La Resurrección

103 YC.- ¿Murió Jesús realmente o quizás pudo resucitar precisamente porque sólo había sufrido la muerte en apariencia?

Jesús murió realmente en la Cruz; su cuerpo fue enterrado. Esto lo atestiguan todas las fuentes.

En Jn 19, 33ss los soldados comprueban expresamente la muerte de Jesús: abren el costado de Jesús muerto con una lanza y ven que salen sangre y agua. Además se dice que a los crucificados con él les quebraron las piernas, una medida para acelerar el proceso de la muerte; esta medida ya no era necesaria en el caso de Jesús en el momento en cuestión, porque él ya estaba muerto.

104 YC.- ¿Se puede ser cristiano sin creer en la Resurrección de Cristo?

No, «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Cor 15,14). [631, 638, 651]

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105 YC.- ¿Cómo llegaron a creer los discípulos que Jesús había resucitado?

Los discípulos, que antes habían perdido toda esperanza, llegaron a creer en la Resurrección de Jesús porque lo vieron de formas diferentes después de su muerte, hablaron con él y experimentaron que estaba vivo. [640-644, 656]


Los acontecimientos de la Pascua, que ocurrieron hacia el año 30 en Jerusalén, no son ninguna historia inventada. Bajo la impresión de la muerte de Jesús y de la derrota de su causa común, los discípulos huyeron («Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel», Lc 24,21) o se refugiaron tras las puertas cerradas. Sólo el encuentro con Cristo resucitado los liberó de su espanto y los llenó de una fe entusiasta en Jesucristo, el Señor de la vida y de la muerte.

106 YC.- ¿Hay pruebas de la Resurrección de Jesús?

No hay pruebas de su Resurrección en el sentido de las ciencias positivas. Pero, como hecho histórico y trascendente a la vez, dio lugar a testimonios individuales y colectivos muy poderosos, por parte de un gran número de testigos de los acontecimientos de Jerusalén. [639-644, 647, 656-657]


El testimonio escrito más antiguo de la Resurrección es una carta que escribió san Pablo a los Corintios aproximadamente veinte años después de la muerte de Cristo: «Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto» (1 Cor 15,3-6). Pablo informa aquí de una tradición viva, que él se encontró en la comunidad primitiva, cuando uno o dos años después de la Muerte y Resurrección de Jesús llegó él mismo a ser cristiano a causa de su propio encuentro deslumbrante con el Señor resucitado. Como primer indicio de la realidad de la Resurrección entendieron los discípulos el hecho de la tumba vacía (Lc 24,5-6). Y precisamente fueron mujeres, que según el derecho entonces vigente no eran testigos válidos, las que la descubrieron. Aunque se dice del apóstol Juan, ya ante la tumba vacía, que «vio y creyó» (Jn 20,8b), la certeza de que Jesús estaba vivo sólo se afianzó por medio de gran número de apariciones. La multitud de encuentros con el Resucitado acabaron con la Ascensión de Cristo a los cielos. Sin embargo hubo después y hay hoy encuentros con el Señor resucitado: Cristo vive.

107 YC.- ¿Volvió Jesús por la Resurrección al estado corporal que tenía durante su vida terrena?

El Señor resucitado se dejó tocar por sus discípulos, comió con ellos y les enseñó las heridas de la Pasión. Sin embargo, su cuerpo ya no pertenece únicamente a la tierra, sino al ámbito divino del Padre. [645-646]

Cristo resucitado, que lleva las heridas del Crucificado, ya no está ligado al tiempo y al espacio. Podía pasar a través de puertas cerradas y aparecerse en lugares diferentes y bajo una forma en la que no lo reconocían inmediatamente. La Resurrección de Cristo no fue por tanto un retorno a la vida terrena normal, sino la entrada en un nuevo modo de ser: «Pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él» (Rom 6, 9).

108 YC.- ¿Qué ha cambiado en el mundo por la Resurrección?

Puesto que ya no todo termina con la muerte, la alegría y la esperanza han entrado en el mundo. Después de que la muerte «ya no tiene dominio» (Rom 6, 9) sobre Jesús, no tiene ya tampoco poder sobre nosotros, que pertenecemos a Jesús. [655, 658] 

ORACIÓN

Volved a mí de todo corazón (Joel,2,12-18)

Una nueva oportunidad. Siente que Dios te grita hoy en el corazón: “Vuelve a mí”. Quizás no seas capaz de escuchar esa voz porque te dices: “¿De dónde tengo que volver yo? ¡Yo estoy bien como estoy! ¡Yo me siento bien!”.
Te entiendo. Descubrir que hay otra manera de ser y de vivir, que hay cosas que podemos y tenemos que cambiar como creyentes no lo descubrimos si no nos lo descubren…, si no nos habla la Palabra de Dios. Hay cosas que “no son de cajón”. Lo de Dios “no es de cajón”. Lo de Dios es de susurro, de sensibilidad, de no vivir en superficialidad. Lo de Dios se percibe mejor cuando se vive con el corazón. Como sólo vivas con los ojos y con el bolsillo… no descubrirás a Dios.
Hay gente que no descubre que necesita dar más cariño, más tiempo, más detalles, más palabra, más besos, menos gritos a los de casa y a quien llama mujer o marido y a los hijos… Hay gente que no se da cuenta de que existen otros que necesitan algo más de nuestro corazón… Hay corazones que sufren porque los nuestros se hacen un poco de piedra…
Nos parece que estamos bien, y nos disculpamos o justificamos diciendo: “Es que yo soy así”… A lo mejor poco a poco te has hecho así, pero antes no eras así; en todo caso, puedes ser de otra manera. Estás llamado, invitado a ser de otra manera, más humana, más divina. Por delante tienes 40 días para escuchar: “Vuelve a mí de todo corazón”. “Vuelve a mí con todo el corazón”. “Vuelve también a tu corazón”. “Vuelve a habitarte”. 

Revístete del Amor de Dios

 Mis ojos…  los vestiré de bondad,
para mirar a todos con cariño.
Mis manos… las vestiré de paz
para dar el perdón generosamente.
Mis labios.. los vestiré de sonrisa,
para ofrecer alegría a lo largo de la jornada.
Mis pies… los vestiré de fortaleza,
para dar pasos hacia el encuentro.
En mis dedos
pondré tu alianza, para vivir siempre tu amor.
Mi pecho… lo cubriré con la coraza de la fe,
para seguir sintiendo tu mano protectora.
Mi cuerpo y mi corazón,
los vestiré de oración,
para volverme hacia ti,
Señor, mi amigo.
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