Carta de Navidad de la parroquia de San Ildefonso
En la Navidad se dicen muchas palabras hermosas. Y es que deseamos que suceda lo que decimos: paz, felicidad, alegría, salud…
Pero termina la Navidad y seguimos igual. ¿Se podrá pasar del simple deseo a la realidad?
¡Impensable!
Que Dios se haya hecho hombre suena a una historia increíble o a una película de ciencia ficción. Es impensable.
Pero miremos un poco más atrás para comprender lo que sucedió:
Un mundo roto y herido
Y nos hacemos unas preguntas:
¿Qué pasa con nuestro mundo
– donde reina la envidia y la codicia,
– en el que las personas se torturan y se dejan morir de hambre,
– donde se quitan las oportunidades de vivir y los salarios no son justos,
– en el que triunfa muchas veces el desamor y al final la muerte?
Un mundo enfermo
1 – La enfermedad de sentirse inmortal, inmune o incluso indispensable, dejando de lado los controles necesarios y normales.
2 – La enfermedad de “martalismo” (Marta), … de aquellos que están inmersos en el trabajo, dejando de lado …sentarse a los pies de Jesús.
3 – La enfermedad del endurecimiento mental y espiritual: “… Es peligroso perder la sensibilidad humana necesaria para llorar con los que lloran y alegrase con los que gozan.
4 – Planificar como contador. “La enfermedad de la planificación excesiva … De hecho, la Iglesia se muestra fiel al Espíritu Santo en la medida en que no pretende regularlo ni domesticarlo …
5 – La no cooperación. “La enfermedad de la mala coordinación, de los que no cooperan y no viven el espíritu de comunión y equipo”.
6 – La enfermedad de Alzheimer espiritual: Es decir, la de olvidar la ‘historia de la salvación’ la historia personal con el Señor, el ‘primer amor’. Es una disminución progresiva de las facultades espirituales…
7 – La enfermedad de la rivalidad y la vanagloria:… Es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir una mística falsa y un falso quietismo.
8 – La enfermedad de la esquizofrenia existencial: Es la enfermedad de los que viven una doble vida, fruto de la hipocresía típica de los mediocres y del progresivo vacío espiritual…
9 – La enfermedad de las habladurías, de la murmuración, del cotilleo: Es una enfermedad grave que comienza con facilidad…, Es la enfermedad de las personas cobardes que por no tener valor de hablar a la cara, hablan a las espaldas.
10 – La enfermedad de divinizar a los jefes: Es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, con la esperanza de conseguir su benevolencia…Personas mezquinas, infelices e inspiradas sólo por su egoísmo fatal”.
11 – La enfermedad de la indiferencia hacia los demás: Es cuando todo el mundo piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y la calidez de las relaciones humanas…
12 – La enfermedad de la cara de funeral: Es decir, la de las personas rudas y sombrías, que consideren que para ser serios hace falta…tratar a los demás –especialmente a aquellos considerados inferiores– con rigidez, dureza y arrogancia.
13 – La enfermedad de la acumulación: Cuando el apóstol busca llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales.
14 – La enfermedad de los círculos cerrados: Donde la pertenencia al grupo se vuelve más fuerte que.. la (pertenencia) a Cristo mismo.
15 – La enfermedad de la ganancia mundana, del lucimiento: Cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para conseguir beneficios mundanos o más poderes.
¿Es posible vivir detonar forma?
Si, hay más.
Dios ha tomado nuestra naturaleza: se hace uno de nosotros.
Dios decidió ayudarnos y compartir todo con nosotros, excepto el pecado.
Dios ha tomado nuestra naturaleza. Este es Jesús: Dios y hombre verdadero.
Tan de Dios pues desde siempre está en Dios, es el Hijo eterno.
Tan nuestro pues es hijo de María.
Dios ha tomado nuestra historia. Experimenta lo peor de nuestra historia.
Alguien podrá decir:
“¡¡¡Y Dios qué sabe de lo difícil que es este mundo!!!.
¡¡¡Él no sabe lo que es el infierno en este mundo!!!
Pero quien dice esto se equivoca. Dios estuvo enfermo y sintió necesidad, fue traicionado, condenado injustamente, torturado y
llevado a la horrenda muerte de la cruz…
Jesús sabe bien, por propia experiencia, de los infiernos de este mundo.
Y bien sabe Jesús, por propia experiencia, del triunfo sobre el pecado (todo mal) y la muerte (toda destrucción)
