CONVIVENCIA CUARESMAL 2016: Parábola del Hijo Pródigo

REFLEXIÓN DE LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO

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  • ¿POR QUÉ EXPLICÓ JESÚS ESTA PARÁBOLA?

“Te juntas con mala gente”, le decían a Jesús…

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos.”

Le echan en cara a Jesús que acoge a esa gente y como con ellos. Ven indigno de un “profeta” que se junte y coma en la misma mesa con esa mala gente.

En esta parábola Jesús nos dice cómo es Dios.

TODOS SOMOS HIJOS, PERO ALGUNOS NO CUIDAN LOS REGALOS DE DIOS…(HIJO MENOR)

  • El hijo menor representa al hombre que teniéndolo todo, que teniendo la oportunidad de tenerlo todo; un día toma una mala decisión. Elige irse lejos de su padre, vivir una vida desenfrenada y malgastarla juntamente con todos sus bienes y en toda clase de malas compañías. Y sin duda alguna con la firme idea de no regresar jamás a casa, porque exigió su parte de la herencia.
  • Con la actitud del hijo menor vemos que cuando olvidamos nuestros orígenes, cuando no sabemos de dónde venimos, perdemos también nuestro destino. Esto es debido a que la libertad que se usa para el mal se convierte en pura y dura esclavitud.
  • El que era libre, estando con su padre se convierte en siervo.

Viviendo lejos de casa, de sus orígenes, este joven se ha alejado también de sí mismo. Vive alejado de la verdad de su existencia.

EL ARREPENTIMIENTO – CARGAR CON MI REALIDAD Y CONVERSIÓN

SU PADRE LO VIO Y SE CONMOVIÓ PROFUNDAMENTE

  • Dice Jesús; “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó”, sale su padre, y, lo compadecido, corrió a él, llenándole de cariño, es alegoría de la providencia misericordiosa de Dios.
  • El beso es signo de perdón. La misericordia de Dios, no solamente no castiga al pecador, sino que lo espera, le ofrece el perdón. Cuando vuelve al Padre, este, lo recibe brazos abiertos y no le pregunta nada, no le echa en cara su mala conducta anterior, no le recuerda que fue ingrato, al contrario, siente compasión y lo hace antes del arrepentimiento de su hijo.
  • Cuando no hacemos las cosas bien nuestros padres, amigos…nos perdonan porque nos quieren. Con la parábola del Padre Bueno hemos visto cómo Dios es nuestro Padre que nos quiere y nos perdona cuando nos arrepentimos de lo que hemos hecho mal.
  • Todos somos hijos de Dios y cuando nos equivocamos siempre tenemos un camino de vuelta a través de la reconciliación.

Dios está esperando al pecador, no importa cuál sea su condición ni sus pecados, Él espera con los brazos abiertos cada día para recibir a aquellos que con un corazón sincero y arrepentido deciden pedir perdón y volver con el creador de la vida. El perdón es el instrumento que Dios pone en nuestras manos para no caer en la falta de compasión.

  • Quien se arrepiente de manera sincera obtiene siempre el perdón de Dios y su salvación.  

MISERICORDIA COMO PERDÓN DE LAS OFENSAS – LA FIESTA DEL PERDÓN QUE RENUEVA

  • Vemos que Dios jamás se da por vencido, pues es un Padre que tiene compasión y a quién se le conmueven las entrañas por todos sus hijos. Dios no es neutral, no está impasible, pues tiene corazón.
  • Misericordia es amor, sin límites, de un Padre hacia sus Hijos.
  • El hijo menor se encuentra con la bondad del Padre.

LA ALEGRÍA DE LA MISERICORDIA

  • Sentimos alegría cuando nos perdonan y cuando perdonamos.
  • Dios se alegra de encontrarse con quien se ha perdido.  

 

UN “CUMPLIDOR” QUE NO SABE QUÉ ES AMAR…

  • El hermano mayor, que era el pueblo de Israel, tuvo envidia del hijo menor (esto es, del pueblo gentil), por el beneficio de la bendición paterna, lo mismo que los judíos cuando Jesucristo comía con los gentiles.
  • Su actuación, ante la justicia humana, nos puede parecer correcta pero ante la misericordia del Padre nos suscita contrariedad.

El hermano mayor no perdona, no acepta el perdón de su padre, rechaza toda celebración, le resulta injusta y hasta injuriosa para con él.

  • Cuando negamos la fraternidad, como hace el hermano mayor, negamos también nuestro origen común y por lo tanto la paternidad de Dios. Si no me considero hermano, tampoco me considero hijo de Dios. Por ello, debemos salir siempre al encuentro ofreciendo acogida y comprensión.
  • ¿Por qué no es capaz de entender la misericordia de su padre?

¿Por qué el perdón le molesta?

¿Cómo puede ser que rechace la celebración de la conversión –la vuelta- de su hermano? ¿No resulta hasta casi perverso, no aceptar la conversión de su hermano?

En sus propias palabras encontramos la explicación es estas preguntas: “hace tantos años que te sirvo sin haber dejado de cumplir una orden tuya”.

Piensa que está en regla, que no tiene necesidad de pedir perdón, y que nunca la ha tenido. Pero es ¡mentira! Y esta ceguera para ver sus propios pecados (mucho menores que los de su hermano, pero faltas al fin), lo aísla de la misericordia.

Su incapacidad para entender, vivir y disfrutar de la misericordia procede de su incapacidad para experimentarla en primera persona.

Su problema es que no veía motivos para pedir perdón. Piensa que nunca ha necesitado la misericordia de su padre… y que tampoco la necesitaba ahora.

  • El hermano del hijo pródigo representa al fariseo, a un corazón lleno de amargura y recelo, incapaz de experimentar el amor de Dios en su vida. (Lucas 15: 25-32). A veces nos comportamos como el hijo mayor, tenemos envidia de nuestros hermanos en la fe que son bendecidos por Dios, de personas que pensamos que les va mucho mejor que a nosotros. Y olvidamos que Dios sabe de que cosas tenemos necesidad y cuando nos las da, así como el padre sabía que era el momento indicado de festejar la llegada del hijo perdido.

 

¿A QUIÉNES REPRESENTAN ESTOS PERSONAJES?

  • Padre: Dios
  • Hijo menor: publicanos y pecadores. El hijo menor se marchó a un país lejano, se separó de Dios por el afecto, se alejó de Él.

  • Hijo mayor: fariseos – “cumplidores” que no saben amar.

NUESTRA ACTITUD

  • Es tiempo de salvación, no estamos para juzgar a nadie, ni para condenar a nadie, porque alguna vez también estuvimos en la misma condición que el hijo pródigo.
  • El perdón de las ofensas deviene como la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón.
  • Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices. Acojamos entonces la exhortación del Apóstol: « No permitan que la noche los sorprenda enojados » (Ef 4,26). Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. «Dichosos los misericordiosos, porque encontraran misericordia» (Mt 5,7) es la bienaventuranza en la que hay que inspirarse durante este Año Santo. (9)
  • Dios nos regala un nuevo comienzo (la confesión/reconciliación)

 

EL PADRE QUE ESPERA

Lucas 15:11-32

11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;

12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.

13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.

15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.

16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

17 Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.

23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;

24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;

26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.

28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.

29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.

31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.