ORACIÓN, ¡Comenzamos Adviento!

Rezar significa “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.”

(Santa Teresa de Jesús)

Nos ponemos en la presencia del Señor…

(En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.)

_DSC0058

  • A TI MI CORAZÓN SE RINDE ENTERO

_DSC0001

¿Ves esa lámpara encendida? ¿Sabes por qué está ahí?

Esa lámpara nos indica la presencia del Señor en el Sagrario.

El Sagrario es como un imán. ¿Habéis visto alguna vez un imán? ¿Qué hace un imán? Atrae el hierro. Pues así como el imán atrae al hierro, así el Sagrario atrae los corazones de quienes aman a Jesús. Y es una atracción tan fuerte que se hace irresistible. No se puede vivir sin Cristo Eucaristía.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando un imán no atrae al hierro? ¿De quién es la culpa, del imán o del hierro? Del imán ciertamente no.

San Francisco de Sales lo explicaba así: “cuando un alma no es atraída por el imán de Dios se debe a tres causas: o porque ese hierro está muy lejos; o porque se interpone entre el imán y el hierro un objeto duro, por ejemplo una piedra, que impide la atracción; o porque ese pedazo de hierro está lleno de grasa que también impide la atracción”.

Nosotros queremos estar cerca del Señor, por eso le decimos así:

(Todos)

¡Aquí estoy, Señor!

Estoy cansado y tengo el corazón agobiado con tantas preocupaciones. Ven a darme paz en medio de la confusión de mi vida. Hazme redescubrir que me amas con un amor sin igual.

_DSC0006

CANTO

Vengo aquí, mi Señor, a olvidar

las prisas de mi vida…

Ahora sólo importas Tú,

dale tu paz a mi alma

Vengo aquí, mi Señor, a adentrarme

en tu paz, que me serena…

Ahora sólo importas Tú,

dale tu paz a mi alma

Vengo aquí, mi Señor, a que en mi

lo transformes todo en nuevo…

Ahora sólo importas Tú,

dale tu paz a mi alma

Vengo aquí, mi Señor, a pedir

que me enseñes tu proyecto…

Ahora sólo importas Tú,

dale tu paz a mi alma.

  • ADVIENTO, TIEMPO DE AVIVAR LA ESPERANZA

La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento –que procede de la palabra latina “adventus” que significa “venida”– a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como un tiempo de preparación para la llegada del Señor.

Cuatro semanas: ¡comienza la cuenta atrás!

Jesús se encarnó en María para vivir como uno de nosotros. Navidad siempre ha sido una vivencia feliz e intensa para los amigos y seguidores de Jesús. Es un tiempo de sentimientos profundos: ternura, agradecimiento, optimismo…Para entrar en sintonía con ese Dios que viene a nuestro encuentro, los cristianos preparamos esta fiesta durante el tiempo de Adviento. Son cuatro semanas para renovar y aumentar la esperanza, y para darnos cuenta del gran amor con que nuestro Dios nos ama a cada uno de nosotros.

Nos quiere felices. Y para que así sea, se hizo humano para vivir entre nosotros, vino a nosotros. Al hacerse humano como nosotros, nos ayuda en nuestras dificultades, se convierte en luz que ilumina y aleja el miedo y la oscuridad. Nos abre las puertas a una vida de más calidad.

Adviento es también un tiempo para preparar la acogida a este Dios que esperamos y para hacer crecer lo mejor de nuestros sentimientos.

Este período es muy especial, ya que nos invita a recordar el pasado celebrando el nacimiento de Jesús en Belén con humildad y pobreza, por nosotros; nos impulsa a vivir el presente con la “presencia de Jesucristo”, siempre vigilantes por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor; y nos prepara para el futuro, para la segunda venida de Jesucristo.

_DSC0008

  • SALMO 24

(Todos)

A ti, Señor, levanto mi alma.

Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con
lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza  y sus mandatos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza.

 

  • SILENCIO

(Leemos en silencio)

Haz silencio exterior e interior: pídelo a Jesús que te acompañe, que te hable, que te ilumine…

Haz oración con él = habla con Jesús de lo que acabas de leer, pregúntale, “escúchale”, Él te habla por medio de su Palabra…

Anota la frase que te haya llamado más la atención…

Ayúdame a confiar en Ti, Señor.

Quiero estar preparado para encontrarme contigo.

Sé que solo nuestro encuentro y tu amistad pueden dar impulso a mi esperanza.

Prepara mi corazón para que esté disponible y abierto a tu presencia, capaz de transformar mi vida.

_DSC0021

CANTO

Sé mi luz, enciende mi noche (3)

mi noche, sé mi luz. (BIS)

El camino sin es tan largo

y tu llanto acoge mi dolor.

Tu Palabra acalla mi miedo

y tu grito se expresa en mi canto.


  • LECTURA (Evangelio según san Lucas 21,25-28. 34-36)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las  gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedaran sin  aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los  astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y
majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de  la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre  todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por  venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

_DSC0024

  • CORONA DE ADVIENTO

(Todos)

Señor, que esta corona nos ayude a preparar los corazones de cada uno de los que estamos aquí reunidos para tu llegada el día de Navidad.

En nuestra oscuridad enciende la llama de tu amor, Señor, de tu amor, Señor.

(Encendemos la primera vela de Adviento)

Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.

Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. Ayúdanos a preparar nuestro corazón a tu venida.

¡Ven, Señor Jesús!

odres-nuevos-gion_dinc3a1mica-adviento
CANTO

Enciende una luz, y déjala brillar

la luz de Jesús,

que brille en todo lugar,

no la puedes esconder,

no te puedes callar

ante tal necesidad,

enciende una luz en la oscuridad.

 

  • SILENCIO

(Leemos en silencio)

Gracias, Señor, por estar conmigo. Tú conoces bien mis defectos y mi historia, llena de muchos egoísmos. Y, a pesar de ello, has querido amarme tal y como soy. Me has devuelto la alegría y la esperanza. Gracias.

_DSC0030

  • SALMO 140, 1-9

(Todos)

Anunciad a los pueblos y decidles: “Mirad, viene Dios, nuestro Salvador.”

Señor, te estoy llamando, ven deprisa,

escucha mi voz cuando te llamo.

Suba mi oración como incienso en tu presencia,

el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca Señor, una guardia en mi boca,

un centinela a la puerta de mis labios;

no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,

a cometer crímenes y delitos;

ni que con los hombres malvados

participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda

Pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza.

Yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,

aunque escucharon mis palabras amables;

como una piedra de molino, rota por tierra,

están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,

en ti me refugio, no me dejes indefenso;

guárdame del lazo que me han tenido,

de la trampa de los malhechores.

  • SILENCIO

(Leemos en silencio)

¡Cúrame, Jesús!

Tú conoces todo lo que me paraliza: las heridas del pasado, las relaciones pobres y sin solidez, el miedo a comprometerme y a entregarme. Y mi vida será un reflejo de tu luz y bondad.

 

  • MARÍA, MADRE DE MISERICORDIA

María es la primera creyente y cristiana, porque fue la primera en aceptar la palabra de Dios y poner toda su fe y confianza en el Señor que la llamó.

Contemplamos a María como la mujer que cree de verdad. Ella es ejemplo para nosotros; hemos de aprender de su firmeza en la fe, porque tuvo que recorrer un duro camino, fiada de Dios y atenta a descubrir sus designios.

Esta joven de Nazaret se presenta a la juventud como modelo. Disponibilidad, ilusión, compromiso arriesgado, generosidad, entrega y manos abiertas, configuran el talante joven de María; lección y ejemplo de cómo ser joven cristiano en el mundo actual.

  • SILENCIO

(Leemos individualmente y en silencio)

Gracias, Señor, por darme a María, como madre y ejemplo. Con Ella yo aprendo que es posible decirte “sí” con todo mi corazón. Que poner en Ti toda mi confianza me produce mucha más alegría de lo que creía posible. Gracias, porque me has hecho ver en María que el mal y el pecado pueden ser vencidos.

  • ORACIÓN DE INTERCESIÓN

(Todos)

Por todos los que anuncian fielmente tu Palabra, te pedimos Señor.

  • Haznos capaces de reconocer tu presencia en nuestro prójimo; que estemos atentos a los pobres, a las víctimas de la violencia y a los desdichados.
  • Señor, te pedimos por los que sufren en su lugar de trabajo, por los que están sin empleo, por el respeto de su dignidad.
  • Por los prisioneros y los olvidados de la sociedad; haznos solidarios de su sufrimiento, a ti, el Consolador, te pedimos.
  • Por los científicos y los investigadores, para que su trabajo sirva a toda la humanidad, te pedimos.
  • Por los que tienen responsabilidades en la vida pública, para que trabajen con honestidad y para el bien de todos, te pedimos.
  • Para que en tu Iglesia seamos signos del amor fraterno, te pedimos.

 

CANTO

Señor, hazme instrumento de tu paz,

donde haya odio, ponga amor,

donde haya ofensa, perdón,

donde haya error, ponga yo verdad.

Donde haya tinieblas, ponga luz,

donde haya duda, ponga fe,

donde haya tristeza, alegría,

¡oh, mi Señor, ponga yo tu amor!

Porque dando yo recibiré,

olvidándome te encontraré,

comprendiendo al hombre te seguiré,

¡oh, mi Señor, enséñame a querer!

 

  • ORACIÓN DE ALABANZA

Señor, ¡ven pronto!

Jesús, a ti que vienes a anunciar a los pobres la Buena Noticia:

—Bendecimos tu santo nombre. (Todos)

Jesús, a ti que vienes a revelar a los seres humanos la alegría del perdón:

—Bendecimos tu santo nombre. (Todos)

Jesús, a ti que das a conocer tu amor a quienes se creían excluidos:

—Bendecimos tu santo nombre. (Todos)

Jesús, quieres que tu Evangelio sea proclamado en todo lugar:

—Bendecimos tu santo nombre. (Todos)

Jesús, tú sostienes la esperanza de tu Iglesia:

—Bendecimos tu santo nombre. (Todos)

Jesús, tú vienes a habitar en medio de nosotros:

—Bendecimos tu santo nombre. (Todos)

 

  • INTRODUCCIÓN AL PADRE NUESTRO

Porque Jesús viene a salvarnos y se hace un hombre como nosotros, hermano nuestro, nosotros podemos sentirnos todos hijos de un mismo Padre y hermanos de todos los hombres. Con esa confianza y con inmensa gratitud, oremos todos juntos, con las mismas palabras que Jesús nos enseñó al dirigirse a su Padre:

(Todos de las manos cantamos)

Míranos, estamos juntos.

Cada uno de nosotros

te venimos a ofrecer

lo mejor de nuestras vidas

donde no existen mentiras,

ni miserias, ni porqués;

donde cada día el sol luce

con fuerza a un hermoso amanecer.

Padre nuestro, te pedimos

que tu amor sea la fuerza

que nos haga comprender

que en tu Reino está la vida.

Te pedimos mil perdones

si te vamos a ofender.

Por favor, no tardes mucho,

te pedimos que nos hagas comprender.

(Rezamos el Padre Nuestro)

Padre nuestro, te pedimos

que tu amor sea la fuerza

que nos haga comprender

que en tu Reino está la vida.

Te pedimos mil perdones

si te vamos a ofender.

Por favor, no tardes mucho,

te pedimos que nos hagas comprender.

Míranos, estamos juntos…

 

  • ORACIÓN FINAL

(Todos)

Te damos gracias, Padre,

por Jesús, tu Hijo.

Te damos gracias en este tiempo de Adviento,

porque Jesús viene en medio de nosotros,

para sembrar en nuestro mundo vida y esperanza.

Enséñanos, Padre, a preparar sus caminos;

Enséñanos a reconocerlo

en cada hombre y en cada acontecimiento,

y sobre todo en los pobres

y en todos los que están necesitados de liberación;

enséñanos a descubrirlo muy cercano,

muy dentro de nosotros,

en la oración confiada.

Padre, a ti levantamos nuestro corazón:

transfórmanos, renuévanos,

que brille tu rostro sobre nosotros.

Padre, danos tu amor,

a nosotros y al mundo entero.

Por Jesús, tu Hijo, nuestro hermano,

que viene en medio de nosotros. Amén.

Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.