En esta Cuaresma fortaleza
En este Cuaresma os invito a la fortaleza, don del Espíritu del Señor.
Entre otras muchas cosas, la fortaleza tiene que ver con la capacidad de permanecer, de no abandonar, de no tirar ninguna toalla antes de tiempo. La última tentación de Cristo es una muy real y dura: la de bajar de la cruz. Tentación a la que le incitan todos, judíos y paganos, tentación “bajo especie de bien” («y entonces creeremos en ti»), tentación presente desde Getsemaní hasta el final de su vida. Es también muchas veces nuestra tentación: «¡qué exagerado eres!», «¡no hay para tanto!», «¿no ves lo que hacen los demás?», «¡no lleves las cosas al límite!», etcétera. Tentación muy fuerte cuando nosotros somos el centro de nosotros mismos, y que se vence en la medida en que nos descentramos, en que nos pesan más las necesidades de los demás, el amor por ellos, el servicio, que nosotros mismos. Tentación que se vence siguiendo, a veces contra corriente, la vocación a la que cada unos somos llamados.
Pedro Ortega Ulloa

