TRIDUO PASCUAL: ¿Qué celebramos Jueves Santo?


TRIDUO PASCUAL

El Triduo Pascual es el tiempo central para la vivencia cristiana. La Cuaresma nos ha preparado a ello y queremos acompañar a Cristo en su Misterio Pascual.

El Triduo Pascual comienza con la Eucaristía vespertina del Jueves, y termina, en las Vísperas del Domingo (no en la Vigilia Pascual). Por tanto, la Eucaristía vespertina del Jueves Santo forma parte del Triduo Pascual (tres días: Viernes, Sábado, Domingo), porque preanuncia su contenido: la entrega de Cristo hasta la muerte y Resurrección.

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JUEVES SANTO

Entregando su Cuerpo y su Sangre como pan y vino y lavando los pies a sus discípulos, Jesús anticipó su entrega en la Cruz.

Jesús siente la angustia de la muerte cercana e inmerecida. En su soledad nadie lo comprende. Ora ante el Padre aceptando su voluntad y en esa aceptación encuentra consuelo.

La traición de Judas hace que detengan a Jesús. Los otros discípulos intentan una violenta defensa pero Jesús lo impide. La violencia no es lo que salva sino la entrega generosa.

Este es el día del amor fraterno. Día en el que el amor es puesto a prueba.

Día de la caridad. El dar de nosotros mismos sin esperar nada a cambio es una demostración de servicio, de amor y de entrega.

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El Jueves Santo se celebra:

LA PASCUA JUDÍA

El pueblo judío celebraba anualmente su liberación de la esclavitud de Egipto en la cena pascual. Era una auténtica fiesta. En ella, el niño más pequeño de la casa preguntaba al anciano de cada familia el porqué de la celebración. Y éste narraba con detalle las hazañas que Dios había hecho para sacarlos de la esclavitud. Entonces, todos los participantes, rebosantes de alegría y agradecimiento, alababan al Señor.

HISTORIA DE LA PASCUA JUDÍA:

Hace miles de años, los judíos vivían en la tierra de Canaán, pero sobrevino una gran carestía y tuvieron que mudarse a vivir a Egipto, donde el faraón les regaló unas tierras fértiles donde pudieran vivir, gracias a la influencia de un judío llamado José, conocido como El soñador.

Después de muchos años, los israelitas se multiplicaron muchísimo en Egipto y el faraón tuvo miedo de que se rebelaran contra su reino. Ordenó matar a todos los niños varones israelitas, ahogándolos en el río Nilo.

Moisés logró sobrevivir a esa matanza, pues su madre lo puso en una canasta en el río y fue recogido por la hija del faraón.

El faraón convirtió en esclavos a los israelitas, encomendándoles los trabajos más pesados.

Dios eligió a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud. Como el faraón no accedía a liberarlos, Dios mandó caer diez plagas sobre Egipto.

La última de esas plagas fue la muerte de todos los primogénitos del reino.

Para que la plaga no cayera sobre los israelitas, Dios ordenó a Moisés que cada uno de ellos marcara la puerta de su casa con la sangre de un cordero y le dio instrucciones específicas para ello: En la cena, cada familia debía comerse entero a un cordero asado sin romperle los huesos. No debían dejar nada porque al día siguiente ya no estarían ahí. Para acompañar al cordero debían comerlo con pan ázimo y hierbas amargas. Las hierbas amargas ayudarían a que tuvieran menos sed, ya que tendrían que caminar mucho en el desierto. El pan al no tener levadura no se haría duro y lo podían llevar para comer en el camino. Les mandó comer de pie y vestidos de viaje, con todas sus cosas listas, ya que tenían que estar preparados para salir cuando les avisaran.

Al día siguiente, el primogénito del faraón y de cada uno de los egipcios amaneció muerto. Esto hizo que el faraón accediera a dejar a los israelitas en libertad y éstos salieron a toda prisa de Egipto. El faraón pronto se arrepintió de haberlos dejado ir y envió a todo su ejército para traerlos de nuevo. Dios ayudó a su pueblo abriendo las aguas del mar Rojo para que pasaran y las cerró en el momento en que el ejército del faraón intentó pasar.

Desde ese día los judíos empezaron a celebrar la pascua en la primera luna llena de primavera, que fue cuando Dios los ayudó a liberarse de la esclavitud en Egipto.

Pascua quiere decir “paso”, es decir, el paso de la esclavitud a la libertad. El paso de Dios por sus vidas.

Los judíos celebran la pascua con una cena muy parecida a la que tuvieron sus antepasados en la última noche que pasaron en Egipto.

La fiesta de la pascua se llamaba “Pesaj” y se celebraba en recuerdo de la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Esto lo hacían al llegar la primavera, del 15 al 21 del mes hebreo de Nisán, en la luna llena.

Los elementos que se utilizaban en la cena eran los siguientes:

El Cordero: Al salir de Egipto, los judíos sacrificaron un cordero y con su sangre marcaron los dinteles de sus puertas.

Karpas: Es una hierba que se baña en agua salada y que recuerda las miserias de los judíos en Egipto.

Naror: Es una hierba amarga que simboliza los sufrimientos de los hebreos durante la esclavitud en Egipto. Comían naror para recordar que los egipcios amargaron la vida sus antepasados convirtiéndolos en esclavos.

Jarose: Es una mezcla de manzana, nuez, miel, vino y canela que simboliza la mezcla de arcilla que usaron los hebreos en Egipto para las construcciones del faraón.

Matzá: Es un pan sin levadura que simboliza el pan que sacaron los hebreos de Egipto que no alcanzó a fermentar por falta de tiempo.

Agua salada: Simboliza el camino por el Mar Rojo.

Cuatro copas de vino: Simbolizan cuatro expresiones Bíblicas de la liberación de Israel.

Siete velas: Alumbran dan luz. Estas simbolizan la venida del Mesías, luz del mundo.

La cena constaba de ocho partes:

  1. Encendido de las luces de la fiesta: El que presidía la celebración encendía las velas, todos permanecían de pie y hacían una oración.
  2. La bendición de la fiesta (Kiddush): Se sentaban todos a la mesa. Delante del que presidía la cena, había una gran copa o vasija de vino.

Frente a los demás miembros de la familia había un plato pequeño de agua salada y un plato con matzás, rábano o alguna otra hierba amarga, jaroses y alguna hierba verde.

Se servía la primera copa de vino, la copa de acción de gracias, y les daban a todos los miembros de la familia. Todos bebían la primera copa de vino.

Después el sirviente presentaba una vasija, jarra y servilleta al que presidía la celebración, para que se lavara sus manos mientras decía la oración. Se comían la hierba verde, el sirviente llevaba un plato con tres matzás grandes, cada una envuelta en una servilleta. El que presidía la ceremonia desenvolvía la pieza superior y la levantaba en el plato.

  1. La historia de la salida de Egipto (Hagadah) Se servían la segunda copa de vino, la copa de Hagadah. Alguien de la familia leía la salida de Egipto del libro del Éxodo, capítulo 12. El sirviente traía el cordero pascual que debía ser macho y sin mancha y se asaba en un asador en forma de cruz y no se le podía romper ningún hueso. Se colocaba delante del que presidía la celebración les preguntaba por el significado de la fiesta de Pesaj. Ellos respondían que era el cordero pascual que nuestros padres sacrificaron al Señor en memoria de la noche en que Yahvé pasó de largo por las casas de nuestros padres en Egipto. Luego tomaba la pieza superior del pan ázimo y lo sostenía en alto. Luego levantaba la hierba amarga.
  2. Oración de acción de gracias por la salida de Egipto: El que presidía la ceremonia levantaba su copa y hacía una oración de gracias. Colocaba la copa de vino en su lugar. Todos se ponían de pie y recitaban el salmo 113.
  3. La solemne bendición de la comida: Todos se sentaban y se bendecía el pan ázimo y las hierbas amargas. Tomaba primero el pan y lo bendecía.

Después rompía la matzá superior en pequeñas porciones y distribuía un trozo a cada uno de los presentes. Ellos lo sostenían en sus manos y decían una oración. Cada persona ponía una porción de hierba amarga y algo de jaroses entre dos trozos de matzá y decían juntos una pequeña oración.

  1. La cena pascual: Se llevaba a cabo la cena.
  2. Bebida de la tercera copa de vino: la copa de la bendición.- Cuando se terminaban la cena, el que presidía tomaba la mitad grande de la matzá en medio del plato, la partía y la distribuía a todos los ahí reunidos. Todos sostenían la porción de matzá en sus manos mientras el que presidía decía una oración y luego se lo comían. Se les servía la tercera copa de vino, “la copa de la bendición”. Todos se ponían de pie y tomaban la copa de la bendición.
  3. Bendición final: Se llenaban las copas por cuarta vez. Esta cuarta copa era la “Copa de Melquisedec”. Todos levantaban sus copas y decían una oración de alabanza a Dios. Se las tomaban y el que presidía la ceremonia concluía la celebración con la antigua bendición del Libro de los Números (6, 24-26).

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LA ÚLTIMA CENA

También Jesús quiso, antes de pasar de este mundo al Padre, reunirse con sus Apóstoles en la Última Cena.

Si hay un lugar donde se celebra la unión, la amistad, el amor incluso en la dificultad ese lugar es la mesa.

Tenemos la costumbre de celebrar las grandes fiestas con grandes comidas, los grandes acontecimientos con un gran banquete, las buenas noticias, compartiendo mesa con aquellos que más queremos.

Los judíos celebraban una vez al año, con un gran banquete, que un día Dios decidió salir a su encuentro y escuchar su oración y su grito en Egipto. Aquello lo recuerdan aún hoy con la Cena de Pascua, con el banquete en el que recordaban todo lo que Dios había hecho con ellos, los momentos en los que había estado a su lado.

Jesús, como buen judío, también se juntó con los que más apreciaba y quería a cenar aquella noche. Pero no fue una cena sin más: en ella quiso hacer un gesto muy concreto con el pan y con el vino que tenían delante. Un gesto de amor que cambió, a partir de entonces, el modo de vivir y de sentir y de rezar ¡y de amar! de miles, cientos, millones de personas en todo el mundo.

Pero no era un gesto de poder o de autoridad. Era un gesto de amor que se arrodilla, que es capaz de lavar los pies a los otros.

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PREGUNTA YOUCAT 99: ¿QUÉ SUCEDIÓ EN LA ÚLTIMA CENA?

Jesús lavó los pies a sus discípulos la víspera de su muerte; instituyó la Eucaristía e inauguró el sacerdocio de la Nueva Alianza. [610-611]

Jesús mostro su amor hasta el extremo de tres maneras:

  • Lavó los pies a sus discípulos y mostró que está entre nosotros como el que sirve (cf. Lc 22,27)
  • Anticipó simbólicamente su muerte redentora, pronunciando sobre los dones del pan y del vino estas palabras: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros” (Lc 22,19s). De este modo instituyó la Sagrada Eucaristía. Y al mandar a sus apóstoles “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,24b), los convirtió en sacerdotes de la Nueva Alianza.

LAVATORIOS DE LOS PIES

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.

Jesús, al lavar los pies a sus discípulos, no sólo hace un gesto de amor y de servicio, sino de aceptación de toda la persona. Lavar los pies a alguien era una tarea de esclavos, sobre todo porque era bastante desagradable. Lavar los pies a alguien es aceptarle tal como es, empezando por sus defectos, por su miseria. Lavar los pies a alguien es reconocerle como superior. Jesús no tuvo ningún reparo, aunque era un gesto de humillación. El mismo nos propone hoy hacerlo entre nosotros con este sentido. Pero utilicemos el sentido de la vista y nos daremos cuenta que los pies de la persona que lavemos están limpios, y acercarnos no nos cuesta, pero en nuestra vida, tenemos que estar dispuestos a acercarnos al que huele mal, al que está inválido, al que está enfermo, es ahí donde también estaremos lavando los pies.

Por eso hoy os proponemos lavar los pies, pero con sentido auténtico, buscando en el otro una oportunidad para sanar también sus heridas.

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 INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA Y DEL SACERDOCIO

Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación.

El Nuevo Testamento relata que, en esa cena, Jesús partió el pan y lo dio a la comer a los Apóstoles diciéndoles: “Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros”. Con estas palabras quería decir: “Esto que os doy soy Yo mismo, entregado a la muerte por vosotros. Me entrego como el Pan que alimenta la vida de la nueva comunidad que inauguro con vosotros.”

Al pasarles una copa llena de vino, Jesús, les dijo: “Este es el cáliz de mi sangre”. Les quería decir: “Esta sangre derramada es mi vida entregada para el perdón de los pecados. Mi sangre confirma, desde ahora y para siempre, la alianza que Dios, mi Padre, hace con todos los hombres para que entren en comunión de vida con Él y se congreguen en el nuevo Pueblo de Dios.”

En aquella cena, Jesús también dijo a sus Apóstoles: “El Hijo del hombre se va. Os aseguro que no volverá a beber el vino, fruto de la vid, hasta el día en que beba el vino nuevo del Reino de Dios”. Con estas palabras, Jesús afirmaba que iba a la muerte con total confianza en la victoria de Dios, su Padre: la causa del Reino no fracasará. Jesús va a la muerte seguro de que vendrá un día en que el Reino de Dios llegará a alcanzar la plenitud. En ese día, sus discípulos comerán y beberán con Él, sentados a la mesa de la pascua eterna.

Jesús, después de cenar, dijo a sus Apóstoles: “Haced esto en conmemoración mía”. La Iglesia, cumpliendo este mandato, nunca ha dejado de celebrar la cena del Señor.

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ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ

PREGUNTA YOUCAT 100: ¿TUVO JESÚS MIEDO ANTE LA MUERTE EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS, LA NOCHE ANTES DE MORIR?

Puesto que Jesús era verdaderamente hombre, experimentó en el Huerto de los Olivos verdaderamente el miedo humano ante la muerte.

Con las mismas fuerzas humanas que tenemos todos nosotros Jesús tuvo que luchar por su asentimiento interior a la voluntad del Padre de dar su vida para la vida del mundo. En su hora más difícil, abandonado por todo el mundo e incluso por sus amigos. Jesús, se decidió finalmente por un sí. “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad” (Mt 26,42)

Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.

DINÁMICA/GESTO: Por grupos, elaboraremos una lista con los grandes problemas o retos de nuestra humanidad, que tal vez no nos afecten directamente por no vivirlas de cerca, en primera persona, (vivimos dentro de nuestras tiendas confortables sin afectarnos el exterior) pero que contribuyen a situaciones de violencia, de abuso de poder y falta de PAZ. Indicar como podemos “servir” nosotros para mejorar nuestro mundo.