Esta Navidad hemos regalado misericordia – Testimonio de Ana (Kairós III)

Una vez más volvía a entrar a la cocina de las Hermanitas de los Pobres, en esta ocasión era diferente; no se trataba de estar  o no, sino de darte a los demás.

Pienso que todo depende de cómo veas el vaso si medio lleno o medio vacío, ahí estaba yo con un carrito de comida para llevarlo a la mesa, podía pensar bueno pues aquí estamos u otra oportunidad para sacar lo mejor de mí. Elegí la segunda, puesto que considero que los ancianos merecen eso y más; sencillamente porque tienen mucha sabiduría  que transmitir, producto de la experiencia, su experiencia. Puede parecer una tontería pero quizás lo que más necesiten sea un poco de escucha, de que les oigan decir esa típica frase de: “cuando yo era joven…” o que te cuenten sus batallitas en la mili. También necesitan que le dediquemos tiempo, ya que muchos se sienten a lo largo de los días solos.

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Me sentí realizada ayudando a servir la cena y al cantar una canción para ellos y que después aplaudieran, fueron el mejor público que nadie podría tener. Fue eso sólo tiempo y sonrisas, las que le ayudaron a ellos a sentirse un poco más acompañados y a mí a intentar ser la mejor versión de mí misma.

Gracias a San Ildefonso por brindarme una oportunidad, y un consejo dejemos un poco las prisas, el reloj, las preocupaciones… a un lado y vivamos apreciando y valorando el cada momento.

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