PEJ’15 VIRGEN DE LA CABEZA: Testimonio de María Adilia (Youcat)
Llevo apenas unos meses en el Youcat de San Ildefonso pero parece que fuese mucho más y creo que desde el primer día me llamó mucho la atención la ilusión que les hacía a todos mis amigos la PEJ e ir a visitar a la Virgen de la Cabeza.
Vengo de una familia muy devota de la Virgen y el escuchar las historias de la PEJ me llenaba de mucha ilusión aunque sabía que no sería fácil. En un abrir y cerrar de ojos llego el último fin de semana de octubre y sin pensarlo mucho me inscribí y me preparé para el viaje. Al inicio no sabía que esperar exactamente porque jamás había estado en una peregrinación así pero tenía muy claro que seria una experiencia memorable.
La primera noche fue para compartir entre todos los jóvenes que asistimos y sobretodo con Jesús Sacramentado y que mejor forma que teniendo un Adoremus. El testimonio lo dio una pareja de jóvenes que se habían conocido en una PEJ y lo más importante para mí de su testimonio fue que como ellos todos podemos tener una vida normal y feliz sirviendo a Cristo.

El segundo día comenzó muy pronto, habíamos dormido escasas dos horas cuando llego la hora de levantarse, desayunamos y nos pusimos en marcha. El inicio de nuestra caminata fue desde el cuadro de la Virgen de la Cabeza donde hicimos una oración y nos pusimos en marcha. Era temprano y estaba muy oscuro pero a pesar de todo esto se notaba en el aire el entusiasmo con el que todos emprendíamos nuestro camino.
Las primeras horas fueron las más duras para mi en parte por la noche, por saber que estábamos atravesando una zona donde había ganado bravo y sobretodo porque el camino era en subida y con muchas piedras. Pero aun así nunca deje de sentir el apoyo de mis amigos e incluso de algunos que no conocía y me animaban a que llevara mi ritmo y que no me diera por vencida. La cuesta del reventón no tiene su nombre a la ligera y es realmente una prueba de fortaleza. Mientras iba subiendo no dejaba de pensar si Jesús padeció mucho más por mi porque no puedo yo ofrecerle este momento a Él. Poco a poco fuimos avanzando hasta la primera parada donde tuvimos unos momentos para descansar y comer algo, el equipo de la Delegación de Juventud estuvo siempre muy pendiente de que estuviésemos bien en todo momento. Pronto retomamos el camino que a estas alturas se hizo más fácil, se escuchaban a algunos cantarle a la Virgen y ensalzar su nombre y la verdad que contagiaban a todos de su alegría.
Me dio gusto la energía y entusiasmo con que los seminaristas nos acompañaron durante todo el trayecto. Llegamos a un punto donde encontramos una fuente y Pepe el seminarista me bautizó como peregrina de la Virgen de la Cabeza.

Finalmente llegamos a la segunda parada donde tuvimos nuevamente tiempo para descansar y comer algo antes de enfrentarnos a el último trayecto tan temido… los caracolillos. Comenzamos la subida y Ana y yo nos quedamos las últimas, Andrés fue muy bueno y nos acompaño en todo el trayecto y las múltiples paradas que hicimos para poder recobrar el aliento. Finalmente llegamos al arco por donde se entraba al santuario. Recuerdo haber pensado que mis piernas ya no daban mas de si y que entre todos me animaron y me dijeron que ya faltaba poco y llegaríamos por fin a ver a la Virgen.
Sin dudarlo lo primero que hicimos fue tomar camino al camarín para poder ver a la Virgen de cerquita, me impacto el ambiente de paz y amor que se sentía y sobretodo el cariño con el que cada persona que paso por ahí le daba su saludo a la Virgencita. Recuerdo haber sentido que todo el esfuerzo había valido mil veces la pena y que aunque al siguiente día quizás me doliese todo no había mejor forma de haberla ido a conocer.

Después nos dirigimos a las casas donde nos quedaríamos y luego de ducharnos y volver a ser personas nos dirigimos a compartir la mesa. Creo que las comidas fueron una de mis partes favoritas del fin de semana porque daba gusto ver a tantos jóvenes reunidos y compartiendo su fe cuando podrían estar en cualquier otro sitio menos en ese lugar. Después de una actividad organizada para conocernos un poco y de la cena nos dirigimos nuevamente al santuario para una mini vigilia para estar con la Virgen. Tuvimos el privilegio de tener el santuario para nosotros solitos y poder en silencio agradecerle a Dios por sus bendiciones. La última actividad del día fue una noche temática que organizaron entre los chicos de la Delegación y los seminaristas donde nos reímos un montón y finalmente a descansar.
El último día comenzó con la oración de laúdes y el desayuno, luego nos preparamos para volver, organizándolo todo y nos dirigimos a misa al Santuario. Finalmente tuvimos tiempo para despedirnos de la Virgen y compartir un poco entre todos antes de la comida. Y así termino un fin de semana muy cansado pero lleno de buenos recuerdos.
Ahora entiendo el entusiasmo de Carmen, Víctor, Ángel Luis, Marina, Andrés, Pablo, Alba y Ana y desde ya aunque el camino sea duro estoy deseando volverlo a recorrer porque vale mil y una veces la pena.
¡Que viva la Virgen de la Cabeza!