Esta Navidad hemos regalado misericordia – Testimonio de Rafa (Kairós III)
La Navidad es una época del año bastante especial para los cristianos, pues en ella celebramos la llegada de Jesús al mundo, a nuestras vidas. Por ello, nos reunimos en familia, comemos dulces y nos dejamos llevar por el consumo, creyendo que ese es el verdadero sentido de la Navidad, cuando la realidad es otro: mientras nosotros nos encontramos en nuestros hogares, disfrutando de un buen rato en familia y resguardados del frío; otros se encuentran en la calle, solos, pidiendo ayuda para que sus familias puedan tener algo de alimento, mientras la gente camina a su alrededor mirando el móvil y llevando bolsas repletas de comida y regalos, ignorándoles.
En las últimas semanas, el grupo Kairós me ha ayudado a vivir algunas experiencias de lo más impactantes. En primer lugar, he podido comprobar que celebrar la Navidad no consiste en hacer todo lo descrito anteriormente, sino en ser capaces de ver a través de los ojos de los demás, de aquellos que lo están pasando realmente mal. Sin embargo, hay personas dispuestas a ayudar a aquel que lo necesita y esto lo vi yendo al comedor de Cáritas, donde numerosos voluntarios dedican su tiempo a pensar en aquellos que no tienen nada de lo que alimentarse, aunque esta sea tan solo una de sus múltiples necesidades.
Además, también hay personas que necesitan que alguien les acompañe y les cuide. Hablo de los ancianos y los enfermos, aquellos que, por diversos motivos, ya no pueden disfrutar de la vida como lo hacían antes. Tampoco podemos olvidarnos de ellos, y menos aún en esta época del año. Cuando los jóvenes de Kairós hicimos una visita a las Hermanitas de los Pobres, pudimos ser testigos de cómo se dibujaba una sonrisa en cada una de aquellas caras.
Se sentían queridos, acompañados, pero sobre todo, felices al vernos. Igualmente, también visitamos a aquellos que no podían salir de sus casas los domingos para ir a misa y que, por tanto, necesitaban recibir la comunión en sus respectivos hogares. Cada uno mostraba su agradecimiento por habernos acordado de ellos y nosotros, al mismo tiempo, nos alegrábamos por encontrar a personas que, en los momentos más difíciles de su vida, seguían con la misma ilusión que tenían antes. Nos contaron muchas anécdotas, algunas divertidas y otras inesperadas; pero lo más importante es que aquel día conseguimos hacer felices a todas aquellas personas, y ese es el regalo más bonito que se puede recibir en Navidad.

Por otra parte, tampoco podemos olvidarnos de las personas más cercanas a nosotros: nuestros familiares y amigos. El día del amigo invisible fue especial, pues fue cuando cada uno de nosotros se dio cuenta de que la felicidad no se alcanza recurriendo al consumismo o a los objetos más caros y lujosos; sino que se encuentra en lo más sencillo y humilde: aquellos gestos que se encuentran repletos de cariño e ilusión, aquellos gestos llenos de misericordia.
Sin duda, esta Navidad he sido capaz de ver las cosas de otra manera, gracias a la ayuda y dedicación que nuestros acompañantes nos han ofrecido durante todo este tiempo. Quizás celebrar la Navidad comiendo sin parar y recibiendo regalos no sea suficiente como para recordar que Jesús vino al mundo para mostrarnos un mensaje que algunos hemos olvidado: ser felices haciendo felices a los demás.


