El fogón imposible

Era una región muy fría. Los hombres eran pobres y no tenían medios para defenderse contra una temperatura que los mataba. Un viajero pasó por la región, y se apenó mucho. El viajero era muy sensible al dolor, y amaba a las personas que sufren. Después de largas reflexiones creyó posible una salida. Aquellos hombres podrían reunirse a la noche, cuando el frío se hacía más crudo, y abrigarse todos, junto al fogón.

Hizo un primer viaje, él mismo llevo la leña para el fogón. Explicó su proyecto a la gente de la región. Como no podía llegar el mismo al lugar donde se haría el fuego salvador, entregó a cada persona un pedazo de buena leña. A varones y mujeres… a los adultos y a los niños a todos les entrego un trozo de leña de acuerdo a sus fuerzas. Dejó las instrucciones necesarias y se fue con la promesa de regresar cada día con una carga de leña, para el fogón de cada noche. El sol cayó rodando detrás del horizonte. El frío cabalgó sobre la brisa y comenzó a correr por la región.

Los habitantes se pusieron lentamente en marcha hacia el lugar indicado. Llegaron, formaron un gran círculo en torno al lugar indicado. Se miraron silenciosos, los unos con los otros. Cada uno abrazaba entre sus ropas un pedazo de leña, como si fuera su propia salvación. Nadie se movió de su lugar… Cada uno apretó más fuerte entre sus brazos su propio pedazo de leña. El frío se hizo como cintas de acero y cortaba la piel. Todos comenzaron a temblar…

Uno dijo al de su lado: ¿Dónde está el fogón?

El otro respondió: Yo no veo nada. ¡Nos engañaron!

Y un confuso murmullo recorrió la ronda. Y siguieron esperando. Las primeras estrellas comenzaron a temblar en lo alto. Un murmullo más denso recorrió la ronda. Era de rabia y de protesta. Después fueron gritos, discusiones e insultos. Y comenzaron a marcharse a sus casas. Cada tallo llevaba entre sus ropas un pedazo de leña. Y lo acariciaba como si fuera su propia salvación.

El frío congeló las voces de la región. El silencio era como bloque de hielo que apretaba los árboles y las casas con un guante de cristal. El sol anunció la bondad de un nuevo día. Sus primeros rayos fueron rompiendo cerco del frío. La aldea despertó, pero durmió en muchos que habían muerto.

Y llegó nuevamente el viajero generoso. Venía con su carga de leña. Los habitantes se acercaban a él y lo miraban con ojos llenos de rabia. Y el buen hombre,¡comprendió! Con mucha calma, con voz potente, que les dio miedo a los habitantes, les dijo: ¡Idiotas, ustedes son responsables de los que murieron de frío! ¿No les di acaso la leña necesaria para que todos se abrigaran junto al fuego? Pero ustedes son tan ruines y mezquinos, que cada uno guardó su pedazo de leña. ¿No se dan cuenta de que la gran hoguera se hará si todos entregan su pedazo de leña? Y el viajero amigo se marchó amargado. El caminante terminó enardecido el relato de esta parábola, y agregó: “Nadie de ustedes morirá de frío por falta de leña, ni nadie morirá de hambre por falta de amor y solidaridad. Aprendan a salvarse juntos, si no quieren morirse solos.