Convivencia cuaresmal en Tíscar (Quesada)
CONVIVENCIA CUARESMAL’15, TÍSCAR
Grupos de Confirmación + KAIRÓS + Scout Católico Al-Yabala (clan Jenga, rama Rutas)

¡Qué bien lo pasamos!
¡Menuda aventura! No nos faltó de nada: mucho frío, mucha agua, muchos amigos, muchas risas pero ni el agua, ni el frío, ni el viento pudieron con nuestras ganas de pasar un día de convivencia con gente tan estupenda.
Muchas gracias a todos los que hicisteis posible este viaje y organizasteis todas las actividades, lo pasamos fenomenal.
¿Cuándo es la siguiente?
Pablo & Marta








- Llegamos a Tíscar…


En la sierra de Quesda
hay un águila gigante,
verdosa, negra y dorada,
siempre las alas abiertas.
Es de piedra y no se cansa.
Y allí donde nadie sube
hay una Virgen risueña
con un río azul en brazos.
Es la Virgen de la sierra.
(Antonio Machado)

- Nos ponemos en la presencia del Señor…
Padre bueno,
nos ponemos en tus manos al inicio de esta Cuaresma,
para que hagas de nosotros lo que tú quieras
porque tú sabes lo que más nos conviene y necesitamos;
sea lo que sea, te damos las gracias
por este tiempo cargado de oportunidades,
de posibilidades de liberación, de misericordia y de perdón,
por este tiempo de llamadas de atención y de proyectos.
Queremos aceptar todo lo que venga de ti
con tal de que se cumpla en cada uno de nosotros,
en nuestras comunidades cristianas y en todas tus criaturas, tu voluntad.
No deseamos nada más, Padre.
Te confiamos nuestro corazón y nuestras manos
y nos comprometemos a ayunar de nuestros excesos
que nos hacen tan insolidarios;
a orar para poder mirar la vida y las cosas más allá de nosotros mismos;
a hacer limosna, es decir, a gritar que nada es “mío”
porque lo nuestro es la fraternidad.
Padre, nos ponemos en tus manos sin medida,
con infinita confianza:
llévanos al desierto, acompaña nuestro discernimiento,
cólmanos de esperanza, muéstranos tu misericordia y acógenos sin reservas
porque Tú eres nuestro Padre. Amén

- Jugamos…



- Visitamos la Cueva del agua…



- Reflexionamos…
Si fuéramos… la Cuaresma sería
Si fuéramos automóviles, la Cuaresma sería el tiempo de cambiar el aceite y afinar el motor.
Si fuéramos jardines, la Cuaresma sería tiempo de fertilizar nuestra tierra y arrancar las malas yerbas.
Si fuéramos alfombras, la Cuaresma sería tiempo de darles una buena limpieza con el aspirador o una buena sacudida.
Si fuéramos baterías (pilas), la Cuaresma sería tiempo de recargarlas.
Pero no somos ninguna de estas cuatro cosas:
Somos personas que, quizá, muchas veces hemos hecho cosas malas y necesitamos arrepentirnos de ellas. De aquí la necesidad de hacer una buena confesión.
Somos personas que muchas veces nos dejamos llevar por nuestro egoísmo y que, por lo tanto, necesitamos empezar a pensar en los demás. De aquí la necesidad de la limosna.
Somos personas que muchas veces perdemos de vista el fin para el que fuimos creados por Dios.
Necesitamos, pues, recobrar la vista. De aquí la necesidad de la oración.

No siempre fui una taza de té
Una pareja solía viajar a Inglaterra y comprar en una hermosa tienda de antigüedades. Este viaje celebraba su XXV aniversario de bodas. A ambos les gustaban las antigüedades y los objetos de arcilla, en especial las tazas de té. Vieron una taza excepcional y preguntaron:
“¿Pudiéramos ver esa? Nunca hemos visto una tan hermosa”
Mientras que la señora se la pasaba, de repente la taza de té habló: “Ustedes no entienden”, dijo. “No siempre fui una taza de té. Hubo un tiempo en que solo era un pedazo de arcilla roja. Mi maestro me tomó y me amasó, me golpeó y me dio palmaditas, una y otra vez, hasta que grité: ¡No hagas eso. No me gusta! Déjame en paz”. Pero él tan solo se sonrió y suavemente me dijo: “¡Todavía no!”
“Entonces, ¡WHAM! Fui colocada en una rueda giratoria y de repente comencé a dar vueltas y vueltas y vueltas. ¡Detente! ¡Me estoy mareando! ¡Me voy a enfermar!” Pero el maestro tan solo asintió y dijo quedamente: ‘Todavía no’. Mi siguió dando vueltas y me hizo agujeros y me dobló y volvió a doblarme a su gusto y entonces… ¡me puso en el horno! Nunca había sentido tanto calor. Grité y golpeé la puerta con fuerza. ¡Ayúdenme! ¡Sáquenme de aquí! Podía verlo a través de la apertura y podía leer sus labios mientras meneaba su cabeza. “Todavía no”.
“Cuando pensaba que no podría soportar otro minuto, se abrió la puerta. Cuidadosamente me sacó y me puso en la mesa y comencé a enfriarme. ¡Oh, eso sentaba tan bien! Esto está mucho mejor de lo que pensé. Pero, tras enfriarme, me cogió y me pasó la brocha pintándome por todos lados. Los vapores eran horribles. Pensé que me iba a ahogar. “¡Oh, por favor, détente, détente!” grité. Él sólo movió su cabeza y dijo: “Todavía no”.
“Entonces, de repente, me puso nuevamente en el horno. Sólo que no fue como la primera vez. Esta vez estuvo el doble de caliente y simplemente supe que me iba a sofocar. Rogué, grité, lloré. Estaba convencida de que nunca lo lograría. Estaba lista a rendirme. Justo entonces se abrió la puerta y me sacó de nuevo y me puso en la mesa en donde me enfrié y esperé… y esperé, preguntándome qué era lo próximos que me iba a hacer. Una hora más tarde, me pasó un espejo. Me dijo: “Mírate”. Y lo hice.
Dije: “Esa no soy yo; no puedo ser yo. Es hermosa. ¡Soy hermosa!” Suavemente habló: “Quiero que recuerdes. Sé que dolió ser golpeada y rodada, pero si te hubiera dejado sola, te hubieras secado. Sé que te mareaste al dar vueltas en la rueda, pero si lo hubiera detenido, te
habrías derrumbado. Sé que te dolió cuando estabas caliente e incómoda en el horno, pero si no te hubiese puesto allí, te hubieras rajado. Sé que los vapores eran malos cuando terminé de pintarte y te puse allí, pero si no lo hubiese hecho, nunca te hubieses endurecido. No hubieras tenido color alguno en tu vida. Si no te hubiera puesto por segunda vez en el horno, no hubieras sobrevivido mucho porque tu dureza no habría durado. ¡Ahora eres un producto terminado! Ahora eres lo que tenía en mente cuando comencé contigo”.
Moraleja: Dios sabe lo que está haciendo (a cada uno de nosotros). Él es el alfarero y nosotros somos Su arcilla. Él nos moldea y nos hace, nos expone a suficientes presiones del tipo adecuado para que podamos convertirnos en la pieza de arte perfecta que cumpla Su voluntad buena,
agradable y perfecta.
Así que, cuando la vida parezca difícil, y estamos siendo golpeados y empujados casi al borde de nuestra capacidad para resistir; cuando nuestro mundo parece estar girando sin control; cuando nos sentimos en el horno de la prueba; cuando la vida parece “heder”, intente esto: hágase una taza de su té favorito en su tacita más bonita, siéntese y piense en esta historia y, entonces, ¡tenga una conversacioncita con el Alfarero!

Volved a mí de todo corazón (Joel,2,12-18)
Una nueva oportunidad. Siente que Dios te grita hoy en el corazón: “Vuelve a mí”. Quizás no seas capaz de escuchar esa voz porque te dices: “¿De dónde tengo que volver yo? ¡Yo estoy bien como estoy! ¡Yo me siento bien!”.
Te entiendo. Descubrir que hay otra manera de ser y de vivir, que hay cosas que podemos y tenemos que cambiar como creyentes no lo descubrimos si no nos lo descubren…, si no nos habla la Palabra de Dios. Hay cosas que “no son de cajón”. Lo de Dios “no es de cajón”. Lo de Dios es de susurro, de sensibilidad, de no vivir en superficialidad. Lo de Dios se percibe mejor cuando se vive con el corazón. Como sólo vivas con los ojos y con el bolsillo… no descubrirás a Dios.
Hay gente que no descubre que necesita dar más cariño, más tiempo, más detalles, más palabra, más besos, menos gritos a los de casa y a quien llama mujer o marido y a los hijos… Hay gente que no se da cuenta de que existen otros que necesitan algo más de nuestro corazón… Hay corazones que sufren porque los nuestros se hacen un poco de piedra…
Nos parece que estamos bien, y nos disculpamos o justificamos diciendo: “Es que yo soy así”… A lo mejor poco a poco te has hecho así, pero antes no eras así; en todo caso, puedes ser de otra manera. Estás llamado, invitado a ser de otra manera, más humana, más divina. Por delante tienes 40 días para escuchar: “Vuelve a mí de todo corazón”. “Vuelve a mí con todo el corazón”. “Vuelve también a tu corazón”. “Vuelve a habitarte”.


