Turno de Vela 2016: Grupos Juveniles Kairós & Youcat


Oración inicial:

Señor Jesús
Vengo a orar contigo y te pido al comenzar
que me ayudes a contemplar, a participar y a comprender lo que hiciste la noche del Jueves Santo,
te pido que me des fuerza para seguirte
y luz para elegir tú camino…
(Silencio)

 

Se mi luz, enciende mi noche.

Sé mi luz, enciende mi noche,

Sé mi luz, enciende mi noche,

Sé mi luz, enciende mi noche,

mi noche, sé mi luz.

El camino sin ti es tan largo

y tu llanto acoge mi dolor.

Tu Palabra acalla mi miedo

y tu grito se expresa en mi canto.

SÉ MI LUZ…

Sin título

1. La noche del Jueves Santo sucedió algo que nos ha marcado para siempre:

NOS DAS EL MANDAMIENTO NUEVO

Esto nos cuenta San Juan:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?”

Jesús le replicó: “Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.” Pedro le dijo: -“No me lavarás los pies jamás.”
Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.”
Simón Pedro le dijo: “Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.”.

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

“¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

Sin títsulo

Reflexión

Jesús llama a cosas muy concretas. Él propone una revolución que es el servicio. El servicio que Él solicita, lavar los pies, brota del Amor. No hay ni señores ni siervos, ni superiores ni inferiores. Hay sólo hijos de un mismo Padre. Esa es nuestra identidad más profunda, nuestra vocación. Jesús realiza un trabajo de esclavos para mostrarnos que, según el Dios Abbá con quien está estrechamente vinculado en la contemplación de la realidad y en la soledad del silencio, todos somos hermanos. Dios, el Padre, su Padre, le envía a decirnos que todos somos hermanos. La escena recoge un momento especial de una cena, la solemne cena de la celebración de la Pascua. Jesús deseaba ardientemente aquella cena. Sabía que algo grande le iba a ocurrir; y quiere celebrarla con sus amigos. Es su momento; es su hora.

 

Ahora yo (en silencio)

  •   Acoge el secreto que Jesús te revela ahora. ¿Qué sientes?
  • Piensa en las personas que te han servido, ¿cómo has acogido tu servicio?
  •  Piensa en tu servicio: ¿ Sirves? ¿ Te sientes llamado a servir? ¿ Sirves a todos por igual?
  • ¿Cuáles son tus actitudes de servicio? ¿Hay alguna persona que no quisiera que te lavase los pies o a quien no quisieras lavárselos?
  • Pídele a Jesús que te ayude.

    Permaneced en mi amor

    Como el padre me amo

Yo os he amado

Permaneced en mi amor

Permaneced en mi amor (bis)

Si guardáis mis palabras

Y como hermanos os amáis

Compartiréis con alegría

El don de la fraternidad

Si os pones en camino Sirviendo siempre la verdad

Fruto daréis en abundancia

Mi amor se manifestara

Como el padre me amo

Yo os he amado

Permaneced en mi amor

Permaneced en mi amor (bis)

2. La noche del Jueves Santo sucedió algo que nos ha marcado para siempre:

TE QUEDASTE CON NOSOTROS

Esto nos cuenta San Marcos:

Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo. » Tomóluegounacopay,dadaslasgracias,seladio,ybebierontodosdeella. Ylesdijo: «Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos.

Yo os aseguro que ya no beberé del vino hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios. »

Reflexión

Esto pasó y sigue pasando en cada Misa.
El pan que das a los tuyos es tu CUERPO ROTO, atormentado y entregado, tu vida dada por nosotros. El vino en el cáliz del que bebemos es tu SANGRE DERRAMADA en la cruz, tu vida dada por nosotros. Y dijiste aquello de “os seguro que ya no beberé del vino hasta el día…” y es que tu muerte no impedirá tu resurrección, que es triunfo sobre todo pecado y toda muerte.

 Comulgar:
Y nosotros ahora podemos comulgar de Ti, podemos recibir tu Vida cada vez que comulgamos. Y cada vez que comulgamos de ti, nos vamos pareciendo más a ti.
¡Gracias, Señor Jesús! ¡Gracias porque te quedas con nosotros!
No somos dignos de recibirte. Pero te amamos y por eso aceptamos tu vida entregada.
Tu sabes, Señor, que a veces no valoramos tu presencia viva en la Eucaristía de los Domingos. Y abandonamos fácilmente la Comunión contigo.
Me puedo pasar mucho tiempo sin recibirte….

La Misa:
A veces, abandonamos fácilmente la Asamblea cristianas del Domingo.
A veces estoy en Misa con el cuerpo pero mis preocupaciones e intenciones están en otro sitio.
Parece que te escucho en tu Palabra pero mi corazón está lejos de ti.
Otras veces tengo el gozo inmenso de la Misa del Domingo. Y vengo a ella con interés porque me veo renovado por ti.

Sin tístulo

Ante el Sagrario:
Te quedas con nosotros, real y silenciosamente, en cada Sagrario de nuestros Templos.
Pero a veces nosotros no valoramos tu Presencia, real y silenciosa, y no nos ponemos ante ti a rezar, a hablarte de nuestra vida, de nuestras ilusiones y esperanzas, de nuestras dificultades.
Estoy por momentos en un ambiente con mucho ruido y poca paz y silencio interior.
Necesito el silencio para escucharme y escucharte.

Ahora yo (Silencio)

¿Cuántas veces a la semana entro en un Templo para hablar con Jesús que está en la Eucaristía que guardamos en el Sagrario?

No adoréis a nadie.

No adoréis a nadie, a nadie más.
No adoréis a nadie, a nadie más.
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.

3.- La noche del Jueves Santo sucedió algo que nos ha marcado para siempre

ANUNCIAS UNA TRAICIÓN

Pero antes de darnos tu vida hablaste de una traición. Judas no acepta tu forma de ser. No acepta que Dios actúe como Tú dices y haces. Y quiere quitarte de en medio.

Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le entregaría en momento oportuno.
…Y al atardecer… mientras comían, Jesús dijo:

«Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo.»Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro:
«¿Acaso soy yo?» Él les dijo:
«Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»

Reflexión

Con un beso te entregaron en Getsemaní. ¡Hay tantos besos falsos!…
¡Estamos necesitados de tu verdad, Señor!
También a nosotros, a veces, nos molestas. Y queremos olvidarte. Y te abandonamos. Y te traicionamos. Tu forma de ser y de vivir nos pide demasiado.
Y entonces te quitamos de en medio de muchas formas, te vendemos por algunas monedas.
Cada uno sabe las monedas por las que te cambiamos, te vendemos.
Te vendemos cuando despreciamos a los hermanos…
Te vendemos cuando nos callamos la verdad de Dios que Tú, Señor Jesús, nos traes..
Te vendemos cuando callamos la voz de nuestra conciencia cristiana…

Al ver también nuestra traición te pedimos: (todos juntos)
“Señor Jesús, perdónanos, no permitas que nos alejemos de Ti…”

Judas, “el triste”

Lo siento de veras, Judas. Creo que cometes un error terrible. ¿De verdad crees que lo de Jesús es un engaño? ¿De verdad te sientes tan defraudado? ¿No ves que su propuesta de cambiar las cosas tiene mucha más hondura y es más subversiva que la violencia o el odio?

Posiblemente esperaba un “Mesías” al uso. Libertador, guerrero, fuerte… con la fuerza de las armas.

Pero cuando quisieron hacerle rey no se dejó. Cuando las masas le seguían no las convirtió en muchedumbres enfervorizadas… Judas es, posiblemente, otra víctima de esta historia. Víctima de sus propias expectativas. Víctima de su ceguera. De su incapacidad para descubrir el nuevo rostro de Dios anunciado en Jesús. De una vaga confianza en las instituciones judías, y de una extraña fe en la violencia como camino.

Ahora yo (En Silencio)

  •  ¿Qué nos dice Judas hoy?
  • ¿Cómo soluciono los conflictos?
  •  ¿Cómo afronto los desengaños?
  •  ¿Cómo asumo la realidad que no me convence sin querer destruirla?

En mi debilidad

En mi debilidad,

me haces fuerte. (2 veces).

Sólo en Tu amor,

me haces fuerte.

Sólo en Tu vida,

me haces fuerte.

En mi debilidad,

Te haces fuerte en mí.

4.- La noche del Jueves Santo sucedió algo que nos ha marcado para siempre:

ANUNCIAS UNA NEGACIÓN

Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. Jesús les dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea. »

Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no. » Jesús le dice: «Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.»

Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré. » Lo mismo decían también todos.

(Silencio)

Reflexión

Yo también te niego a veces Señor Jesús… Y digo que no te conozco de mil formas:

  • Cuando alguien me pide ayuda y digo que no puedo…
  • Cuando alguien me pide una palabra cristiana y no se la digo…
  • Cuando alguien me pide un buen consejo y no lo doy…
  • Cuando alguien espera de mí que actúe valientemente y me acomodo a lo más fácil…
  • Cuando le doy más importancia a la costumbre y tradición humana que a tu palabra…
  • Cuando me da vergüenza confesar mi condición cristiana… cuando oculto mi fe si esta me va a ocasionar problemas en mi ambiente.

 

 

Pero sé que me perdonas y me amas.
Y al saberme perdonado se renueva mi corazón.
Estoy dispuesto a volver a seguirte, a ser discípulo tuyo, a ser un buen cristiano… Aunque todos… yo no te negaré…

Pedro, “El bocazas”

Te vas a dar un batacazo, Pedro, de esos que transforman una vida. Por impulsivo, por tener el  corazón más grande que la cabeza, porque hasta ahora no has dado demasiado tiempo a que estos años transcurridos con Jesús vayan calando hasta lo más hondo. Pero no te preocupes, en una noche muchas cosas se ponen en su sitio, y lo que no ha calado hasta ahora va a derramarse a borbotones en tu interior.

No es buena voluntad lo que le falta a Pedro. Siempre impulsivo, siempre dispuesto, siempre presto a dar una respuesta inmediata; dejar las redes, seguirle, gritar con la boca bien grande: “yo no te fallaré”, o “jamás dejaremos que mueras en cruz”. En la noche del juicio, tras negarle tres veces, a Pedro le toca aprender de golpe dos lecciones tremendas: Primero, él mismo, Pedro, no es el gran héroe que soñó. No es el “mejor” ni el “más grande” de los discípulos. Es débil, frágil, limitado, asustadizo… hasta la traición del amigo. Es la flaqueza la que nos abre a otros. Segundo, a partir de este momento, menos grandes palabras, y más hechos sencillos.

Ahora yo (En Silencio)

  • ¿He experimentado la propia limitación, fragilidad, miseria… hasta el punto de poder comprender las flaquezas ajenas?
  • ¿Qué me da miedo en el seguimiento de Jesús?
  • ¿Cuál es la relación entre mis palabras y mis hechos?
  • ¿Soy de los que hablan mucho desde cómodas poltronas, o de los que ya saben que la palabra se hace carne, carne frágil, pero carne?

En mi debilidad

En mi debilidad,

me haces fuerte. (2 veces).

Sólo en Tu amor,

me haces fuerte.

Sólo en Tu vida,

me haces fuerte.

En mi debilidad,

Te haces fuerte en mí.

5.- La noche del Jueves Santo sucedió algo que nos ha marcado para siempre:

Y ORAS SÓLO

Van a un huerto, Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración. » Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad. » Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú. » Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil. » Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle. Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca. »

(Silencio)

Reflexión

Ahora ha llegado el momento de la tentación definitiva. Todo el amor que Jesús ha vivido y ha ayudado a vivir, toda la confianza filial en Dios, encuentra como única respuesta el abandono.

Incluso los discípulos más amigos duermen, y Dios parece ausente. Jesús está sólo y desea ardentísimamente que todo aquello que le está pasando no sea verdad.

Pero, aquí también vence un convencimiento que es más fuerte que todo: la vivencia profunda que marca, en lo hondo del corazón, allí donde se toman las auténticas decisiones, su unión filial con el Padre. El evangelio de Marcos, en este momento clave, pone en boca de Jesús la palabra que define su vida, la palabra que había aprendido en casa, de pequeño, en su lengua aramea: «¡Abba!». Y aunque parezca que el Padre no está, Jesús lo vive, se pone confiadamente en sus manos, y se dispone a llegar hasta el final.

Juan, “El amigo”

Juan, amigo. Vaya semana te espera. Subir a Jerusalén en un contexto hostil. Temiendo perder a Jesús, pero no queriendo dejarlo atrás. Recostarás tu cabeza en el regazo de tu amigo en la cena. Te dormirás en el huerto. Le verás prendido y, como todos, huirás. Luego volverás, y aguantarás, en pie, ante la cruz, perplejo, dolido… Y después, ¿qué?

Juan no es perfecto. Como ninguno de nosotros. Pero ama. Y porque ama, busca. Es amigo, y tal quiere al otro, aunque no siempre sepa hacer lo correcto. Es amigo, aunque no héroe. Capaz de dormirse sin percibir el dolor que acongoja a Jesús, sí, pero también capaz de desafiar el miedo, a los soldados y a lo que sea para no dejarle morir sólo, en un madero, sin ver un rostro conocido. Juan esta semana se va a ver enfrentado con el fracaso, el dolor y la pérdida.

Ahora yo (en silencio)

  • ¿No es mejor amar, aunque a veces duela, que encapsularse? ¿No conviene estar un poco a la intemperie, un poco abierto a otros? ¿No?
  • ¿Qué retos me plantea a mí la amistad, o el amor, o la gente de mi vida?
  • Señor Jesús, también yo ahora digo igual que Tú dijiste: Desearía que pasara de largo, que no me tocara ninguna cruz… ¿Qué cruces llevo ahora?
  • A veces estoy dormido ante las cruces de otros… ni las conozco ni pienso conocerlas… ¿Qué cruces tienen los que viven conmigo? ¿Estoy dispuesto a quitarlas?
  • Quiero aceptar tu voluntad Dios, Padre mío, tu voluntad a veces costosa. Pero si acepto tu voluntad seré transformado por ti y transformaré la vida.

    Oración final

    Señor Jesús,
    te pido que viva en verdad la Semana Santa.

    Deseo estar a tu lado, Jesús,

    ser un discípulo más,
    en la mesa del pan de tu “cuerpo partió”

Y del “vino de tu vida derramada”

uno más en la angustia del Getsemaní,

en el palacio de Pilato

y en casa del sanedrín.

Deseo estar cerca de tí, Jesús.

Que me mires como miraste a Pedro

aquella noche oscura y fría;

y que, al calor de tu mirada,

pueda llorar de emoción al sentirme,

por fin, perdonado de traiciones y cobardías.

Deseo caminar a tu lado, Jesús.

Caminar por las empinadas calles

de Jerusalén, del mundo y de mi barrio,

siendo Cirineo que carga

sobre sus frágiles hombros

un trozo de tu cruz

en la cruz de mis hermanos.

Deseo estar cerca de ti, Jesús.

Junto a tu madre y las mujeres

que no te abandonaron;

junto a los pobres,

que esperan tu Reino,

junto a tus discípulos hoy,

nosotros, tu Iglesia,

que hoy anuncian tu muerte

y proclaman tu resurrección.

Te pido, Jesús.

Que me des fuerzas para llevar mi cruz

y para ayudar a otros a llevar la suya.