (Vida. 25,18).  Ese “no hayas miedo, hija”, “Paréceme que, según estaba (yo), eran menester muchas horas para persuadirme a que me sosegase, y que no bastare nadie. Heme aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz, que en un punto vi mi alma hecha otra… ¡Oh, qué buen Dios!”. No ignoremos que, Teresa es una contemplativa. Se nutre de la palabra bíblica. A través de sus meditaciones, tantas palabras bíblicas se le han quedado prendidas de las cuerdas del arpa interior.

En el poema, lo cierto es que cada verso resulta ser un anillo de empalme con palabras bíblicas que ella ha pasado tantas veces desde el libro a los ojos, y desde los ojos al alma y al corazón. Nosotros, podemos rastrear el eco de esas vibraciones. Como prolongaciones de onda en la vivencia espiritual de Teresa orante y compañera en nuestra oración.

Cantamos de nuevo el poema antes de adentrarnos en cada uno de sus versos.

Lector 4:     El verso primero, nada te turbe, es claro eco de la palabra de Jesús a los angustiados discípulos, momentos antes de la Pasión: “que no se turbe vuestro corazón” (Juan 14,1)

Lector 5: El verso segundo, nada te espante: no habla de susto sino de asombro. (Basta recordar cualquier otro pasaje teresiano: se le conmovía de gozo el alma, “espantada (=asombrada) de la gran bondad y magnificencia y misericordia de Dios”: (Vida, 4,10). También es resonancia del asombro de los discípulos ante los gestos de Jesús: “¿eso os asombra? ¡Cómo os admiraréis cuando veáis al Hijo del Hombre subir a donde residía antes!” (Juan 6,63)

Lector 6:    El verso todo se pasa, que materialmente es eco de la palabra de Pablo: “pasa este mundo” (1Cor. 7,31), o las palabras de Jesús: “el cielo y la tierra pasarán” (Mt. 34,25), seguidas de la eterna vigencia de la palabra de Jesús (“pero mis palabras no pasarán”), que da paso a las consoladoras palabras del verso siguiente.

Lector 7:    Dios no se muda. Sí, el Señor y su verdad permanecen para siempre (Salmo 116, 2). Para Teresa, la fidelidad de Dios en la amistad (“él es amigo verdadero”) contrasta con la versatilidad de las amistades humanas: “Vos sois el amigo verdadero… Todas las cosas faltan. Vos, Señor de todas ellas, nunca faltáis…, que ya tengo experiencia de la ganancia con que sacáis a quien sólo en Vos confía” (Vida, 25,17). Es un anticipo del verso último del poema.

Lector 8:    La paciencia / todo lo alcanza. Se lo decía Jesús a los discípulo anunciándoles las persecuciones: “con vuestra paciencia poseeréis vuestra alma, vuestra vida” que encontramos en: (Lc. 21,19).

Lector 9:      El verso final: ¡sólo Dios Basta! Es la palabra lema de los contemplativos. Es el “sólo Dios” de San Bernardo o del hermano Rafael. “Solas con Él solo”, será el lema teresiano para las jóvenes pioneras del Carmelo de San José y será también el lema de nosotros cuando descubramos de verdad que sólo Dios llena nuestra existencia, que con Él todo y sin Él nada, el único que puede transformar nuestra vida es Él y solo Él.

La maravillosa Teresa de Ávila, santa, doctora, poeta y mística, nos dice que en Dios está la paz perfecta del alma y de todo el ser, pues, quien a Dios tiene, lo tiene todo, no necesita nada más para la plenitud: paz, felicidad y amor, de su alma. Pidamos al Señor que Él siga siendo nuestra fuerza y motor, que Nuestro único y verdadero anhelo sea Él y que el Espíritu Santo haga su morada en nosotros.

Canto Final

Quise vagar por tus veredas sin entregar mi voluntad atado a mil cosas pequeñas que se hicieron las dueñas de toda mi verdad.

En tu mirada vi las fuerzas para romper con lo que soy para gozarme en tu presencia ofrendar mi vida entera y ser tuyo desde hoy.

Cristo mi centro, mi esperanza, mi sentido, mi calor, es mi contexto, Él es mi casa, mi sosiego, mi valor y dejaré cuanto me aparte de la vida que me das. Mi libertad está en tus manos, eres mi felicidad…

Desde el encuentro en tu Palabra mi nueva vida vi nacer y mi oración se hizo alabanza, aquí nadie se cansa de compartir la fe.

Y me llamaste hacia los hombres a descubrirte en su dolor, a consagrarme a los más pobres, a abrir mis horizontes testigos de tu amor.

 

unnamed

PRÓXIMA ORACIÓN VOCACIONAL: 4 de Diciembre a las 20:00h en el Seminario.

¡TE ESPERAMOS!