Descubrimos el sentido de la Navidad

  • ORACIÓN INICIAL

Aquí estamos, Señor, reunidos en torno a ti,
no deseamos nada más sino encontrarte en nuestras vidas;
queremos reconocerte en el niño que nacerá en Belén.

Prepara tú nuestros corazones
para que recibamos con alegría y compromiso
el Reino de Dios que se hace presente entre nosotros,
proclamando con todos los ángeles y a través de nuestra vida
“Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

No cierres tus oídos a nuestra oración
para que meditando el misterio de la encarnación,
sigamos más de cerca, con Espíritu de hijos,
al crucificado que ha resucitado.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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  • REFLEXIONAMOS SOBRE LA NAVIDAD…

Aquí tenemos algunos puntos a reflexionar que nos pueden ser muy útiles para prepararnos a celebrar la Navidad…

  • NAVIDADES PAGANAS

Muchas veces nos olvidamos del aspecto religioso de esta fiesta y nos dedicamos principalmente a la diversión, a las reuniones familiares y a las comidas opíparas sin tener en cuenta qué estamos celebrando.

En estos días la publicidad nos “bombardea” incitándonos a comprar todo tipo de cosas, llegando a transformar estas fechas en una “Navidad consumista” viviendo como si fuesen “las fiestas del derroche”: la mejor decoración para la casa, los trajes más bonitos para las diferentes fiestas, los mejores y más abundantes regalos para nuestros familiares y amigos. En definitiva, nos centramos en las innumerables compras que creemos que debemos hacer para que todo está perfecto. Es decir, nos convertimos en compradores compulsivos porque estamos en Navidad.

Esta fiesta se convierte a veces en un acontecimiento donde se rivaliza en lujo y en abundancia, una ocasión para el lucimiento personal y una demostración de status social.

En cambio desde un punto de vista cristiano no tienen nada que ver con esto, es una ocasión para acercarnos más a Dios y manifestar cariño y comprensión a los que nos rodean.

Esto no significa que tengamos que alejarnos de los festejos y celebraciones, porque la Navidad es una manifestación de alegría, pero esta debe ser sincera y no artificial ni superficial.

Deberíamos procurar en las múltiples comidas que tendremos en estos días huir de los excesos. No paganizar todo lo que hacemos o desvirtuar el verdadero sentido religioso de la Nochebuena o el día de Navidad sin saber qué estamos celebrando.

 

  • TIEMPO DE REFLEXIÓN

Los adornos y la decoración de estos días tienen un mayor sentido religioso de lo que algunas personas creen. Son tradiciones que pueden ayudarnos a meditar sobre el verdadero significado de estas fiestas, observemos el belén navideño, la estrella en lo alto del árbol de Navidad o los regalos de los Reyes Magos y reflexionemos sobre estos símbolos decorativos. Nos ayudaron a entender un poco más el verdadero sentido de la fiesta de la Navidad.

Los belenes que encontramos en nuestras ciudades o que la mayoría de las familias ponen en sus casas hablan por sí solos de este acontecimiento. En ellos podemos ver a un Niño Dios que nace en la pobreza y sin ostentación alguna, enseñándonos a ser humildes y desprendidos de los bienes materiales. Vemos a unos pastores adorándole invitándonos a hacer lo mismo y a unos Reyes que vienen de Oriente y que se apresuran a llevarle su mejor regalo, lo mejor de cada uno.

El largo recorrido que hicieron los Reyes Magos guiados por una estrella y las dificultades que en el camino encontraron, guarda una similitud con las dificultades que cualquier persona puede encontrar en su camino hacia Dios.

La estrella simboliza la fe, la luz que nos guía y al igual que a los Reyes Magos la luz que les guía desaparece cuando llegaron a Jerusalén y se encontraron desorientados, nosotros, también podemos encontrarnos en algunas ocasiones perdidos o desorientados en nuestro camino hacia Dios.

  • EL ASPECTO CRISTIANO DE LA NAVIDAD

La Navidad, es la conmemoración del nacimiento de Jesús.

En la Navidad, celebramos el Nacimiento del Hijo de Dios. Recordamos que Dios se hizo hombre y que vino al mundo para salvarnos. Se hizo uno de nosotros y con su nacimiento dio un nuevo sentido a nuestra vida.

Ésta, es la fiesta que más se ha celebrado a lo largo de los tiempos y que más se sigue festejando por todos los hombres. Aunque se trata de una fiesta religiosa, es celebrada incluso por aquellos que se consideran ateos o contrarios a la Iglesia. Probablemente porque además de su aspecto religioso también contienen un gran sentido familiar.

Es difícil encontrar una casa en la que en estas fechas no haya algún adorno de Navidad o encontrar una ciudad en la que sus calles y plazas principales no están decoradas con motivos navideños. Nadie es indiferente a este acontecimiento y el mundo entero lo ha aceptado como la fecha que marca la historia del hombre: antes de Cristo o después de Cristo.

Con frecuencia se habla del espíritu de la Navidad. Para unos, es simplemente un sentimiento de alegría contagiado por el ambiente festivo y solidario que se difunde en estas fiestas. Pero, para otros muchos tienen un profundo sentido religioso, donde la alegría proviene de la presencia de Jesucristo que se tiene especialmente en esos días. Todo gira en torno a este gran Misterio, se conmemora el nacimiento del Hijo de Dios y los hombres se sienten más humanos y comprometidos.

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  • LA “MAGIA” DE LA NAVIDAD

Hay algo casi mágico en la Navidad: los niños sueñan con Santa Claus y con los Reyes Magos; imaginamos árboles de Navidad, belenes preciosos, montones de regalos, y la familia sonriente alrededor de la mesa.

A menudo la realidad no es tan perfecta como la imaginamos. Para muchos, la Navidad es uno de los peores tiempos del año por las peleas familiares o por las ausencias. En Facebook algunos cuelgan el mensaje: “Me gustaría acostarme el 24 de diciembre y despertar el 7 de enero”. ¿Es así tu Navidad? 

Con toda la magia, el estrés y el «subidón» en Navidad, ¿no estamos perdiendo lo esencial? ¿Qué es realmente lo importante de la Navidad? En Navidad recordamos el acontecimiento central de la historia de la humanidad: la venida de Dios a nuestras vidas.

  • ¿POR QUÉ DEBEMOS CELEBRAR A JESÚS?

Cuando Jesús nació, un grupo de filósofos de Oriente pensó que valía la pena interesarse por Él. Dejaron todo para traerle tres regalos simbólicos.

El primero fue oro, un regalo para un rey. Sabían que el niño del pesebre era el Rey de reyes y Señor de señores. Dios mismo había venido a vivir como parte de nuestra historia. A menudo, Jesús ha sido eclipsado por la Navidad. Pero la esencia de la Navidad es Jesucristo.

En Navidad celebramos el cumpleaños de la Persona más importante que jamás ha vivido. 

El tercer regalo fue la mirra, que se usaba para embalsamar los cadáveres. Jesús vino a entregar su vida libremente por nosotros y en lugar nuestro.

La razón por la que nos damos regalos en Navidad es para recordar el mayor regalo que Dios nos ha dado: el más caro y valioso jamás ofrecido.

Con su muerte y resurrección, Jesús nos hace libres de las culpas, de las esclavitudes, de los temores… Su Espíritu nos hace intuitivos para conocer el Amor de Dios, generosos para amar y libres para cambiar. Él nos regala sus dones: «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, autocontrol» (Gálatas 5,22).

 

  • ¿NECESITAMOS A JESÚS 2.000 AÑOS DESPUÉS?

El segundo regalo fue incienso: En Navidad recordamos el hecho de que Jesús entró en nuestro mundo para restaurar las relaciones, primeramente con Dios y después entre los hombres. De esta manera, él dio respuesta a nuestra necesidad más profunda: el AMOR.

 JESÚS ES LA ÚNICA RAZÓN DE LA NAVIDAD

La venida al mundo de Jesús es el verdadero sentido de la Navidad. No nos dejemos llevar por la corriente consumista que se da en la actualidad, recordemos (y ayudemos a otros a recordar) el por qué celebramos la Navidad. Preparemos nuestros corazones para la venida del Señor en este tiempo de Adviento.

Que Jesús nazca en nuestro corazón, y en él siempre reine.

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