CAMPAMENTO SAN ILDEFONSO, COTO RÍOS’15: Testimonio de Alba Mª (Youcat)
En el fin de semana de los campamentos pude vivir una gran experiencia. Hay mucha diferencia en cómo se viven unos campamentos desde el punto de vista de participante y el punto de vista de monitora. Ya es la tercera vez que he podido disfrutarlos desde éste último punto de vista. A pesar de tener mucho trabajo, de tener mucha responsabilidad (y más cuando te encargas de la comida), de no descansar bien etc, ha sido una experiencia insuperable. Desde el primer día hasta el último. Desde el primer baño en el río hasta la despedida.
¿Y cómo lo sé? Tan solo hacía falta mirar las caras de felicidad de todos los niños en cada una de las actividades que hacíamos, en cada una de los juegos. Esa yo creo que es la mayor recompensa que alguien puede tener. Aunque también cabe decir que no solo fue un encuentro entre monitores y adolescentes o jóvenes. Sino que al lado de cada uno había una persona más, alguien que nos acompañó y que nunca nos dejó solos. Alguien que cuando alguno nos sentíamos cansados y sin ganas de hacer nada, nos animaba a seguir por los niños. Esa persona era Jesús, nuestro gran amigo. Siendo monitora, pude acercar a Dios a los niños un poco más.
Este campamento estuvo lleno de extraordinarias anécdotas. Una de ellas fue en la última noche en la habitación de las chicas cuando un ejército de hormigas atacó la maleta de nuestra amiga Marina. A la 1:00 de la madrugada tuvimos que limpiar la habitación reorganizar a las chicas para dormir. Otra experiencia estupenda fue el día de la ruta, en la que a pesar de todo el calor y del cansancio, disfrutamos de ella y descubrimos a Dios como nunca.
Como resumen decir que ha sido una experiencia inolvidable y que cuento los días para poder irnos de nuevo a una convivencia como esta o mejor.
