MISIÓN PARROQUIAL I – Qué nos sucede

QUÉ NOS SUCEDE

Todos llevamos cargas en la vida…

A veces las llevamos bien …

Otras veces ya no podemos más…

Es bueno acudir al Señor en esos momentos…

y tenemos experiencia de que la carga se hace llevadera…

Dibujo San Ildefonso

Oración

Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga

(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;

pero a veces encuentro que la jornada es larga,

que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste,

Mas entonces me miras…, y se llena de estrellas,

Señor, la oscura noche; y detrás de tus huellas,

con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

1.  Felicidad y sufrimiento.

Somos buscadores de felicidad. Y buscamos la felicidad de muchas formas.

Junto con la búsqueda de felicidad también vivimos otra experiencia: experimentamos nuestra fragilidad. Vivimos sufrimientos físicos, psíquicos y sociales.

A pesar de nuestra fragilidad, de nuestros sufrimientos no nos conformamos, buscamos más. La esperanza nos lleva. Y esta esperanza nos hace preguntarnos: “¿Alcanzaremos la felicidad?”

¿Reconoces en ti y en otros esta doble experiencia?

¿Reconoces en ti la esperanza?

2. Amor y fracaso

Estamos hechos para amar.

Ser amados y amar da alegría y plenitud.

En el amor hay una salida de uno mismo, una acogida del otro que es bendición para uno y un porvenir en “comunión” (unión común).

Pero amar resulta a veces muy difícil, por uno mismo y por el otro.

¿Podremos amar y ser amados de verdad?

¿Qué amor y qué fracaso te impresiona más?

3. Libertad y justicia

Buscamos ser libres en muchos aspectos de nuestra vida.

Pero hay una libertad en la que fracasamos muchas veces: es la libertad para amar. Normalmente sólo amamos a los que nos aman.

Esta falta de libertad para amar es la señal de que el egoísmo está en nosotros, en nuestro “corazón”. Porque no somos libres para amar no somos capaces de implantar la justicia para todos.

Entendemos lo que es justo cuando somos maltratados. Es justo lo que no nos maltrata. Y nos damos cuenta que la justicia está más allá de la ley. Puede haber leyes injustas.

Si fuéramos libres para amar implantaríamos la justicia para todos.

¿Podemos hacer una sociedad que promueva un trabajo digno para todos?

¿Podemos convivir de forma que no abusemos de otros sino que seamos un bien para ellos?

Qué falta de justicia y de libertad te duele más.

4. Estamos en el camino de la fe.

Si dejamos que las experiencias anteriores aparezcan en nosotros y añoramos que triunfen la felicidad, el amor, la alegría, la justicia, la libertad ya estamos en el camino de la fe, en el camino de ser cristianos…

¿Por qué apagamos, a veces, estas añoranzas?

5. Llevamos una inquietud… el Espíritu de Dios nos impulsa.

Al decir “Espíritu de Dios” o “”Espíritu Santo” hablamos de “Dios actuando en nuestro espíritu”, “Dios en nosotros”.

Vamos a ver cómo actúa.

Decía S. Agustín: “Señor, nos has creado para ti, y nuestro corazón no encontrará sosiego hasta que descanse en ti”

La “inquietud”, el “desasosiego” de nuestro corazón (inquietud/desasosiego del que hemos hablado antes) es una señal de que buscamos a Dios; no es una “pasión inútil”.

Y es que buscamos “más”: más amor, más justicia, más libertad, más vida…aunque nos encontremos con mucho menos de lo que deseamos y buscamos… El Espíritu de Dios en nuestro espíritu nos impulsa más allá de nuestras

posibilidades y cansancios. Vivimos así un deseo de Dios y no nos ajustamos a este mundo sino que decimos que hay más de lo que nosotros “controlamos”.

Todos estamos movidos por un “más”, ese “más” a veces es una experiencia que me aparta de Dios y otras veces me hace llegar a El.

¿Qué experiencias de “más” ves en tu ambiente?