Haz de mí Señor…
Haz de mí, Señor, una persona sensible a todo lo humano.
Haz de mí, una persona capaz de llegar a ese secreto donde cada persona
vive y muere, lucha y espera, busca y ansía felicidad.
Haz de mí, Señor, una persona a quien nada verdaderamente humano
le deja indiferente.
Haz de mí, una persona evangélica y seguidora de Jesús,
que se estremezca ante el dolor y las lágrimas de los que lloran,
ante la ilusión y la esperanza de los que sueñan caminos nuevos.
Haz de mí, Señor, una persona que ame el mundo y
los problemas de la humanidad.
¿Cómo anunciar que eres Dios de encarnación si me mantengo al margen
de los grandes interrogantes y problemas de las hombres y mujeres de hoy?
Haz de mí, Señor, un experto en humanidad asumiendo siempre y en todas partes
la solicitud por la persona que Jesús mismo practicó
con su trato a los pobres y necesitados, con los que buscaban la verdad,
con los que eran injustamente tratados,
con los heridos al borde del camino, con los excluidos por la sociedad.
Haz de mí, Señor, una persona de verdad en medio de la mentida;
una persona de libertad en medio de las modernas esclavitudes;
una persona de palabra en medio quienes roban la palabra.
Haz de mí, una persona de bondad en medio de los que siembran cizaña;
una persona de humanidad en medio de los que deshumanizan;
una persona de Vida en medio de tanta muerte.
Haz de mí, una persona de Buena Noticia,
en medio de la noche del mundo.
